jueves, 21 de marzo de 2013

The song of a lonely woman




Mientras caminaba hacia su hogar, leía un nuevo libro que había caído en sus manos de una autora muy conocida para ella: Pride and Prejudcie de Jane Austen.
La señorita Austen era una hábil constructora de personajes y tramas que se alejan de lo heroico, para acercarse a la realidad más cotidiana. Orgullo y Prejuicio pertenecía a su primera etapa narrativa de cara al público, si bien podía catalogarse de una sátira del costumbrismo de la época. La novela presentaba el dilema bajo el cual se movían los protagonistas de las historias, exhiben una trama delicada, laboriosa, artesanal, en la que la mujer contemporánea de Jane Austen es reflejada con respeto y sin grandilocuencia, sin ironías ni juicios morales. Por eso le gustaba tanto la facilidad y conocimiento de cada uno de los temas que abordaba su amiga. Incluso llegaba a recordarle su propia historia de amor con John.
Cerró el libro al tiempo que empezaba a subir los escalones hacia Permberly, su hogar desde hacía poco tiempo. John permanecía de pie junto al balcón, de cara a ella, esperando a que terminara su ascenso para cogerla en brazos y darle un sonoro beso en los labios.
- ¿Has disfrutado de tu lectura, mon nuit?- Katherine sonrió ante el apodo cariñoso que recibía.
- Como bien sabe, marido mío, es la lectura una de mis grandes pasiones. No disfrutar de un libro sería como negarle a usted mi propia asistencia en sus asuntos de negocio- replicó ella al tirar de su perfecta nariz. El movimiento juguetón llevó a otro beso robado. 
- Pensaba ser yo el único de sus múltiples atenciones, mi señora- rió él por lo bajo, sonriendo contra su cachete.
- Sólo cuando permanece en Pemberly- contestó ahora ella, haciendo notar su tristeza cuando se veía separada, aunque fuera por poco tiempo, de su John.
- Deberé quedarme en casa más a menudo y así disfrutar de tus atenciones…
- ¡Y de mis conciertos!- gritó Georgiana, su hermana pequeña, desde la sala de música anexa al mirador.
- Huyamos antes de que nos haga escucharla- susurraba su marido empujando el brazo de Katherine en dirección a los jardines y lo oculto del bosque.
- Nos encontraría…- y era cierto. Georgiana conocía muy bien cada palmo de la elegante mansión y sus cercanías- No dudaría en montar a caballo para ir en nuestra busca.
- En ese caso deberemos marchar un tiempo de viaje.
No tuvieron oportunidad de continuar la charla, pues la joven pianista corría hacia ellos, con el traje blanco ondeando al viento y el pelo atado en una larga trenza media deshecha. Al par de minutos estaban sentados en un largo sofá, escuchando a la muchacha derramar las notas por la estancia, agradando a la pareja, e instaurando una atmósfera romántica y anhelante.
La segunda melodía que interpretaba era más conocida para Katherine. Era una propia composición de su cuñada: una melodía suave, lenta, con marcado silencio entre las notas, suave, dulce, delicado, elegante. Pero hacía falta la voz. Georgiana se negaba a cantar, pues pensaba que su tono no era el adecuado para la canción, y se negaba a modificarlo por la exquisitez y el esmero que puso en ella. Sin embargo, ofreció con una leve mirada hacia la esposa de su hermano, que la acompañara en la balada. Accedió por la privacidad del momento y la comodidad que le dispensaba su marido. Si desafinaba la pequeña hermana le aconsejaría un nuevo ejercicio, y si lo hacía bien, la ayudarían a perfeccionar una nueva destreza. En ambos casos, ella se sentiría cómoda cantando, y su marido la felicitaría.

El corazón late rápido 
Colores y promesas 
Cómo ser valiente 
Cómo puedo amar 
Cuando tengo miedo a caer 
Pero viendo que estas solo 
Todas mis dudas 
De repente desaparecen de alguna manera 
Un paso más cerca 

He muerto todos los días esperando por ti 
Cariño no tengas miedo, yo te he amado 
Durante mil años 
Te amaré por mil años más 


John estrechó con fuerza su mano, inspirándole confianza y seguridad. Le gustaba cuando cantaba. Lo sabía por cómo la miraba. Sus ojos oscuros permanecían todo el tiempo sobre los de ella, su cuerpo transmitía protección y bienestar. Su presencia era un regalo. Aún le sorprendía cómo se conocieron y lo desairada que Katherine fue con él en un principio. La forma en que los prejuicios se adueñaban de su carácter, de lo maleducada que se volvía cada día, lo impertinente de sus respuestas y los graves errores en que caía. Pero él la había ayudado a despertar, la obligó a reaccionar, y la llevó a la verdad. Por debajo de todo aquello estaban demasiadas mentiras, enredos que para ella suponían demasiada maldad en el mundo. Y lo más asombroso, que John hubiera podido sobrevivir a tanto dolor y ataques a su persona.

El tiempo se detiene 
Belleza en todo lo que ella es 
Voy a ser valiente 
No voy a dejar nada para llevar 
Sin embargo, de pie delante de mí 
Cada respiración, cada hora, ha llegado a esto 
Un paso más 

He muerto todos los días esperando por ti 
Cariño no tengas miedo, yo te he amado 
Durante mil años 
Te amaré por mil años más 

A lo largo creí que te encontraría 
El tiempo ha traído tu corazón a mi 
Te he amado mil años 
Te amaré por mil más 

Un paso mas cerca 
Un paso mas cerca 


Se levantó lentamente, atrayendo la mano de su marido a su pecho.
Quería intentar que bailara con ella, quería disfrutar de ese momento con los dos. En medio del campo, en medio de la nada y… En medio de todo.
Sus pasos se deslizaban sobre la moqueta, sus corazones latían desbocados.

