jueves, 29 de diciembre de 2011

Navidad.Part.8.

<<Para hacer algo especial, basta con creer que es especial.>>
Volvíamos al bar tal y como nos fuimos una hora antes, él en la moto de uno de mis tíos, y yo en el Mitsubishi que mi padre me había regalado años atrás.
Seguía pensando en lo ocurrido con Miriam. Mi mente seguía pensando que era posible aquellos que presencié, mientras el corazón dictaba lo contrario: debía confiar en Ilya, pues él me amaba y me había jurado amor muchas veces, como yo a él; ésa era una de las razones por las que mi voto de confianza y mi tranquilidad caminaban- a veces haciéndome dudar- pero asegurándome un futuro mejor del que yo creo.
Desde el espejo retrovisor le veía sonriéndome, como si con una sonrisa, pudiera calmar todos mis nervios.  Era tan mono subido sobre la motocicleta, mi cabeza ya lo imaginaba con un casco deportivo, estaría guapísimo, como cuando se ponía las bufandas que él llamaba bragas y yo bufandas cerradas en círculo. Era tan bello de todas las formas posibles, que la mínima idea de vérmelo con otra mujer, me dolía en el alma.
¿Y si Miriam no reconocía nada? ¿Y si en verdad ella mentía? ¿Cómo sabría yo quién dice la verdad? ¿Debería dejarme llevar por mi corazón, aún cuando esté muy segado de amor? ¿O aparecería el instinto femenino, sin confundirlo con el amor?
Estaba aterrorizada, y no dejaba de dar suaves golpecitos en el volante cuando terminé de aparcar el coche frente la entrada de la taberna pegada al restaurante de mi padre. Ilya me abrió la puerta, esperando pacientemente a que mi cuerpo respirara antes del enfrentamiento, probablemente, peligroso para alguno de los miembros de mi familia. Debía correr el riesgo, me gustara o no.
-          Vamos…
Su mano se cerró sobre la mía con tal seguridad, provocando más aturdimiento en mí misma, que no pude más que reprimir el llanto amenazando con salir al exterior. Un llanto el cual me tenía agonizando de dolor.
La cortina de madera se movió tras nuestra entrada, advirtiendo a mi tía Rosa de la entrada de su sobrina, la que minutos antes había pegado a su hija.
-          ¿Se puede saber por qué le pegaste?-alzó  la voz aún cuando no habíamos tomado constancia de la escenita que se nos venía encima.
-          Evie estaba en todo su derecho- aclaró mi padre.
Girándose a él, Rosa lo encaró:
-          Tu hija no tiene derecho a nada aquí, y debería haber dejado que Miriam dijera lo que tenía que decir antes de tomarse la justicia por su mano.
-          En todo caso, tu hija debería haberse cerrado las piernas antes de intentar seducir a Ilya… En mi pueblo eso es de putas.
-          ¡¡¡Yo no soy nada de eso!!!- gritó la eludida, golpeando con fuerza la barra… Y se hizo daño en la mano.
Mi padre y mi tía seguían discutiendo, mientras yo, lo más alejada posible, me sentaba en uno de los taburetes, apoyando los codos en el acero inoxidable, y tapando mis oídos, ajena al mundo que me rodeaba, cerrar mis ojos y descansar un poco. Escuché cómo los gritos sonaban más altos, y la voz de Ilya a mi lado, susurrándome que todo estaba bien, al mismo tiempo que su brazo me rodeaba la espalda  y me susurraba palabras relajantes al oído.

