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viernes, 15 de marzo de 2013

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Cerró lentamente el libro, guardándolo en su bolso y acomodándose mejor en el sillón del tren. Katherine contempló a través del cristal la sucesión de árboles y montañas.

En medio de la nada, de camino a ningún sitio, comenzó a pensar y recapacitar sobre el amor.





Porque nadie decía que fuera fácil amar. Todos dicen que es uno de los grandes regalos del mundo, ¿pero lo es realmente? También dicen que es fácil notar cuando alguien está enamorado de nosotros, pero ¿realmente te das cuenta o es simplemente el interés insistente del otro? Ella nunca notó si gustaba a alguien, tampoco se lo dijo nadie. Tampoco creía en el amor. La vida le había enseñado que realmente no existía, incluso creía que era una invención del ser humano para no sentirse solo en su camino a la "felicidad".

Las pruebas eran fáciles de encontrar: su madre se había casado con el que Katherine llamaría "papá" en su momento. No fue el hombre que creían. Se emborrachaba, bebía, llegaba tarde a casa, reclamaba sus "derechos maritales", fumaba demasiado, comía en exceso... Su madre lo dejó con él en cuanto Katherine cumplió ocho años.
La segunda prueba de que el amor no existía fue cuando tomó consciencia de todos los divorcios que enumeraba su familia, tanto parte de madre como de padre. O incluso las muertes de las parejas, sus abuelos entre ellos.
Los engaños amorosos que vio a lo largo de su infancia, niñez, adolescencia y juventud; muchos de ellos sufridos en su propia piel. Las mentiras y sobornos indirectos: los viajes con su padre por el país, las cenas en restaurantes caros, la compra de buena ropa, casas por todos lados... 

El amor no existía. Y si existía, se daba a esconder muy bien.


Pueden haber muchos tipos de "amores". Está el forjado por muy buenos amigos, el lazo que une a la madre con el hijo, el de los hermanos, el amor imposible y el platónico, el deseo sexual, el soñador y el romántico, el posesivo y celoso. Había tantos tipos de amores que era difícil diferenciarlos. Tan difícil era que las mismas dos palabras "te amo" habían dejado de tener su profundo significado. 

En los supermercados, en los cines, en las tiendas de ropa y zapatos, en el trabajo, en la peluquería... en todas partes te dicen "¿puedo ayudarte, amor?", "¿puedo ofrecerle algo, mi amor?", "¿está todo bien, amor?", "creo que este peinado te iría bien, amor", "amor", "amor", "amor"... Se banalizó el sentimiento. Confundible a todos los demás.

Se engañaba a sí misma pensando que lo tenía todo: la estimación de su familia, el cariño de su madre, el apoyo de su hermano, el compañerismo de su padrastro, la compañía de sus amigos, un buen trabajo y estabilidad social. Tenía todo menos ese minúsculo detalle de compartir tu vida con una pareja del sexo contrario. Tenía todo lo demás menos el chico con quién disfrutar. ¿Pero por qué iba a necesitar de un chico para disfrutar de la vida? Porque aunque le gustara disfrutar de la soledad, no le gustaba estar en ella.


Se apeó del tranvía justo cuando este se ponía en marcha para iniciar otra ruta. Katherine siguió el camino habitual, bajando las escaleras y cruzando la calle, caminando hacia la empresa en la que trabajaba. Abrió la puerta de su despacho, suspirando, y se sentó en la silla, contemplando las vistas de la ciudad.

Ella no tuvo nunca ese amor que hace parar el tiempo y te hace olvidar. Nadie la abrazó cuando lo necesitaba, ni le dirigió palabras cariñosas cuando se sentía mal, pocos estaban allí cuando ella realmente lo necesitaba.


Las lágrimas amenazaban por caer en su rostro. No podía permitirse el lujo de caer. Si lo hacía, el costaría levantarse.


Su último pensamiento antes de ponerse manos a la obra fue que nunca encontraría ese hombre de sus libros, y si lo buscaba seguiría sin aparecer. Lo mejor que podía hacer era disfrutar de la vida como pudiera, aunque su corazón gritara de dolor viendo a los jóvenes amantes. Quizás ese no era su destino, quizás no debía sentir.

No notó cómo su secretaria la contemplaba desde la otra sala. Ni cómo abrían la puerta para empezar el trabajo.