He muerto todos los días esperando por ti 
Cariño no tengas miedo, yo te he amado 
Durante mil años 
Te amaré por mil años más 

A lo largo creí que te encontraría 
El tiempo ha traído tu corazón a mi 
Te he amado mil años 
Te amaré por mil más


Hasta que el tiempo se paró, y ella abrió los ojos. 
Nadie la sujetaba en sus brazos en una mágica danza. Nadie pasaba con ella tardes inolvidables. Nadie estaba enamorado de ella. No había nadie que la abrazara, ni leyera con ella. Que saliera de paseo, o soñara. Nadie.
Katherine volvió a la realidad. La misma realidad de la nada. La misma realidad que la mataba lentamente.

viernes, 15 de marzo de 2013

Hero


Cerró lentamente el libro, guardándolo en su bolso y acomodándose mejor en el sillón del tren. Katherine contempló a través del cristal la sucesión de árboles y montañas.

En medio de la nada, de camino a ningún sitio, comenzó a pensar y recapacitar sobre el amor.





Porque nadie decía que fuera fácil amar. Todos dicen que es uno de los grandes regalos del mundo, ¿pero lo es realmente? También dicen que es fácil notar cuando alguien está enamorado de nosotros, pero ¿realmente te das cuenta o es simplemente el interés insistente del otro? Ella nunca notó si gustaba a alguien, tampoco se lo dijo nadie. Tampoco creía en el amor. La vida le había enseñado que realmente no existía, incluso creía que era una invención del ser humano para no sentirse solo en su camino a la "felicidad".

Las pruebas eran fáciles de encontrar: su madre se había casado con el que Katherine llamaría "papá" en su momento. No fue el hombre que creían. Se emborrachaba, bebía, llegaba tarde a casa, reclamaba sus "derechos maritales", fumaba demasiado, comía en exceso... Su madre lo dejó con él en cuanto Katherine cumplió ocho años.
La segunda prueba de que el amor no existía fue cuando tomó consciencia de todos los divorcios que enumeraba su familia, tanto parte de madre como de padre. O incluso las muertes de las parejas, sus abuelos entre ellos.
Los engaños amorosos que vio a lo largo de su infancia, niñez, adolescencia y juventud; muchos de ellos sufridos en su propia piel. Las mentiras y sobornos indirectos: los viajes con su padre por el país, las cenas en restaurantes caros, la compra de buena ropa, casas por todos lados... 

El amor no existía. Y si existía, se daba a esconder muy bien.


Pueden haber muchos tipos de "amores". Está el forjado por muy buenos amigos, el lazo que une a la madre con el hijo, el de los hermanos, el amor imposible y el platónico, el deseo sexual, el soñador y el romántico, el posesivo y celoso. Había tantos tipos de amores que era difícil diferenciarlos. Tan difícil era que las mismas dos palabras "te amo" habían dejado de tener su profundo significado. 

En los supermercados, en los cines, en las tiendas de ropa y zapatos, en el trabajo, en la peluquería... en todas partes te dicen "¿puedo ayudarte, amor?", "¿puedo ofrecerle algo, mi amor?", "¿está todo bien, amor?", "creo que este peinado te iría bien, amor", "amor", "amor", "amor"... Se banalizó el sentimiento. Confundible a todos los demás.

Se engañaba a sí misma pensando que lo tenía todo: la estimación de su familia, el cariño de su madre, el apoyo de su hermano, el compañerismo de su padrastro, la compañía de sus amigos, un buen trabajo y estabilidad social. Tenía todo menos ese minúsculo detalle de compartir tu vida con una pareja del sexo contrario. Tenía todo lo demás menos el chico con quién disfrutar. ¿Pero por qué iba a necesitar de un chico para disfrutar de la vida? Porque aunque le gustara disfrutar de la soledad, no le gustaba estar en ella.


Se apeó del tranvía justo cuando este se ponía en marcha para iniciar otra ruta. Katherine siguió el camino habitual, bajando las escaleras y cruzando la calle, caminando hacia la empresa en la que trabajaba. Abrió la puerta de su despacho, suspirando, y se sentó en la silla, contemplando las vistas de la ciudad.

Ella no tuvo nunca ese amor que hace parar el tiempo y te hace olvidar. Nadie la abrazó cuando lo necesitaba, ni le dirigió palabras cariñosas cuando se sentía mal, pocos estaban allí cuando ella realmente lo necesitaba.


Las lágrimas amenazaban por caer en su rostro. No podía permitirse el lujo de caer. Si lo hacía, el costaría levantarse.


Su último pensamiento antes de ponerse manos a la obra fue que nunca encontraría ese hombre de sus libros, y si lo buscaba seguiría sin aparecer. Lo mejor que podía hacer era disfrutar de la vida como pudiera, aunque su corazón gritara de dolor viendo a los jóvenes amantes. Quizás ese no era su destino, quizás no debía sentir.

No notó cómo su secretaria la contemplaba desde la otra sala. Ni cómo abrían la puerta para empezar el trabajo.