-          Puede que sea tu hija quién necesite un par de nalgadas en el culo. Miriam ha recibido la mejor educación posible durante…
-          ¡¡¡Claro!!! ¿Cómo no? Por eso llamaba a mi hija “Diccionario Andante” siempre que la presentaba a alguien- intervino mi madre, que acababa de llegar, furiosa-.
-          ¿Quién te ha dicho nada, Lourdes?-dijo mi tía.
-          ¿Y quién le dice a usted que puede tutearla, señora?- contraatacó mi padrastro, con nervios de acero y voz sacada de la penumbra.
Mi hermano corrió dentro y yo rodé sobre mi asiento para esconder mi cara en el pecho del que, si Dios quería, continuaba siendo mi novio. Él sólo me apretó, apoyando su cabeza sobre la mía, y masajeando mi nuca, besándome el cabello cada poco y tocándomelo cada mucho.
Debía reconocer que me sentía segura en sus brazos, incluso cuando le rozaba adrede, pero eso me daba más miedo aún. Si terminábamos por cortar, no sé cómo sería mi vida… Después de cuatro años de relación, y dependiendo psicológicamente de él, era una tortura y a la vez una bendición. Tortura por el miedo atener que emprender mi vida nuevamente sin alguien, pareja, que me amara; bendición por sentirme tan querida y necesitada, valorada y estimada.
Yo ya no escuchaba nada, tampoco quería… Sólo pensaba en que daría mi vida por el amor de Ilya y aún más. No tenía palabras para explicar todo lo que él iba provocando en mí día a día, ni lo que sentía. Todo era dulce, el blanco y negro se volvía color… Y yo sólo estaba segura de que le amaba y le haría sentir lo mejor del mundo a mí lado. Porque él me daba su amor sin medir, y yo quería pasar mi vida entera junto a él. En realidad, es poco decir que soy quién le cuidaba desde la distancia, incluso es poco decir que encuentro mi paz en cada beso suyo…
Recordé la vez que me parecía que me pedía matrimonio. Me estaba cantando una canción de Chino y Nacho, y una de las estrofas insinuaba tal compromiso… Recuerdo cómo le dije si me pedía matrimonio con esta canción… Y cómo él me decía <>, yo le contesté que más le valía.
Otra mano, distinta a la de Ilya se apoyó en mi hombro. Unas manos muy suavecitas y pequeñas me pusieron un MP3 ya encendido, donde sonaba una versión de Downton Abbey, Every breath you take. De reojo, di las gracias a mi hermano, me miró mi pequeñín con los ojitos azules, sabiendo que todo iría bien, pero no tuve tiempo de más, Ilya se puso tenso y apretó demasiado su abrazo, pensando yo lo peor. Escuché como que decía algo de mala gana, y luego explotaba  en insultos enfadado, hasta que yo no pude aguantarlo más. Apegada a él me giré a mi familia, y dije:
-          Estoy cansada de todas estas tonterías. ¿Alguien puede decirme, preferiblemente tú, Miriam, qué hacías encima de Ilya?
Hubo un minuto de silencio demasiado tenso. Mis primas se miraron entre sí, dudosas de contar la verdad.
-          No me enfadaré-prometí.
-          Lo hacíamos… Para dejar constancia de si su amor era real, o no.
No me hizo falta ver la cara de Ilya para saber que sus ojos estaban desorbitados y su enfado crecía dentro de él.
-          ¿Perdón? Creo que sigo perdida en vuestra explicación y sus actos.
-          O sea…-decía Miriam-, me puse a intentar seducirle para saber si te amaba de verdad o no le importabas tanto… Para saber hasta dónde llegaría por ti.
-          Creo conocer lo suficiente a la persona amada como para saber cuándo me mentiría.
-          Pero nosotras queríamos estar tranquilas de que de verdad te merece.
-          ¿Y no podrías haber preguntado?
-          No hubiera sido lo mismo.
-          Esto es una locura. Podrías haber provocado una ruptura- estalló mi madre, que sentía afecto por su yerno-, y entonces ¿qué habrías hecho? ¿Lavaros las manos como cobardes?
-          Nosotras… No sabíamos que llegaría a tanto…
-          Evie, de veras, no te enfades, lo hacíamos por tu bien.
-          La próxima vez, dejadme en paz.
Salté de la silla, caminando hacia mi cuarto para hacer las maletas, pidiendo disculpas a mi padre por no quedarme más tiempo con él. Ilya me seguía muy pegado, agarrando mi mano.
-          ¡Pero no te enfades, mujer!
-          No me enfado- di la vuelta sobre mis talones, mirando muy seria a Miriam-, lo prometí, pero a mi no me vuelvas a dirigir la palabra.
-          No saques las cosas de quicio, contra.
-          ¡No haberte metido en mi vida! ¡Nadie te mandó!
Mi novio hacía la cama mientras yo guardaba la ropa en la maleta, asegurándome de que todo estaba correctamente  y no faltaba nada.
Volvimos a cerrar la puerta con llave, pues Miriam y mis primas seguían gritando que no me enfadara.
Me detuve, mirando a Ilya con lágrimas en los ojos, no me hizo falta decirle lo que necesitaba.
-          Ven aquí, cariño.
Sus manos volvieron a rodearme, besando mi mejilla.
-          No entiendo por qué me duele tanto… Si la odiaba desde hace mucho…
-          Porque a pesar de todo, sigue siendo tu familia…. Siempre dolerá.
-          Quiero irme, ya mismo… No soporto ni un segundo más aquí con ellas.
-          Vale, pero antes, debo hacer una cosa…