sábado, 2 de febrero de 2013

Come home-4


La adrenalina recorría su cuerpo mientras descendía en el ascensor, atravesaba la puerta y se vio rodeada de Madame Tussoe, diseñadora profesional y especializada en el protocolo aristocrático.
-          Algún día tirarás esos pantalones largos oscuros para comenzar a llevar faldas más favorecedoras.
-          Con los pantalones me siento más cómoda, madame- dijo mientras daba un beso en la mejilla a la pequeña mujer-. El jefe me dijo que viniera a darte mis medidas para…
-          We, we…  Los hermosos vestidos para la fiesta de la familia-, sin parar de hablar llevó a Katherine hacia un pequeño taburete al que fue subida-. Necesito que te quedes en ropa interior de lo contrario no podré tomar bien las medidas, petite.
-          Mientras no me vea nadie…- la última vez que fue a probarse vestidos de Madame Tussoe terminó llevándose un armario completo de trajes de gala. Vestidos de cola de satén, de franela, algunos casi transparentes, otros brillantes… La madame siempre hacía las cosas por todo lo alto, siempre y cuando eso ayudara a marcar su estilo y la marca tan codiciada que llevaba a cabo desde la empresa. A parte de ser una de las más reconocidas diseñadoras de innovadores vestuarios era la más cercana amiga que Katherine tenía cerca. Sabía prácticamente todo de ella: desde su pasado oscuro a su triste época adolescente; sus amores prohibidos y platónicos, así como los falsos y no correspondidos; sus frustraciones y sueños… Incluso sus deseos más ocultos.
La modista era de estatura más pequeña que ella, y de constitución rolliza. Eso no impedía su gran actividad física durante el día, corría de un lado para otro, arreglando aquí y allá, retoques finales, y tiempo para un café con la petite, que era así como llamaba a Kath.  Su pelo moreno y rizado se ondeado por sus movimientos de cabeza en todas las direcciones, asintiendo y negando aquello que no era de su aprobación.
-          Creo que esta vez variaremos el diseño de varios vêtements. ¿Qué te parece un escote en pico pronunciado?- llevaba tiempo saber que Tussoe nunca buscaba respuesta de segundas personas a sus preguntas. Ella se las hacía a sí misma en alto, y se respondía a la misma rapidez-. Sí, creo que siendo rojo te sentaría bien. Además, tienes unos pechos muy bonitos, perfectos para ser adorados. Te compraremos un sujetador que los aguante bien arriba y tensos, para no moverlos. Uno azul eléctrico también estaría bien. ¡Oh, Dios mío! Me siento como si fuera yo misma quien fuera al baile. Prométeme que lo pasarás en grande, Katherine.
-          Depende de cómo entendamos eso. Quieren que enamore a Khol.
-          ¿Le petit frère?- comentó Madame.
-          Con Madame de aliada los conquistará a todos.
Pronto estuvo rodeada por una bandada de costureras, algunas de las cuales comenzaron a tomarle medidas a la joven mientras las demás comenzaban a desplegar ante ella rollos de telas de colores y materiales exquisitos. Una jovencita más baja y con gafas estaba sentada en un taburete cercano, tomando nota, cuando Madame Tussoe se unió a la conversación.
-          Para empezar, necesitará al menos seis vestidos du soir, seis de jour, tres trajes de paseo, ropa interior de seda y mucho encaje, y  cinco vestidos de tarde… —hizo una pausa, permitiendo que la ayudante lo apuntara todo—. ¡Oh! Y tres vestidos de baile. No, cinco. Por supuesto, deberán ser impresionantes —siguió enumerando Madame, lanzándole una significativa mirada a  Katherine—. Tiene que conquistar Londres.
-          ¿Dónde está esa época de los pantalones vaqueros y negros?-le respondió la aludida, resignada. Kath sonrió mientras se recreaba en la escena. Definitivamente, Madame era la compañera perfecta, y parecía desbordada por completo. Pobrecita.
-          ¿Me he olvidado de algo? —reflexionó la diseñadora mirando a Kath.
-          Chaquetillas ribeteadas de piel, capas, abrigos, chales y todos los complementos necesarios...-dramatizó con las manos por lo alto Kath-. Me temo que ya es mucha ropa de por sí, Madame.
-          Tonterías.Los paga la gran empresa ¿no? Dales el gusto de hacer algo por ti, mon coeur Y no niegues que no los necesitas. Alguien como tú siempre debe estar cambiando de imagen. ¿Cuánto hace que no te cortas el pelo? ¡Amelie! Ve a buscar a John, dile que es urgent.
-          No creo que haga falta…-empezó a decir Kath, pero inmediatamente fue interrumpida por la voz imponente de su jefe.
-           Si dije que correríamos con los gastos de los trajes exclusivos que llevarías es eso lo que haremos. Ahora deje de quejarse, señorita Newhile, y prepárese para partir en cuanto tenga los vestidos.
-          Si, señor.
Tras la marcha del superintendente, la joven se puso recta sobre la pequeña silla.
-          Bueno. Sin embargo, me gustaría que los vestidos se adaptaran a un style  más… italien- inició la marcha madame.
-          ¿Crees que transformarías a un salvaje lirio español en una rosa inglesa? —se mofó Kath—.
-          Te presentarás ante la sociedad como una rutilante estrella italiana- respondió orgullosa su amiga.
Kath no pudo evitar reírse entre dientes.
-          ¡Estupendo! ¿Elegimos las telas?
Las palabras hicieron que la bandada de mujeres la envolviera en un pequeño remolino, desenrollando metros de muselinas y rasos, finos algodones de la India y crepés, terciopelos y gros de Naples con todos los patrones y colores imaginables.
-          ¿Cuáles te gustan más? —le preguntó Madame.
Kath se concentró en el montón de telas con una aturdida sonrisa. Madame se acercó y enlazó su brazo, señalando con la cabeza un raso verde.
-          Si no encargas un vestido de noche con ese raso, me desilusionarás —aseguró.
-          Bueno, entonces tendré que hacerlo. A mí me gusta esa muselina rosa- rió por lo bajo.
Madame Tussoe alzó el rollo y se lo tendió a la costurera.
-          Excelente elección, petite. ¿Puedo sugerirte también ese raso dorado? Para la noche, por supuesto. Y el hueso de ahí también es perfecto.
Kath se encontró contemplando un etéreo raso azul que había captado su atención desde que lo llevaron al departamento de diseño de ropa. Por primera vez en mucho tiempo, se sintió tentada de pedir un vestido con esa tela.
-          Esa tela te atrae, ¿non? —Las palabras con marcado acento francés de la modista sacaron a Katherine de su ensimismamiento—. Es ideal para un vestido de noche. Para tu próximo baile. Este raso está hecho para bailar el vals.
-          No creo que baile ninguna pieza.
-          ¿No sabes bailarlo?
Kath detuvo la próxima orden de la diseñadora:
-          Sé, pero no bailo.
-  Quizá es que no llevas el vestido adecuado, petite. Te  aseguro que… si diseñara un vestido para ti con esa tela, bailarías. —Extendió la tela encima de la mesa y formó unos pliegues con el material. Dio un paso atrás y permitió que Katherine echara un vistazo a su trabajo, un ejemplo de cómo podría quedar en un vestido. Era una preciosidad.- Deberías lucir el cuello, así como la cintura. Te esconde detrás de tantos colores negros... —Madame soltó las palabras como si hablara de algo odioso—.Necesitas un vestido con estilo françois. ¡Los franceses disfrutan de las formas femeninas!
Kath se ruborizó ante el atrevido discurso de la mujer, tentada en cambio por sus palabras. ¿Se imaginaba con ese vestido? Era probable que con la suficiente confianza consiguiera disfrutar de la velada.
-          Ojo con el raso azul medianoche. Le pondremos ribetes de chinchilla. Aparta este raso. Esta tela está reservada para esta dama.
Ante aquellas palabras, las ayudantes emitieron unas risillas. Madame solo apartaba una tela cuando hacía un vestido ella misma.