domingo, 3 de febrero de 2013

Come home -5


Cuando la sala fue desalojada por todo el mundo, Madame llevó a su despacho a su amiga. Una tasa de té con pastelitos estaba preparada sobre la mesa.
-          Toma asiento, petite, y cuéntame qué es lo que te preocupa. Nunca te he visto tan decaída.
Katherine tomó asiento nerviosa, las piernas le temblaban y ella intentó pararlas.
Al ver sus lágrimas, su amiga maldijo por lo bajo. No quería martirizarla. Bueno, sí que quería que reconociera lo bien que le venía el viaje, pero no quería hacerla llorar. Esperó pacientemente.  Como ella no respondió, intentó adularla—: Kathie…
Ella la miró otra vez, negando con la cabeza.
-          No lo entiendes —dijo de corrido, tras respirar hondo.
La diseñadora clavó en ella sus ojos azules y rodó su silla cerca de la de ella. Se sentó, mirándola cara a cara y haciendo que apoyara sus manos sobre las suyas.
-          Pues explícamelo. —Las palabras no dejaban otra opción.
-          Esto está bien, ¿sabes? —declaró Kath, intentando restarle importancia a sus palabras con un tono ligero—. El caso es que… incluso en este momento, bajo la amenaza de tu cólera, sintiendo algo de miedo y un poco de dolor por todo lo que he pasado—Se interrumpió para añadir en un aparte—: Y con eso no quiero decir que me arrepienta de lo que me ha llevado hasta aquí —Alabanza que aceptó su amiga con un gesto de cabeza—. Pues, a pesar de todo eso… —entonces dijo el resto—, este ha sido uno de los mejores días de mi vida.
Kath notó la confusión en su mirada e intentó explicárselo.
-          Hoy me he sentido viva.
-          ¿Viva?
-          Sí. Me he pasado veintiséis años haciendo lo que todo el mundo esperaba que hiciera… siendo lo que todos esperaban que fuera. Y es horrible no gustarte a ti misma. —Se interrumpió un rato antes de continuar—. Tenías razón, soy una cobarde.
Elizabeth Tussoe suavizó la mirada ante esa apasionada declaración.
-          Fui una imbécil. No debería haberte dicho eso-su amiga la abrazó fuertemente. Una lágrima corrió rebelde por su pómulo.
-          No, no eres una… —Elizabeth se interrumpió, incapaz de decirlo en voz alta.
-          Te aseguro que lo soy.- un silencio impregnó la estancia-. No estoy casada, no tengo hijos ni soy un pilar de la sociedad. —Agitó el brazo derecho como si la vida que describía estuviera más allá de la habitación—. Soy invisible. Entonces ¿por qué seguir siendo una florero cobarde que no se atreve a probar todas las cosas que siempre ha soñado experimentar? ¿Por qué no viajar por todo el mundo y practicar esgrima? Confieso que son cosas que siempre me han interesado mucho más que los estudios, las labores y los odiosos problemas que han ocupado casi todo mi tiempo. —Buscó de nuevo su mirada—. ¿Le encuentras sentido a mis palabras?
Elizabeth asintió con la cabeza, muy seria.
-          Sí. Estás tratando de encontrar a Katherine.
Ella agrandó los ojos.
-          ¡Sí! En algún momento de mi vida, perdí a Katherine. Quizá nunca fui ella. Pero hoy, aquí, la he encontrado.
Su amiga esbozó una sonrisa torcida.
-          ¿Katherine  es esgrimista?
Ella correspondió con otra.
-          Katherine es muchas cosas. También la encontré hoy entre las prendas.
El silencio se apoderó de nuevo.
Entonces, Elizabeth estiró la mano y se la deslizó por la cara.
-          No deberías perder las esperanzas tan pronto, petite. Mi queridísima petite sigues siendo ella misma de una manera única, absolutamente nueva y diferente de todas las mujeres que habías conocido antes. Y es esa intoxicante mezcla de curiosidad inocente y voluntad femenina es lo que te ha llevado a comportarte de la manera en que lo haces hoy en día. Has cambiado, quizás demasiado rápido, pero eso te ha ayudado a ser fuerte, a no temer a seguir adelante. No te plantas ante las dificultades, buscas salidas y luchas por tus sueños.
Las lágrimas resbalaron por las mejillas de ambas.
-          Y, en el preciso momento, con los miembros más importantes de la sociedad de Londres a solo unos metros, todos los hombres estarán impactados por tu belleza; por los brillantes ojos caoba; por el reluciente pelo castaño, rojizo bajo la luz; por tu boca, ancha y receptiva, capaz de poner de rodillas a un hombre. Eres, en realidad, extraordinaria. Eres preciosa. El atractivo del juego que harás allí se ve realzado por la emoción de ganar y el miedo a perder. No importa lo que yo sienta, ni lo que nadie diga. Esa será tu noche. Eres tú quien tiene que vivir la experiencia. Yo solo soy tu acompañante sentimental.
Tomó el mensaje como una señal de que no podía pasarse el día sintiendo lástima por sí misma y se preparó para pasar la tarde en el departamento de diseño.
Su amiga se levantó de inmediato, y con ella Katherine. Hizo que diera una vuelta completa mientras su mirada analizaba cada centímetro de su cuerpo.
-          Te haremos un sensacional vestido color escarlata. El diseño resaltará la exuberante silueta de tu cuerpo; el corpiño se cerrará en la espalda con una hilera de minúsculos y elegantes botones, cada uno de los cuales tendrá un diminuto y perfecto ojal. Pero a cambio quiero que seas consciente de tus cualidades físicas, y que se note cada día que pases allí  la palpable confianza en ti misma que deberás irradiar. Parecer la dueña y señora, ya no de la estancia… sino del mundo. Hazlo, y estarás magnifique.-Pensó durante un instante-. Las mujeres muestran más confianza en sí mismas si les gusta lo que llevan bajo la ropa. Es evidente la diferencia entre una mujer que usa lencería de seda y raso y otra que no… la usa. Será preciosa la lencería que te haremos, con  multitud de pequeños detalles, como cintas de raso o flores bordadas a mano en distintos colores, que añadirán una feminidad que jamás has considerado que necesitaras.
-          Sí, hazlo. No me importa. Prometo ser eso y mucho más- replicó entusiasmada.
-          Y con respecto al vestido azul… Los pechos quedarán perfectamente resaltados por el corte bajo del vestido y parecerán exuberantes y plenos sin resultar vulgares; la seda, que caerá en cascada sobre la ancha cintura, las caderas y el vientre, hará que te veas bien proporcionada, y el color, el tono más precioso y brillante de azul que jamás hallas visto, dará a tu piel un matiz más iluminado.
-          ¿De verdad crees que funcionará, madame?-preguntó por última vez, entre la duda y el miedo a ser rechazada.
-          Escúchame bien, mon coeur.  No sabría por dónde empezar a enumerar todo lo que te hace hermosa… Un hombre podría perderse en tus ojos; en tus preciosos labios, que están hechos para besar; en tu sedoso pelo; en tus suaves y deliciosas curvas; en tu piel morena y perfecta, que se sonroja y adquiere el mismo color que los melocotones maduros. Y eso por no hablar de tu calidez, tu inteligencia, tu humor, y de la manera en que me quedo totalmente subyugada cuando entras en la habitación en la que estoy- Su amiga cogió su cara entre las manos, apretándole los cachetes -. Jamás dudes de tu belleza, Kath, pues eso es lo que ha arruinado a muchas otras.
-          Pero tengo miedo de sufrir… No quiero seguir llorando por cualquier hombre, ni atormentarme sin conseguir uno.
-          Coeur, eres una romántica empedernida. Lo eres desde niña. Es el resultado natural de que tus  padres estuvieran absoluta y completamente enamorados en su momento, de haber leído todas las novelas románticas que han caído en tus manos durante los últimos veinte años y de tu propia resistencia a contraer un matrimonio sin amor. Me sorprendería que te casaras sin una promesa de amor. Lo que me lleva a preguntarte: ¿dudas de que alguien pueda amarte? ¡Debes mostrarte orgullosa y fuerte ante cualquiera!
-          Aún, después de tanto tiempo, creo que no me acepto del todo. Y me duele, porque he llegado muy lejos. He pasado por tantas cosas, que la sola idea de rendirme se me antoja una mentira. No podría aunque quisiera. He llegado demasiado lejos como para echarlo todo por la borda ahora.
-          En efecto. Y no permitiré que unos aristócratas tan «nobs»… —hizo una pausa—, te ahuyenten. Si regresases a Suiza, solo estarías dándoles la razón en cualquier tontería que te digan. Recuerda que ellos no te conocen, no saben nada de ti. Tú eres quien sabe la verdadera y única verdad. Recuérdalo antes de tomar una decisión.
Después de pasar toda la tarde probándose diferentes estilos de trajes, además de sombreros y encajes, llegó la noche. Y con ello la hora de marchar a casa a preparar su maleta.