Supuse que aquello que él tenía que hacer era despedirse de mi madre, lo que yo no dudaba en hacer también, pues no sabría el momento en que volvería a verla, ni a mi hermanito, ni a mi padrastro o mi padre… Y se merecían una adiós.
Lo que no supuse que pasaría, fue ver cómo al salir, en medio del jardín rodeada de árboles, flores y niños corriendo de un lado para otro, de cara al mar, con el cielo totalmente despejado, delante de mi familia, y con un sol realmente brillante… Ilya se arrodillara ante mí, con un estuchito plateado en sus manos.

-          Puede que no sea una pedida como realmente se merece una princesa como tú, una dama tan bella e importante… Pero debo hacerlo de alguna forma, y no me importa si para que aceptes tengo que bailar claquet, cantarte nuestra canción, recitarte frases de Shakespeare, ser famoso, o llevarte al fin del mundo. No me importa, si tengo la posibilidad de pasar el resto de mis días a tu lado, aunque no pueda darte todo lo que quieras: una mansión con lago, campo, caballos, habitaciones enormes y espaciosas, junto con la biblioteca repleta de libros, y con sala de música; viajes alrededor del mundo, visitando los sitios específicos, o poder ver el espacio exterior… Pero sí que puedo asegurarte, que haré todo lo posible para hacerte la mujer más feliz sobre la faz de la tierra, ya sea mostrándote ese universo alquilando un salón y haciendo un vídeo en 3D; pintando partes de nuestra casa tan real, que parezcan pasillos o ventanales de colores; como si recogemos a todos los perritos abandonados y nos los quedamos… No me importa hacer lo imposible, porque se que vale la pena… A pesar de  que mi rodilla se esté durmiendo sobre el suelo, y probablemente haga el ridículo delante de todos… Sólo quiero oírte decir que sí… A mi pregunta de…- el jovenzuelo, nervioso pero muy seguro de sí mismo, enfrentó el futuro que se le vendría encima con una joven que poseía un carácter difícil de controlar, una personalidad muy complicada, y el espíritu de una romántica soñadora-, Evangeline Jenner ¿me concederías el honor de casarte conmigo
-          Yo-no sabía qué decir. No me esperaba su proposición, mucho menos ese día, después de lo acontecido… Nunca pensé que llegara tan temprano la petición de mano. Ni siquiera mi futuro estaba asegurado, ni sabía que me deparaba. Pero uno nunca sabe que pasará dentro de diez segundos, y yo sabía que le amaba. No tenía que esperar ninguna prueba de ningún tipo-, yo estaría encantada de pasar mi vida contigo, Ilya.


Y cuando las estrellas brillen
Con mas fuertemente en el cielo aterciopelado,
Pediré un deseo para enviarlo al cielo.
Y entonces hacer que quieras llorar
Las lágrimas de alegría por todo el placer,
En la certeza de que estamos rodeados

martes, 27 de diciembre de 2011

Navidad.Part.7.

-          El paro está bajando, pero la única realidad, es que los pobres son más pobres, y los ricos, ¡Más ricos!
Desde el salón mi familia paterna despotricaba sobre el discurso del rey, grabado en vídeo desde que fue emitido; y estando ellos borrachos, aclamaban, despreciaban, reprochaban o tildaban al rey de mentiroso e inventor, pues era el menos indicado para dar ánimo a la población española, cuando su familia real y él gastaban más de dos millones de euros, la mayoría impuestos, de buena vida. Fueron sus gritos los que me despertaron de la ensoñación en la que me encontraba, abrazada a Ilya, bajo la ropa de la cama (sábanas, manta térmica y colcha).
La vida junto a él era muchísimo más fácil, tranquila en cierto punto de que no tenías que ir corriendo a todas partes; viviendo nuevas aventuras cada segundo del día, amando sin límites, soñando que todo es posible... Habíamos perdido el rumbo, no sabíamos cómo salir adelante  sin apoyo... Pero desde la distancia, él llegó, sin aviso de ningún tipo, regalándome su corazón... Era extraño, saber que te amaban en España, y tú en las Islas Canarias, intentando mantener el orgullo y no caer en la desesperación y lo imposible de nuestra relación. En realidad, sólo faltaba valor para iniciarla, persistir bajo la tormenta.