martes, 1 de enero de 2013

Come home-1

 - ¡¡¡Venga, venga!!! ¿Dónde están los chicos?
 - ¿¡Todos listos?! ¡Falta un minuto!
 - ¿¡Dónde está mi cámara!?
 - Michelle, date prisa.
La plaza estaba llena.Todos buscaban aquello que necesitaban para ese momento, aunque algunos estaban preparados desde hacía mucho rato: cámaras encendidas, la botella de champagne situada bien cerca, las bolsitas de cotillón y serpentina abiertas, y la bola de New York bajando..
Ajena a tanto alboroto, una joven se mantenía aferrada a su bolso, sintiendo cómo algo nuevo en su interior crecía rápidamente, semejante a cuando de pequeña esperaba, rodeada por su familia y uvas en mano, las campanadas.

Algo le había hecho vestirse con su mejor traje, poner la música más animada que tenía en su mp3 y conducir hasta la celebración más lejana de su piso. Sólo se dejó guiar por la música, aún cuando sus ganas eran las de pasar una noche en casa, tomando chocolate caliente y trabajando. Aunque ignoraba cómo podía llegar a cambiar su vida en pocos segundos.

 - Mira, hijo mío. Ya queda poco para vivir un nuevo año- hablo esperanzadamente una madre a los tres hijos que sujetaba. Lágrimas resbalaban por sus grandes mejillas. Eran lágrimas de alegría, llenas de felicidad y amor. Sintió envidia por esa mujer. Mientras la desconocida estaba rodeada por quiénes amaba, Catherine se hallaba en una ciudad enorme, valiéndose por sus medios, y con su familia a más de 2.356 kilómetros.
Alzó la vista de nuevo, relajando su cuerpo súbitamente. Algo por el rabillo del ojo le había llamado la atención. Las luces de las compañías y sus anuncios comenzaron a atenuarse. La ciudad estaba sumida en  la oscuridad a excepción de la gran bola blanca.
5...4...3...2...1.
 - ¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!
La multitud gritó al unísono. Las parejas se besaban, se abrazaban fuertemente, lloraban dichosos, las botellas explotaban. Y ni cuando la nueva joven promesa salió a cantar en el escenario, la marea de seres humanos seguía riendo y gritando.
Entre tanto caos ella se sintió a gusto y tranquila. Disfrutaba de cada segundo y agradecía haber ido.
Millones de pequeños papelitos de colores y tiras caían sobre ella mientras el viento acariciaba su cuerpo. Los fuegos artificiales, como dioses y dueños del cielo estrellado, hacían su majestuosa aparición. Coloridos y brillantes regueros de luz dibujaban distintas formas. Globos azules volaban por la inmensidad del universo.
Le llevó un momento darse cuenta de que era observada: un hombre moreno, de casi su misma edad, la contemplaba desde delante mientras sus amigos intentaban llamar su atención.
Catherine no se ruborizó, pues pensaba que él estaría analizándola. Si iba a hacerlo, ella levantaría todas sus barreras para no resultar herida de ninguna forma. Pero él le sonrió de una forma cálida, y ella no supo qué hacer.
Pasaron unos minutos. Cuando terminó la canción y justo cuando daba media vuelta para marcharse, alguien le cogió la mano.
 - Debería quedarse. Al menos hasta escuchar la siguiente canción.
 Al darse la vuelta, comprobó que el bello desconocido se había atrevido a tocarla.
 - No sé qué podría hacer hasta entonces- respondió nerviosa.
 - Puede bailar conmigo.
 - Me temo que no le entiendo- replicó ella.
 - Baile conmigo esta canción. Y cuando acabe, puede decidir si bailar otra más y disfrutar, o volver a la seguridad de su cama- dijo la frase como si esperara una huida por su parte. Una huida a lo nuevo. ¿Podía volver a sucederle? Dudaba de ello. ¿Qué más daba? Cogió su mano derecha, apoyando la izquierda en su hombro.
 - Buena elección- alabó con una gran sonrisa deslumbrante en su rostro-. Dígame, señorita....