sábado, 2 de febrero de 2013

Come home-4


La adrenalina recorría su cuerpo mientras descendía en el ascensor, atravesaba la puerta y se vio rodeada de Madame Tussoe, diseñadora profesional y especializada en el protocolo aristocrático.
-          Algún día tirarás esos pantalones largos oscuros para comenzar a llevar faldas más favorecedoras.
-          Con los pantalones me siento más cómoda, madame- dijo mientras daba un beso en la mejilla a la pequeña mujer-. El jefe me dijo que viniera a darte mis medidas para…
-          We, we…  Los hermosos vestidos para la fiesta de la familia-, sin parar de hablar llevó a Katherine hacia un pequeño taburete al que fue subida-. Necesito que te quedes en ropa interior de lo contrario no podré tomar bien las medidas, petite.
-          Mientras no me vea nadie…- la última vez que fue a probarse vestidos de Madame Tussoe terminó llevándose un armario completo de trajes de gala. Vestidos de cola de satén, de franela, algunos casi transparentes, otros brillantes… La madame siempre hacía las cosas por todo lo alto, siempre y cuando eso ayudara a marcar su estilo y la marca tan codiciada que llevaba a cabo desde la empresa. A parte de ser una de las más reconocidas diseñadoras de innovadores vestuarios era la más cercana amiga que Katherine tenía cerca. Sabía prácticamente todo de ella: desde su pasado oscuro a su triste época adolescente; sus amores prohibidos y platónicos, así como los falsos y no correspondidos; sus frustraciones y sueños… Incluso sus deseos más ocultos.
La modista era de estatura más pequeña que ella, y de constitución rolliza. Eso no impedía su gran actividad física durante el día, corría de un lado para otro, arreglando aquí y allá, retoques finales, y tiempo para un café con la petite, que era así como llamaba a Kath.  Su pelo moreno y rizado se ondeado por sus movimientos de cabeza en todas las direcciones, asintiendo y negando aquello que no era de su aprobación.
-          Creo que esta vez variaremos el diseño de varios vêtements. ¿Qué te parece un escote en pico pronunciado?- llevaba tiempo saber que Tussoe nunca buscaba respuesta de segundas personas a sus preguntas. Ella se las hacía a sí misma en alto, y se respondía a la misma rapidez-. Sí, creo que siendo rojo te sentaría bien. Además, tienes unos pechos muy bonitos, perfectos para ser adorados. Te compraremos un sujetador que los aguante bien arriba y tensos, para no moverlos. Uno azul eléctrico también estaría bien. ¡Oh, Dios mío! Me siento como si fuera yo misma quien fuera al baile. Prométeme que lo pasarás en grande, Katherine.
-          Depende de cómo entendamos eso. Quieren que enamore a Khol.
-          ¿Le petit frère?- comentó Madame.
-          Con Madame de aliada los conquistará a todos.
Pronto estuvo rodeada por una bandada de costureras, algunas de las cuales comenzaron a tomarle medidas a la joven mientras las demás comenzaban a desplegar ante ella rollos de telas de colores y materiales exquisitos. Una jovencita más baja y con gafas estaba sentada en un taburete cercano, tomando nota, cuando Madame Tussoe se unió a la conversación.
-          Para empezar, necesitará al menos seis vestidos du soir, seis de jour, tres trajes de paseo, ropa interior de seda y mucho encaje, y  cinco vestidos de tarde… —hizo una pausa, permitiendo que la ayudante lo apuntara todo—. ¡Oh! Y tres vestidos de baile. No, cinco. Por supuesto, deberán ser impresionantes —siguió enumerando Madame, lanzándole una significativa mirada a  Katherine—. Tiene que conquistar Londres.
-          ¿Dónde está esa época de los pantalones vaqueros y negros?-le respondió la aludida, resignada. Kath sonrió mientras se recreaba en la escena. Definitivamente, Madame era la compañera perfecta, y parecía desbordada por completo. Pobrecita.
-          ¿Me he olvidado de algo? —reflexionó la diseñadora mirando a Kath.
-          Chaquetillas ribeteadas de piel, capas, abrigos, chales y todos los complementos necesarios...-dramatizó con las manos por lo alto Kath-. Me temo que ya es mucha ropa de por sí, Madame.
-          Tonterías.Los paga la gran empresa ¿no? Dales el gusto de hacer algo por ti, mon coeur Y no niegues que no los necesitas. Alguien como tú siempre debe estar cambiando de imagen. ¿Cuánto hace que no te cortas el pelo? ¡Amelie! Ve a buscar a John, dile que es urgent.
-          No creo que haga falta…-empezó a decir Kath, pero inmediatamente fue interrumpida por la voz imponente de su jefe.
-           Si dije que correríamos con los gastos de los trajes exclusivos que llevarías es eso lo que haremos. Ahora deje de quejarse, señorita Newhile, y prepárese para partir en cuanto tenga los vestidos.
-          Si, señor.
Tras la marcha del superintendente, la joven se puso recta sobre la pequeña silla.
-          Bueno. Sin embargo, me gustaría que los vestidos se adaptaran a un style  más… italien- inició la marcha madame.
-          ¿Crees que transformarías a un salvaje lirio español en una rosa inglesa? —se mofó Kath—.
-          Te presentarás ante la sociedad como una rutilante estrella italiana- respondió orgullosa su amiga.
Kath no pudo evitar reírse entre dientes.
-          ¡Estupendo! ¿Elegimos las telas?
Las palabras hicieron que la bandada de mujeres la envolviera en un pequeño remolino, desenrollando metros de muselinas y rasos, finos algodones de la India y crepés, terciopelos y gros de Naples con todos los patrones y colores imaginables.
-          ¿Cuáles te gustan más? —le preguntó Madame.
Kath se concentró en el montón de telas con una aturdida sonrisa. Madame se acercó y enlazó su brazo, señalando con la cabeza un raso verde.
-          Si no encargas un vestido de noche con ese raso, me desilusionarás —aseguró.
-          Bueno, entonces tendré que hacerlo. A mí me gusta esa muselina rosa- rió por lo bajo.
Madame Tussoe alzó el rollo y se lo tendió a la costurera.
-          Excelente elección, petite. ¿Puedo sugerirte también ese raso dorado? Para la noche, por supuesto. Y el hueso de ahí también es perfecto.
Kath se encontró contemplando un etéreo raso azul que había captado su atención desde que lo llevaron al departamento de diseño de ropa. Por primera vez en mucho tiempo, se sintió tentada de pedir un vestido con esa tela.
-          Esa tela te atrae, ¿non? —Las palabras con marcado acento francés de la modista sacaron a Katherine de su ensimismamiento—. Es ideal para un vestido de noche. Para tu próximo baile. Este raso está hecho para bailar el vals.
-          No creo que baile ninguna pieza.
-          ¿No sabes bailarlo?
Kath detuvo la próxima orden de la diseñadora:
-          Sé, pero no bailo.
-  Quizá es que no llevas el vestido adecuado, petite. Te  aseguro que… si diseñara un vestido para ti con esa tela, bailarías. —Extendió la tela encima de la mesa y formó unos pliegues con el material. Dio un paso atrás y permitió que Katherine echara un vistazo a su trabajo, un ejemplo de cómo podría quedar en un vestido. Era una preciosidad.- Deberías lucir el cuello, así como la cintura. Te esconde detrás de tantos colores negros... —Madame soltó las palabras como si hablara de algo odioso—.Necesitas un vestido con estilo françois. ¡Los franceses disfrutan de las formas femeninas!
Kath se ruborizó ante el atrevido discurso de la mujer, tentada en cambio por sus palabras. ¿Se imaginaba con ese vestido? Era probable que con la suficiente confianza consiguiera disfrutar de la velada.
-          Ojo con el raso azul medianoche. Le pondremos ribetes de chinchilla. Aparta este raso. Esta tela está reservada para esta dama.
Ante aquellas palabras, las ayudantes emitieron unas risillas. Madame solo apartaba una tela cuando hacía un vestido ella misma.

viernes, 25 de enero de 2013

Come home-3


Nunca se había sentido tan sola. Tan desamparada. Tan pérdida en el Universo.
Intentar recordar sus pasos en el camino, se le hacía imposible. Un velo negro cegaba su vista, obligándola a caer en una inmensidad oscura y tenebrosa. Algo poderoso tiraba de ella hacia las profundidades impidiéndole luchar. Deseó chillar, llamar a su madre, pedir ayuda a su hermano, pero de su boca solamente salían gemidos ahogados. Gemidos que le ahogaban el pecho. La desesperación se adueñó de ella, mientras seguía cayendo y cayendo. La velocidad de la caía aumentó. Y llegó a la Nada…
….
-          Necesito que viajes a Reino Unido en unos días.
Ella permaneció callada mientras su jefe le comunicaba las noticias y su horario.
-          Una vez allí, asistirás a una velada que ofrecerá Klaus Mikaelson. Debes contactar con el departamento de diseño para que te tomen las medidas de la ropa a llevar. Y aclaro, sólo llevarás lo que ellos te hagan. Los gastos van a cargo de la empresa- el hombre la miró, esperando el reconocimiento de su trabajadora en la cara. Ella asintió con la cabeza decidida. Y continúo-. La familia Mikaelson son conocidos por su estilo, y los invitados a sus reuniones sociales irán claramente, con las prendas más exclusivas.
-          Estaré perfecta en todo momento, señor.
Él hizo caso omiso de su comentario. Avanzando en las órdenes:
-          Nosotros, como principales proveedores de sus coches y vestuario, y representados por ti, debemos estar presentes en esa reunión. Es por eso que debes embelezar a Kol Mikaelson, hermano pequeño del señor Klaus MIkaelson, que  no dudará en presentarte a todos. Cuando vuelvas quiero ver registros de tu actividad allí.
-          Sí, señor.
-           Y otra cosa, Katherine. Si puedes, mantén contento sobre todo, al cabeza de familia. No hagas nada que pueda ofenderlos o molestarlos. Confío en ti y sé que lo harás bien. Y diviértete lo que puedas.
El hombre hizo un gesto con la mano, señalándole que podía irse; pero ella aún tenía un tema que tratar.
-          Señor, si me disculpa, me gustaría pedirle un favor- esperó su respuesta algo nerviosa. Al ver que no respondía, continúo hablando-. No he usado ninguno de los días de libre disposición desde hace dos años… Y como hace tiempo que no veo a mi familia… Bueno, e gustaría ir a visitarlos ahora en Navidades, si es posible.
Por encima de las gafas, su jefe la contempló lentamente, meditando acerca de sus mini-vacaciones.
-          ¿De cuánto tiempo estamos hablando?
-          17 días, señor.
-          Hagamos algo mejor. Te daré más de esos días a cambio de que mantengas el contacto con los de tu departamento y conmigo. Trabajarás a distancia, y no todos los días por supuesto.
-          De acuerdo, señor.
-          Ahora, señorita, debo terminar esta corrección.
Salió de la puerta del despecho sonriente, presintiendo que a partir de ése mismo día, y de camino a los diseñadores, iba a ir todo maravillosamente bien. Visitaría de nuevo Inglaterra, después de tantos años, y quién sabía, con suerte podría contactar con Caroline.