 - Catherine.
 - Nombre muy bonito. ¿Su cama era tan poco atractiva como para que se fuera?
 - No-. su atrevida respuesta la sorprendió, y para no parecer seca, añadió-, pero la expectativa de disfrutar un poco más de esta maravilla era tentadora.
Su única respuesta fue apretarla más contra su cuerpo al momento que ella reflexionaba:
Las personas sufren muchísimo en silencio. A veces ni nos damos cuenta. Y otras, cuando conocemos muy bien a ése pequeño ser que tan mal lo pasa, sabemos cómo hacer para ayudarles. Aunque no podemos cargar con parte de su dolor, sí podemos ayudar a levantarse cuando caen. Como un cojín que frene la velocidad de la caída y reduzca las heridas. Para algunos basta un simple abrazo, para otros hace falta mucho más trabajo: días de comprensión, noches de consuelo, paciencia, risas, desahogos, despistes, entretenimiento...Existe una minoría que nunca se recupera de las secuelas y quedan marcadas de por vida, dependiendo cada decisión del miedo y el dolor. Y ahí es cuando dejan de tener vida,para tener solamente terror.
A ella le gustaba pensar que cada persona tiene cada mañana una oportunidad para empezar de nuevo. Para olvidar y hacer un nuevo camino. El hecho del año nuevo era una excusa para ese cambio. Podía, pasadas las doce de la noche, iniciar una nueva vida con nuevos sueños: visitar a su madre en la noche de reyes, mejorar su vestuario, visitar Venecia en carnaval y disfrazarse en él, viajar a Escocia.... O cosas más sencillas como ver ésa nueva película que tanto le había llamado la atención en el cine. Eran pequeños propósitos que cualquiera podía hacerse. Sólo había que quererlo y mantener la ilusión de hacerlos realidad.
2012 se fue muy rápido. ¿Pero qué año no lo hace? La vida en general va demasiado rápido. La vida está hecha para reír  sonreír, llorar, estar triste, estar mal, estar feliz, y finalmente, estar enamorado. ¿Qué tenemos que hacer? Salir fuera y vivirla lo máximo posible antes de que sea demasiado tarde. Porque nunca sabemos cuándo puede terminar.

 - ¿En qué piensa, Catherine?
 - En que este ha sido el Año Nuevo más extraño que he tenido.
 - ¿Y acaso de eso no se compone la vida? ¿De cosas extrañas que nos van sucediendo hasta convertirnos en alguien?
 - Sí. Tiene razón. Ahora, si me disculpa. Volveré al refugio que supone mi cama. Gracias por el baile.

No tenía ninguna gana de irse, pero no quería sentir ningún tipo de atracción por ese individuo que le ponía los pelos de punta. No quería iniciar el año con la duda de si volvería a ver a ese hombre. No quería falsas ilusiones que entorpecieran su nuevo camino. Y si por casualidad, era su destino estar junto a él, se volverían a ver, cosa que ella dudaba.
 - Debería quedarse...-repuso con voz pausada que denotaba desilusión.
 - Y usted volver con sus amigos. Además hoy trabajo.
 - ¿En qué?
 - Vendiendo- le sonrió tiernamente-. Feliz Año Nuevo.
Depuso un suave beso en su mejilla, soltando su mano y caminando en dirección contraria. Planeando su nuevo futuro. Mientras Klaus veía marchar la única mujer que aceleró la piedra de su pecho.

New Year Eve



Hay gente que jura que no queda belleza en el mundo, ni magia. Entonces, ¿cómo se explica que todos nos reunamos una misma noche para recibir con esperanza el año nuevo? 

A veces sentimos que hay tantas cosas en el mundo que uno no puede controlar: los terremotos, inundaciones; aquello que la realidad muestra... Pero es importante recordar cosas que sí podemos controlar: el perdón o una segunda oportunidad, o los nuevos principios. Eso es lo que convierte al mundo en un lugar hermoso. Es el amor. El amor en todas sus formas. El amor nos da la esperanza. Esperamos el Año Nuevo. Eso significa que el Año Nuevo para mísigue significando esperanza. 

El tiempo se detuvo a mitad de camino. Está suspendido ahí para recordarnos, antes de abrir las botellas de champagne y celebrar el Año Nuevo, para detenerse y reflexionar sobre el año que dejamos atrás. Para que recordemos tanto los triunfos como los fracasos, promesas que hemos hecho o no hemos cumplido. Los momentos en los que abrimos nuestro corazón para vivir una gran aventura o  cerrar las puertas por miedo a ser heridos. Debido a que este es el Año Nuevo, recibimos otra oportunidad. Una oportunidad para perdonar, de hacerlo mejor, de hacer más, para dar más y amar mejor; dejar de preocuparnos por el "¿Y si...?" y empezar a aceptar lo que sea que venga. Por eso, cuando estos segundos detenidos aceleren hasta la media noche, y luego se conviertan en una hora nueva, acordémonos de ser amables unos con los otros, de ser buenos con el prójimo  Y no solo esta noche, sino todo el año. 




domingo, 30 de septiembre de 2012

Había una vez...


Había una vez cuatro chicas. Una era guapa. Otra era lista. Otra era encantadora y la cuarta...Misteriosa. 
Pero estaban todas heridas. Había algo en la cuarta que le faltaba. Algo en la sangre. Grandes sueños. Era toda una soñadora. Creía que podría ser diferente. Especial. Que podía cambiar lo que era: una chica herida, a quien nadie quería. Marginada.
Pero había una cosa que le impedía mostrarse como era realmente. El miedo. Tenía miedo de olvidar de dónde venía y de enfrentarse a un futuro incierto, sin saber a dónde debía dirigirse, sin saber si estaría acompañada o en plena soledad.
Al mismo tiempo, ella quería dejar espacio a lo que es real, a todo aquello que podía oler y tocar, saborear y sentir: brazos alrededor de sus hombros, lágrimas e ira, decepción y amor.
Sentía que siempre tenía que perseguir lo que sea que quisiera, siempre tendría que preguntarse si era deseada de verdad o si simplemente se habían conformado con ella. Sentía deseos de impresionar, de demostrar que podía competir con todos los demás y que no era tan fácil ganarla. Pero siempre volvía el miedo para recordarle todo lo arriesgaba. Y que ese riesgo podía volverse en su contra. Hacer que lo perdiera todo.
"Toda elección tiene sus consecuencias" se decía a sí misma, con la esperanza de calmarse. "Cualquier elección nos lleva a saber más, a ver más allá de lo que hay".
Pero no se daba cuenta de una cosa muy sencilla y a la vez tan dura: había momentos en la vida, en que uno debía elegir un camino. Y con ese camino, forjaría su carácter.

La joven miró una vez más su reflejo en el estanque, preguntándose qué debía hacer. Intentando recordar las enseñanzas de su madre tiempo atrás. Sin embargo, nada venía a su memoria. La nada, aquello que no debía ser, y que realmente era, traía el dolor y el olvido.
Sin embargo, recordó un momento con sus amigas. Un día en el que estaban en ése mismo lugar, acostadas bajo el sol, y sobre la hierba. La brisa del otoño jugueteando con sus cabellos y los árboles muriendo.
Reviviendo ése instante guardado, dijo en un murmullo suave y lastimero: "Aquí estuvimos una vez sentadas, como yo ahora... Contando las nueves en el cielo azul. Azul como el vestido de mi madre. Azul como una promesa. Una esperanza. Pero nunca se conoce a nadie del todo" y calló para sí misma "y ellas me lo demostraron. Abandonaron todo lo que fuimos en su tiempo y espacio. Cambiaron una amistad por poder y riquezas. Mientras yo permanezco aquí, con preguntas existencialistas y sueños lejanos. Sin saber a dónde ir, ni qué soy y seré."
Una solitaria lágrima, correspondida en algún otro lugar, brotó de su alma, limpiando su corazón lleno de dolor. Por mucho que creyese que había madurado, cuando lloraba, siempre volvía a tener cinco años, de nuevo.
Ella no se daba cuenta de que todos somos desconsiderados alguna vez. Todos hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos. Al final, esas lamentaciones simplemente acaban formando parte de lo que somos, junto con todo lo demás. Perder el tiempo intentando cambiarse, es, en fin, como perseguir nubes.
Una voz desde lo más profundo del bosque. Una voz sabia y melodiosa, se abrió paso a través de los árboles secos y altos. Un viento otoñal alzó las hojas dispersas a su alrededor, rodeándola por completo.
Esa voz decía "Escucha a tu corazón. Debes conocerte a ti misma, saber lo que quieres.Escucha a tu corazón, y deja que sea él quién decida."
Las tres frases continuaron tres veces más, y tal y como vino, se fue. Misteriosamente.
Asustada, prefirió pensar en otra cosa y olvidar el suceso. Se concentró una vez más en su imagen reflejada, en un pequeño espacio roto por las que fueron vida de los robles y sauces.
El lago le devolvió el rostro de una adolescente, no muy mayor de veinte años, con un vestido sencillo pero elegante de color violeta claro. El pelo castaño oscuro ondeando en la suave brisa, su cuerpo curvilíneo y su cara redondita. Sus ojos marrones y verdes cerca del iris, sus pecas y su pequeña nariz. Toda una dama de la corte, en cambio una desconocida para ella misma.
El perdón. La frágil belleza de la palabra arraiga dentro de ella cuando vuelve al bosque, pasando por el sauce caído y el lago cristalino, donde la tierra permanecía húmeda en cualquier estación, dejando un ambiente fresco en comparación a su ciudad, situada a doscientos metros del bosque. Ahorita todo desaparecería. Pero el perdón.... "Debo aferrarme a eso".... "Me aferrare a esa frágil porción de esperanza y la mantendré cerca de mí, recordando que en cada uno de nosotros hay cosas buenas y malas, luz y oscuridad, arte y dolor, elecciones y lamentaciones. Cada uno de nosotros es su propio claroscuro, su propio trozo de ilusión que lucha por convertirse en algo sólido, algo real. Tenemos que perdonarnos eso. Tengo que perdonarme a mí misma. Porque hay mucho gris con qué trabajar. Nadie puede vivir siempre bajo la luz. Y porque quiero ver hasta dónde puedo llegar antes de parar".
La revelación vino de golpe. Todo con una simple concentración alejada de todos:
En cada final... Hay también un principio.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Dolor... Muerte. Siempre están ahí.