viernes, 18 de enero de 2013

Come home -2


A veces le resultaba difícil ejercer su trabajo. Todo el tiempo ideando innovaciones, atrayendo público, convenciendo a las masas, relacionándose con la prensa… Eran demasiadas cosas que a veces se convertía en una obligación, sobre todo si se  estaba lejos de su familia. Llevaba más de dos años sin volver a sus raíces, que tan importantes parecen para sus escritoras favoritas. Sólo hablaba con su madre por teléfono, y de su padre no había vuelto a saber nada desde que inició la universidad hace nueve años. Su hermano estaba preparándose para iniciar sus estudios en ese mundo docente mientras leía las mismas preocupaciones de su hermana mayor en las cartas que esta le dejó cuando aún vivían juntos. Su padrastro había conseguido terminar de estudiar abogacía, y del resto de su familia, apenas recordaba sus caras. Se le hacía complicado incluso recordar las voces de su tías, de sus primas y amigas; ahora tan distantes en espacio  y tiempo. Sospechaba que la gran mayoría de ellas seguirían en la isla de la que partió con miedo. Caroline habrá terminado sus estudios en inglés y estaría por alguna parte del Reino Unido, Pablo seguro que estaría enseñando religión católica a iniciados en la adolescencia mientras que Alexandra se habría hecho cargo de la tienda familiar Macoalex, su prima Virginia residiría en algún país de Europa arreglando el cuello a alguien, Yolanda viajaría de un mundo a otro de azafata… Y ella misma estaba allí, en Suiza, continuando por sus sueños y objetivos pendientes.
Hacía cinco meses que había llegado de su viaje a New York. Cinco meses y una semana después de empezar el año nuevo e intentar olvidar a aquél hombre. Aún lo recordaba en sus sueños más profundos. Parecía que después de haberse despedido, esquirlas de metal se incrustaran en su corazón, marcándola durante ese tiempo. Desde pequeña había sido una niña muy enamoradiza, incluso de adolescente le costaba separarse de esa parte de sí misma que tantos problemas le daba; pero cuando creció, toda esa magia se perdió: maduró mucho más rápido de lo que quería y cuando sólo tenía diecisiete años, era escéptica respecto al amor. Dudaba que existiera, y si acaso existía, era destinado sólo para unos pocos que pudieran lidiar con él. Se había negado mantener una relación de todas las maneras, durante la época de su preparación, y después de terminar la licenciatura se cerró en banda a vivir su vida, viajar y amar países, colgada de la mano de un chico. Primero viviría su vida, y después haría una familia, le gustaba decirse. Pero en el fondo, ella tenía miedo a salir herida de una relación, de no poder levantarse (aunque sabía que si caía se levantaría), y de tener que soportar noches llorando desconsoladamente. Pero ningún pensamiento cambiaba la imagen del chico: alto y moreno, de espalda ancha y brazos musculosos, ojos negros y labios llenos, fuerte y decidido. Un hombre en toda su magnitud. Desde que le vio se quedó embobada con lo que representaba: peligro y pasión. Una pasión desbordante que podía llegar a quemar y herir.

Volvió su mente a sus manos, ahora sosteniendo su pequeño discurso sobre la ventaja de comprar en Healy’s, la empresa privada para la que trabajaba desde hacía tres años. Healy’s fue fundada por el magnate multimillonario Harry Clark: mujeriego, viudo y padre de 3 hijos mayores. Su mujer murió de cáncer justo después de casarse, y el dolor le consumió durante muchos meses. Todos creían que realmente no la amaba, que la quería por la alianza comercial entre la otra empresa, ahora suya, Scheld. Las dos grandes empresas manejan la venta de automóviles, revistas, y ropa de los diseñadores más famosos de Suiza. Y su pequeño trabajo en comparación, era dedicarse a soltar una perorata delante de los medios en inglés.

Decidió cerrar los ojos y recordar cuando jugaba con su hermano al fútbol en el jardín de su casa.  Él caía cada vez que intentaba llegar a la portería de ella, a veces por una patada en la canilla o por un mal acierto pisando la pelota. Siempre le decía que lo terminaría matando a patadas. Le gustaba pasar momentos con él, era la mejor forma de olvidar los problemas y reír a carcajada limpia hasta quedar sin oxígeno que poder respirar.

Ellas y ellos.


Desde la antigüedad la mujer ha sido uso de burlas, risas, críticas, ofensas, violencia… En 1864 se consideraba que una mujer representaba la maldad de saber demasiado por el mero hecho de recibir la “misma educación” que el hombre; ellas no sabrían usarlo, ni valorarlo. Pero tampoco se les presentaba la oportunidad de demostrar al mundo la capacidad de raciocinio de nuestra especie femenina.


Se dice que la base de la igualdad de género está en la escuela: en cómo se educa a los niños pequeños en los derechos y equivalencias entre hombre y la mujer con el fin de evitar los casos tan graves (y muy actuales) de asesinatos a mujeres por sus parejas o ex – parejas (para ellos un simple ajuste de cuentas).

En pleno siglo XXI, cuando se hace crear que el reconocimiento de la mujer está fundamentado en bases resistentes, aparecen en la televisión nuevos “ajustes de cuentas” entre parejas, un sueldo desigual en la empresa, un trato diferente en una organización, una suerte distinta, diferentes cosas que se van sumando rápidamente hasta formar una bola de desperdiciados valores y energías en hacer ver una realidad. La mujer empresaria está cansada de luchar y a menudo olvidamos aquellas hembras africanas persistentes que frente a su explotación y maltratos cargan grandes cantidades de peso al día para cobrar un sueldo ínfimo (y a veces ni eso) para ayudar a sobrevivir a sus hijos… Es cierto que a veces ni nosotras mismas recordamos lo subdesarrollados que están algunos países y las fuertes discordancias entre los más ricos.

Sólo hace falta echar la vista atrás para descubrir la lucha incesante que llevan las féminas a favor de su reconocimiento. Poco a poco lucharon por el derecho a votar, y aunque costó ponerlo en práctica y muchas murieron por el camino, han hecho posible una gran parte del sistema democrático europeo y estadounidense. Aunque a veces deja que desear. No se rindieron cuando tenían que cuidar del marido, casa e hijos en la época Franquista.

Ahora se nos enfrentan otros problemas, distintos de afrontar para cada dama: en una gran multinacional, guardan el puesto de ejecutivo al hombre, pues la mujer no sería capaz de conseguir los objetivos ni convencer a la competencia adecuadamente, mientras que el pacotilla de turno sabrá hacerlo mejor, o al menos, echarle el muerto a otro; en una conserjería de educación se tratan mal unos a otros, se critican y se insultan, se falta al respeto continuamente y ninguno declara las faltas de los otros mientras no sean propios o les afecte directamente, y acosan o maltratan psicológicamente al desvalido que intenta no meterse en problemas; el Estado que debe garantizar el Estado de Bienestar se carga muchos sueldos, pero sobre todo el de las mujeres con más de dos hijos, divorciadas que no pueden pagar ni la Universidad a sus descendientes puesto que las becas son repartidas al boleo (casualidad de la vida que siempre toque más dinero a los más ricos mientras los pobres se hunden en la miseria). Y mientras tanto, otros se llenan los bolsillos a costa de nuestro sufrimiento, y nosotras, estoicas de la vida, persistimos entre tanta oscuridad y machismo, esperando el día a ser despertadas, arrasar con nuestra luz y de paso, llevarnos a un par de inútiles por delante.

martes, 1 de enero de 2013

Come home-1

 - ¡¡¡Venga, venga!!! ¿Dónde están los chicos?
 - ¿¡Todos listos?! ¡Falta un minuto!
 - ¿¡Dónde está mi cámara!?
 - Michelle, date prisa.
La plaza estaba llena.Todos buscaban aquello que necesitaban para ese momento, aunque algunos estaban preparados desde hacía mucho rato: cámaras encendidas, la botella de champagne situada bien cerca, las bolsitas de cotillón y serpentina abiertas, y la bola de New York bajando..
Ajena a tanto alboroto, una joven se mantenía aferrada a su bolso, sintiendo cómo algo nuevo en su interior crecía rápidamente, semejante a cuando de pequeña esperaba, rodeada por su familia y uvas en mano, las campanadas.

Algo le había hecho vestirse con su mejor traje, poner la música más animada que tenía en su mp3 y conducir hasta la celebración más lejana de su piso. Sólo se dejó guiar por la música, aún cuando sus ganas eran las de pasar una noche en casa, tomando chocolate caliente y trabajando. Aunque ignoraba cómo podía llegar a cambiar su vida en pocos segundos.

 - Mira, hijo mío. Ya queda poco para vivir un nuevo año- hablo esperanzadamente una madre a los tres hijos que sujetaba. Lágrimas resbalaban por sus grandes mejillas. Eran lágrimas de alegría, llenas de felicidad y amor. Sintió envidia por esa mujer. Mientras la desconocida estaba rodeada por quiénes amaba, Catherine se hallaba en una ciudad enorme, valiéndose por sus medios, y con su familia a más de 2.356 kilómetros.
Alzó la vista de nuevo, relajando su cuerpo súbitamente. Algo por el rabillo del ojo le había llamado la atención. Las luces de las compañías y sus anuncios comenzaron a atenuarse. La ciudad estaba sumida en  la oscuridad a excepción de la gran bola blanca.
5...4...3...2...1.
 - ¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!
La multitud gritó al unísono. Las parejas se besaban, se abrazaban fuertemente, lloraban dichosos, las botellas explotaban. Y ni cuando la nueva joven promesa salió a cantar en el escenario, la marea de seres humanos seguía riendo y gritando.
Entre tanto caos ella se sintió a gusto y tranquila. Disfrutaba de cada segundo y agradecía haber ido.
Millones de pequeños papelitos de colores y tiras caían sobre ella mientras el viento acariciaba su cuerpo. Los fuegos artificiales, como dioses y dueños del cielo estrellado, hacían su majestuosa aparición. Coloridos y brillantes regueros de luz dibujaban distintas formas. Globos azules volaban por la inmensidad del universo.
Le llevó un momento darse cuenta de que era observada: un hombre moreno, de casi su misma edad, la contemplaba desde delante mientras sus amigos intentaban llamar su atención.
Catherine no se ruborizó, pues pensaba que él estaría analizándola. Si iba a hacerlo, ella levantaría todas sus barreras para no resultar herida de ninguna forma. Pero él le sonrió de una forma cálida, y ella no supo qué hacer.
Pasaron unos minutos. Cuando terminó la canción y justo cuando daba media vuelta para marcharse, alguien le cogió la mano.
 - Debería quedarse. Al menos hasta escuchar la siguiente canción.
 Al darse la vuelta, comprobó que el bello desconocido se había atrevido a tocarla.
 - No sé qué podría hacer hasta entonces- respondió nerviosa.
 - Puede bailar conmigo.
 - Me temo que no le entiendo- replicó ella.
 - Baile conmigo esta canción. Y cuando acabe, puede decidir si bailar otra más y disfrutar, o volver a la seguridad de su cama- dijo la frase como si esperara una huida por su parte. Una huida a lo nuevo. ¿Podía volver a sucederle? Dudaba de ello. ¿Qué más daba? Cogió su mano derecha, apoyando la izquierda en su hombro.
 - Buena elección- alabó con una gran sonrisa deslumbrante en su rostro-. Dígame, señorita....