"No, no, no, no…" Pensaba la joven mientras corría hacia la penumbra del jardín. Su cabeza entre sus delicadas manos, sus ojos cerrados con fuerza mientras las lágrimas caían por sus mejillas con fuerza y propia voluntad. Sus pasos casi iban al mismo ritmo que las pulsaciones de su corazón, martilleándole su pecho sin piedad. De la misma forma, sentía cómo el dolor ascendía por su columna, apuñalándola una y otra vez. 
Cada segundo pensando en el mismo asunto: la muerte de un ser querido nunca era una buena noticia, ni podía darse de una forma tranquila sin causar pesar en el receptor. Dolía, a pesar de las buenas intenciones, y cualquier buena acción seguiría provocando el mismo resultado. O al menos el que siempre causaba en ella.
Recordó cómo su madre había corrido ese día al teléfono, con los nervios a flor de piel. Su voz temblaba cuando respondió por él. Se ahogó en un mar de lágrima cuando lo supo.
Se dijeron sin palabras la noticia, y aunque esa fue la forma en que peor había enfrentado una crisis, para su pesar, sintió por pocas fechas en su vida, que su mundo se derrumbaba de repente, sin avisar, sin pedir perdón, sin miedo. Sólo cayendo en medio de la nada, hasta lo más hondo y oscuro de su alma. Para minutos después sentir su corazón estallar en pequeños pedacitos esparcidos por su cuerpo, desintegrándose en el aire sofocante, cuando vio  a su madre corriendo hacia el coche y luego hacia el hospital.
¿Era de ella la culpa de ésa muerte? Se hizo la pregunta cuando se arrodilló al lado del lago, temblando por el sufrimiento. No, desde luego que no era culpa suya.
 A pesar de ver cómo se abuela envejecía en una cama prostrada, sin hablar, consciente de todo lo que le rodeaba. Contemplando la forma en que sus ojos, de un azul preciosos antes, se iban volviendo negros y oscuros, tristes y solitarios. Sus ganas de vivir mermaban cada día, pero ello no le impedía seguir luchando. Si de alguien era la culpa, no era solo de ella, sino de toda su familia. Pocos iban a visitarla, y cuando lo hacían, quedaban callados sin decir nada a una pobre mujer que no veía nada que no fuera una ventana y una televisión noche y día encendido. Siempre la encontrábamos mirando el reloj, desesperada por la llegada del que tenía que darle la comida o cambiarle el pañal. Nadie la sacaba al sol, nadie le leía un  libro. ¿Qué manera de vivir era ésa? ¿De dónde había sacado tanta fuerza de voluntad si cualquier otro se hubiera rendido ante eso? Los últimos meses de su vida los había pasado en un geriátrico, comiendo por sondas, echándole mentalmente reprimendas a Dios, y llorando cuando nadie creía que la veía. Ni siquiera la nieta que había criado se había apiadado. Yo odiaba ir a hacerle cosas. No hacía más que avergonzarse de ése comportamiento. Su madre pensaba que no le importa su abuela.
Se fue quitando la ropa a tirones, con sollozos desgarrados, quedando en una suave camisola de tela muy fina, formando una melodía triste y afligida mientras aspiraba aire por la nariz y ahogaba gritos. No quería ver a nadie, no quería hablar con nadie. Quería llorar sin miedo a que le dijeran nada, sin temor a ser descubierta, comportarse irracionalmente si así conseguía desahogarse.
Se intentó poner de pie, resbalando con la orilla y cayendo de cara al agua, sintiendo astillas en su piel, la manera en que su cerebro se colapsaba por el intenso frío y su mente se quedó sin energía para mantenerla atada a la cordura. Gimió con más fuerza, agarrándose a sus piernas, poniéndose inconscientemente en posición fetal. Escondió su rostro en medio de las rodillas, dejando sus nudillos blancos de la fuerza. Las lágrimas corrían por su cara. No había nadie que pudiera cambiar. Nadie que pudiera ayudar. El frío se acomodó en su corazón. Se convirtió en granito.
Y así permaneció durante horas enteras de la oscura y fría noche de invierno. Después, sólo hubo la nada.
********
Cuando Ilya encontró a Evie en el lago horrorosamente pálida, se asustó muchísimo. Corrió hacia ella, entrando de un salto en las gélidas aguas, temiendo por su vida.
-          Evie, cariño… ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?-palmeó con cuidado aunque de forma frenética el cuerpo de la muchacha, buscando una herida y las zonas más frías-, ¿por qué te has quitado la ropa? Respondeme, por lo que más quieras…
No escuchó ninguna respuesta a su pregunta. Sacudió el cuerpo una y otra vez, cada vez con más fuerza. Sus propias lágrimas, ocultas desde hacía tiempo, brotaron de sus ojos negros, cayendo con intensidad en la cara de la joven. Volvió a hacer la pregunta, pero el silencio seguía siendo el dueño de la respuesta. Ella se estaba muriendo, y él la estaba perdiendo para siempre.
Pegó su oído al pecho de ella. Su respiración era muy débil.
 - Por favor, Evie... No me abandones ahora que puedo estar contigo. Te amo.
Pero seguía sin ocurrir su milagro. Estrechó a su novia en sus brazos, llorando desconsoladamente. Apretando el cuerpo hasta más no poder, dando por seguro su perdición. Mientras el frío congelaba su poderoso cuerpo.
Sin embargo, llegó a entender unas palabras muy bajas, casi como si fueran un halo de esperanza.
-          Vete… Quiero estar sola, por favor.
-          ¿Piensas que voy a dejarte sola aquí? ¿Arriesgándome a perderte por una hipotermia? Antes loco que…
-          Se ha muerto, Ilya… ¿No lo entiendes? Se murió. Se murió y me duele muchísimo…
Sus manos rodearon a la pequeña, subiéndola en sus brazos y sacándola del estanque, colocándola sobre la tierra con cuidado y la arropó con su chaqueta, atrayéndola hacia él. Le regalaba su calor, y ella casi no oía lo que le decía debido al castañeo de sus dientes entre sus labios morados.

-          Evie, sabes que siempre me vas a tener de tu lado, siempre: a mi, a Óscar, a Erika, a Esther, a tu madre y tu hermano… A todos tus amigos y familiares. No quiero que te vayas sin decirme nada, sin decirme a dónde, pero si lo necesitas, si de verdad lo quieres, te dejaré ir. Yo, si te soy sincero, no quiero que te marches que nos dejes, espero que lo pienses mejor o no sé... Ahora que volverá Esther, que ha vuelto Martina; podremos echarnos unas risas al estar juntos. Besarte y amarte, sé que se hará igual en una ciudad u otra pero preferiría que te quedaras. Te amo mucho nena, eres una persona muy especial para mi, aunque algunas veces me cabreo, o te irrito, o te cabreas tu conmigo…Lo nuestro no lo rompe nadie, así que no creas que podrás escapar tan fácilmente de mí cuando más lo necesites, porque será cuando más intente estar para ayudarte.
-          Dios… ¿Por qué me dices estas cosas ahora? ¿No ves que me haces llorar más?
-          Porque sé que ahora es cuando las tomarás enserio de verdad.
-          Calla ya... Llévame lejos de aquí, por favor… Si mi madre me encuentra no quiero escucharla. A ella ni a sus reprimendas...
-          Te llevaré hasta el fin del mundo si hace falta, cariño mío.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Here I am


“Ser bueno hoy en día es ser tomado por bobo, ser justo... Por imbécil, tener moral y honor... Es ser retrógrada...Y  tener compasión es tan solo de débiles. Pero entonces qué le voy a hacer si resulta que soy: Bobo, Imbécil, Retrograda y Débil... Es que casi lo prefiero, lo contrario sería haber caído en un individualismo estúpido que no lleva a más que la soledad.”