 - Catherine.
 - Nombre muy bonito. ¿Su cama era tan poco atractiva como para que se fuera?
 - No-. su atrevida respuesta la sorprendió, y para no parecer seca, añadió-, pero la expectativa de disfrutar un poco más de esta maravilla era tentadora.
Su única respuesta fue apretarla más contra su cuerpo al momento que ella reflexionaba:
Las personas sufren muchísimo en silencio. A veces ni nos damos cuenta. Y otras, cuando conocemos muy bien a ése pequeño ser que tan mal lo pasa, sabemos cómo hacer para ayudarles. Aunque no podemos cargar con parte de su dolor, sí podemos ayudar a levantarse cuando caen. Como un cojín que frene la velocidad de la caída y reduzca las heridas. Para algunos basta un simple abrazo, para otros hace falta mucho más trabajo: días de comprensión, noches de consuelo, paciencia, risas, desahogos, despistes, entretenimiento...Existe una minoría que nunca se recupera de las secuelas y quedan marcadas de por vida, dependiendo cada decisión del miedo y el dolor. Y ahí es cuando dejan de tener vida,para tener solamente terror.
A ella le gustaba pensar que cada persona tiene cada mañana una oportunidad para empezar de nuevo. Para olvidar y hacer un nuevo camino. El hecho del año nuevo era una excusa para ese cambio. Podía, pasadas las doce de la noche, iniciar una nueva vida con nuevos sueños: visitar a su madre en la noche de reyes, mejorar su vestuario, visitar Venecia en carnaval y disfrazarse en él, viajar a Escocia.... O cosas más sencillas como ver ésa nueva película que tanto le había llamado la atención en el cine. Eran pequeños propósitos que cualquiera podía hacerse. Sólo había que quererlo y mantener la ilusión de hacerlos realidad.
2012 se fue muy rápido. ¿Pero qué año no lo hace? La vida en general va demasiado rápido. La vida está hecha para reír  sonreír, llorar, estar triste, estar mal, estar feliz, y finalmente, estar enamorado. ¿Qué tenemos que hacer? Salir fuera y vivirla lo máximo posible antes de que sea demasiado tarde. Porque nunca sabemos cuándo puede terminar.

 - ¿En qué piensa, Catherine?
 - En que este ha sido el Año Nuevo más extraño que he tenido.
 - ¿Y acaso de eso no se compone la vida? ¿De cosas extrañas que nos van sucediendo hasta convertirnos en alguien?
 - Sí. Tiene razón. Ahora, si me disculpa. Volveré al refugio que supone mi cama. Gracias por el baile.

No tenía ninguna gana de irse, pero no quería sentir ningún tipo de atracción por ese individuo que le ponía los pelos de punta. No quería iniciar el año con la duda de si volvería a ver a ese hombre. No quería falsas ilusiones que entorpecieran su nuevo camino. Y si por casualidad, era su destino estar junto a él, se volverían a ver, cosa que ella dudaba.
 - Debería quedarse...-repuso con voz pausada que denotaba desilusión.
 - Y usted volver con sus amigos. Además hoy trabajo.
 - ¿En qué?
 - Vendiendo- le sonrió tiernamente-. Feliz Año Nuevo.
Depuso un suave beso en su mejilla, soltando su mano y caminando en dirección contraria. Planeando su nuevo futuro. Mientras Klaus veía marchar la única mujer que aceleró la piedra de su pecho.

New Year Eve



Hay gente que jura que no queda belleza en el mundo, ni magia. Entonces, ¿cómo se explica que todos nos reunamos una misma noche para recibir con esperanza el año nuevo? 

A veces sentimos que hay tantas cosas en el mundo que uno no puede controlar: los terremotos, inundaciones; aquello que la realidad muestra... Pero es importante recordar cosas que sí podemos controlar: el perdón o una segunda oportunidad, o los nuevos principios. Eso es lo que convierte al mundo en un lugar hermoso. Es el amor. El amor en todas sus formas. El amor nos da la esperanza. Esperamos el Año Nuevo. Eso significa que el Año Nuevo para mísigue significando esperanza. 

El tiempo se detuvo a mitad de camino. Está suspendido ahí para recordarnos, antes de abrir las botellas de champagne y celebrar el Año Nuevo, para detenerse y reflexionar sobre el año que dejamos atrás. Para que recordemos tanto los triunfos como los fracasos, promesas que hemos hecho o no hemos cumplido. Los momentos en los que abrimos nuestro corazón para vivir una gran aventura o  cerrar las puertas por miedo a ser heridos. Debido a que este es el Año Nuevo, recibimos otra oportunidad. Una oportunidad para perdonar, de hacerlo mejor, de hacer más, para dar más y amar mejor; dejar de preocuparnos por el "¿Y si...?" y empezar a aceptar lo que sea que venga. Por eso, cuando estos segundos detenidos aceleren hasta la media noche, y luego se conviertan en una hora nueva, acordémonos de ser amables unos con los otros, de ser buenos con el prójimo  Y no solo esta noche, sino todo el año.