Una vez más hizo uso de sus sonrisas para escapar del compromiso que le suponía bailar un vals con Lord Frederick de Montrose. Barón francés, cazafortunas y libertino de primera categoría.
Aún me sorprendía que nadie estuviera al tanto de las jóvenes inteligentes expuestas a la Sociedad Inglesa, terminando a principios de la primera temporada como simples floreros en una silla poco cómoda en mitad de un baile, rodeadas de hipócritas y hombres idiotas que no sabían ver la belleza que ellas ocultaban. Pasaban desapercibidas entre la multitud. No les hablaban, no las miraban, ni escuchaban. Podía resultar una bendición esa situación.
 Pero… ¿Qué pasaba si en medio de tanta multitud estaba el hombre que amaba? ¿El único amor de tu vida pasando largas horas encerrado entre mujeres insípidas, carentes de moral?  Eran bellezas clásicas, casi siempre demasías clásicas. Féminas bien dispuestas a pasar noches a escondidas de sus maridos; aunque sus figuras y caras eran atractivas, pronto comenzaría su declive debido a los rigores de sus indulgentes estilos de vida. Debían demasiado, y pasaban demasiado tiempo en fiestas y salones. A veces eran tan perfectas que comenzaban a aburrir. Mujeres sin moral, simple y llanamente eso.
El amor de verdad solo surgía entre dos personas que tengan mucho en común, ¿cómo entonces encontraría al amor de su vida entre tantos pomposos lores? Los gitanos dicen que los hombres y mujeres son mitades de una sola unidad que ha sido cortada y separada, y que vagamos en busca de nuestro compañero del alma, ese al que estamos destinados. El destino hará que estemos juntos, y si no, el compañero del alma estará todavía ahí fuera, esperándome en algún sitio.
Todo el mundo le decía que era distinta; “es usted una mujer encantadora, querida, sin duda llegará lejos. No es la típica joven y eso la ayudará a dar una buena impresión” me había dicho Lord Avenley. “Era joven y vivaz, una <> según había oído decir a alguien un minuto antes. Una mujer que vestía ropa cara con elegancia y que podía hablar de muchos temas diferentes” le había confesado Rosalie Berkeley. “No importa lo que pase, Evie, eres la clase de persona que siempre sale adelante; posees talento para hacerte amiga de aquellos que pueden ayudarte”, confesó Rand Lancaster.
Sin embargo, mi familia quería  que me casara con un joven educado que jamás me haga daño. Pero no era tan frágil como ellos pensaban. Necesito a alguien con quien pueda discutir de vez en cuando, alguien que me haga frente, alguien que no se deje intimidar por mí. No quiero a alguien más frágil que yo.
Sin embargo, ya tenia en mente a quién le gustaría tener como esa persona. Ilya Prakovsky. Había pocos hombres como él, capaces de atraer la atención sin esfuerzo alguno; era imposible pasar por alto su presencia. Era excitante estar junto a Ilya, era atractivo y agudo, poseía una sonrisa audaz y un temperamento que variaba con la velocidad del rayo. Era difícil predecir qué  cosas se tomaría en broma o en serio, pero ése era uno de los rasgos más atractivos de su carácter.

Aunque… ¿qué más me daba no casarme? No iba a conseguir al hombre de sus sueños (él andaba muy ocupado con otras damas, y ella la pasaba de la edad casadera). El matrimonio era sólo una ceremonia cuya finalidad era unir a dos personas para toda la vida, y ella sabía que ningún ritual, juramento ceremonia podía disipar la sensación de soledad que sentía. El matrimonio no cambiaría nada, ni tampoco cambiaría aquella certeza interior de que ella no encajaba en ninguna parte.
-          No comprendo esa fijación tuya sobre los papeles y los sitios-dijo Marley Shesboorn en un momento de privacidad, desconcertada-. No desempeñas un papel en la vida, simplemente vives.
-          Que yo sepa, ya he vivido varias vidas cuando todo lo que quería era vivir una-me froté la frente con gesto cansado-. Oh, qué vieja, qué estropeada me sentiré al lado de esas chicas de diecisiete y dieciocho años. No saben nada del mundo, pero sí saben cuál es su lugar en él. Ya saben quiénes son y qué harán con su vida. Son tan maravillosamente convencionales que no puedo por menos que sentir envidia por ellas.
-          No creo que puedas juzgarte a ti misma por los estándares convencionales.
-          Pero eso es lo que harán todos los demás. ¿No lo ves? Esto es un error…, es un error pretender que encaje en tu mundo. Me siento como un ladrón que intentara entrar furtivamente por la puerta lateral de una casa para ocupar un lugar que no me corresponde. ¿No sería mejor encontrar un empleo para mí en otra parte? Algún lugar seguro y apartado donde no llamara la atención.
-          No serías más feliz de esa manera-dijo Marley con terquedad-. Y si lo que dices es cierto, y en realidad no perteneces a ningún sitio, entonces bien puedes aceptar los planes que tengo para ti. Tanto te dará casarte con un barón que con un panadero.
-          ¿No crees que estás siendo un poco extremista?
-          Tú no eres una persona convencional. Tienes tus propias reglas, y piensas y sientes de acuerdo a ellas. Eres mucho más hermosa que las jóvenes que dices envidiar, eres mucho más interesante y digna de amor que ellas. Eres…-Marley suspiró y me miró con impotencia-. Eres Evangeline Jenner, eres diferente y especial. Y eso no va a cambiar.
-          Guardé silencio durante un buen rato, meditando las palabras de mi amiga hasta que adquirieron un extraño sentido para mí. Con el innato sentido práctico que había heredado de mis antepasadas brujas, comencé a darme cuenta de lo inútil que era lamentarme por lo que nunca podría llegar a ser. Yo era quien era y, como Marley había señalado, no podía hacer nada para cambiarlo. ¿Tan difícil era sacarle partido a la situación? ¿Acaso tenía otra elección?
-          Sí, soy Evangeline Jenner-dije con una sonrisa cansada-, y supongo que podría haber sido alguien mucho peor, ¿verdad?


domingo, 12 de febrero de 2012

Llorar.

Al final del día, la joven luchadora que todos conocían, termina como lo que es, una joven insignificante como las demás.
Al final del día, por mucho que hiciera durante él, no es más que una chiquilla inofensiva e inocente.
Pero eso no ha de importarle a nadie, porque esa joven que ahora se acurruca en su cama, recogiéndose los pies, temblando por los espasmos de llorar, solo puede verse de una forma: perdida en este cruel mundo. Perdida y sin ganas de seguir luchando...
¿Qué sentido tenía luchar hasta el final, si nunca conseguía nada? 
Toda su vida rodeada de lágrimas, de sufrimientos, de penas y frustraciones, sueños rotos y pérdidas... ¿Todo para qué? ¿Para sufrir algo peor más adelante y obligarse a levantar una vez más su moral, sus ilusiones y esperanzas?
<> Le había dicho su abuela antes de morir. ¿Dejaría de latir el de ella esta noche? ¿Tenían sentido sus latidos? ¿Y si lo tenían, por qué era?
"Me siento de la misma manera que todos ustedes pero de alguna forma siento que puedo mejor y hacer que todo cambie... dándole sentido a las cosas como deberia ser.... Pero de igual manera esta maldita soledad no se separa de mi... Juro que ya no se a donde dirigirme..." Pensaba mientras se limpiaba las lágrimas de las mejillas y soñaba con su abuela.
 - Te echo de menos, abuela... Desearía que estuvieras aquí-decía la pequeña al mismo tiempo que abraza a la anciana de delante de ella.
 - Cariño mío, yo estoy siempre a tu lado, recuérdalo, nunca te dejaré... 
- Lo sé, pero me siento tan sola al mismo tiempo, no sé qué hacer, ni cómo escapar de esta angustia que corroe mi corazón. Me siento desfallecer y a la vez caer en un vacío interminable donde las penas se agolpan en mi pecho, y lo oprimen tan fuerte que siento como me asfixio.
- No dejes que lo haga. La tristeza es como una esponja que absorbe la sangre de tu cuerpo sin dejar una sola gota.
- Soy el santo, orando en la terraza, como las bestias pacíficas que pacen hasta el mar de Palestina. Soy el sabio del sillón sombrío. Las ramas y la lluvia se lanzan contra la ventana de la biblioteca... Los senderos son ásperos. Los montículos se cubren de retamas. El aire está inmóvil. ¡Qué lejos los pájaros y las fuentes! Tiene que ser el fin del mundo.
- ¿Cómo puede una niña tan buena y linda como tú, decir esas cosas? Eres fantástica, llena de energía, luchadora y de armas tomar. No te des por vencida.
-¿Pero de qué me vale si siempre sufriré?
- Esos momentos malos, se verán recompensados por los buenos, ya lo verás, y aunque duren unos segundos, te darán la fuerza para seguir adelante. Sólo tienes que esperar a que lleguen, y no rendirte.
- La vida es una farsa, abuela. Yo misma lo soy.
- No, mi vida. Tú eres lo más lindo que surgió de una pareja.
- Una pareja que no se amaba... Ya no puedo hacer nada más.
- ¡Yo hablaba de una mano amiga! Es una buena ventaja poder reírme de los viejos amores engañosos y cubrir de vergüenza a esas parejas mentirosas -he visto allá el infierno de las mujeres- y podré poseer la verdad en un alma y un cuerpo.
- ¿De qué hablas, abuela?
- Deberías tener una pareja. Hay una catedral descendente y un lago ascendente. Hay un pequeño carruaje abandonado en el soto, o bien bajando a toda prisa por el sendero, adornado con cintas. Hay una compañía de cómicos ambulantes, vestidos para la representación, divisados en el camino por entre la linde del bosque. Hay siempre, en fin, cuando se tiene hambre y sed, alguien que llega y os echa de allí.
- No entiendo nada...
- Lo noto, pero ya verás como mañana al despertar, entenderás mas de lo que piensas. Quiero que recuerdes estas frases:
*No es grande aquel que nunca falla si no el que nunca se da por vencido
*El fracaso consiste en no persistir, en desanimarse después de un error, en no levantarse después de caer 
*Cada fracaso supone un capítulo más en la historia de nuestra vida y una lección que nos ayuda a crecer. No te dejes desanimar por los fracasos. Aprende de ellos, y sigue adelante.
*Si quieres triunfar, no te quedes mirando la escalera. Empieza a subir, escalón por escalón, hasta que llegues arriba. 
*Utiliza tu imaginación, no para asustarte, sino para inspirarte a lograr lo inimaginable 
 *Los grandes espíritus siempre han tenido que luchar contra la oposición feroz de mentes mediocres 
*El futuro pertenece a aquellos que creen en la belleza de sus sueños *Somos dueños de nuestro destino. Somos capitanes de nuestra alma