Una vez, cuando todo era ideal junto a él, aunque fuera un sueño, me sentía junto a él, estando a mi lado, protegiéndome... Sabía en un punto concreto de nuestra relación que nos encontraríamos, aunque tardáramos una vida completa en poder vernos. A través de todo, sabíamos que el amor resistiría lo que fuera.
Más allá de toda posibilidad de ruptura, seguíamos creyendo en nuestros pasos, a veces con miedo, otras con ilusión, pero siempre con fuerza y decisión. Y a cualquier distancia, nuestras vidas y amor, siempre estuvieron ligadas por un lazo muy fuerte.
Soñábamos con un mañana, un nuevo mundo que llegaría, era posible si él estaba a mi lado, decididos... No existían fronteras cuando dormíamos, siempre aparecía en mi mente. Vivíamos con la emoción de volver a sentir, pero en carnes propias. El sol siempre brillaba en el mar, recordándonos la bondad que teníamos en nuestro futuro. No habrá nadie que destruya de nuestras almas la verdad, nadie... Eso me lo decía siempre... Y me encantaba imaginarnos sin barreras, sin arrepentirnos de nada... Sólo era posible todo estoy y mucho más, si estábamos juntos, todos los días, como sería de hoy en adelante.

Nadie se pudo enterar de las veces que estuvimos moviéndonos, pues la cama no tenía pequeñas barras de hierro debajo, y estaba bien sujeta al suelo. La puerta estaba cerrada con llave, por lo que nadie podía entrar y pillarnos in fraganti. Pero ahora, despierta, a punto de amanecer, y escuchando los gritos de mis tíos que al parecer no durmieron nada, decidí mandarles a echarse una pequeña siesta para el tiempo que quedaba.
Saqué de mi maleta la ropa que me pondría hoy: unos pantalones vaqueros hasta las caderas, unas botas negras de lana y una blusa de manga larga blanca. Pero antes de salir por la puerta, mi chico se despertó, preguntándome a dónde iba tan temprano. Me acerco lentamente, sonriéndole, acostándome a su lado, y besando su puente de la nariz.
-          Vengo en seguida, sólo voy  a mandarles a callar…
-          ¿Y para eso necesitas vestirte?
-          No iba a salir con la bata que me regalaste- saqué mi lengua, al mismo tiempo que él se reía por mis muecas-. No tardo, de veras. Sigue acostado.
Sus manos se dirigen a mi pelo, jugando con él.
-          ¿Recuerdas hace años, cuando te dije que quería una foto tuya en cuanto te levantar?
-          Sí, me daba vergüenza que luego te arrepintieras.
-          Nunca lo hice; pero me encanta despertarme junto a ti, ver tu pelo desordenado como muestra de la agitada noche que disfrutaste, ver tus ojos color miel, con ligeros tonos de verde, totalmente somnolientos, y tu voz, tan ronca y excitante… Una diosa con palabras mayúsculas.
-          Tu pequeña diosa. Pero debo irme… Cuánto antes me vaya, antes podré volver contigo.
-          Y entonces me deberás un beso.
-          ¿Sólo uno? Vale.
-          Cachís...
Besé sus labios, y en menos de un segundo, impidiendo que él pudiera retenerme, salí corriendo escaleras hacia abajo.


                                                             ******************
-          ¿Miriam? ¿Qué haces aquí? ¿Buscas a Evie?
La joven me miró como si fuera un postre para un niño en verano, deseable y sabroso.
-          En realidad, venía buscándote a ti…
Sentándose en el borde de la cama, justo donde durmió mi Evie, pasó sus manos por mi cara, provocándome unas pequeñas cosquillas, y no de placer precisamente.
-          ¿Para?
Esta chica no me cae nada bien, pensé para mí mismo, pues no dejaba de intentar buscarme, o seducirme de tal forma que pusiera los cuernos  a su prima… El caso es que si son primas, ¿cómo van a querer desearse una a otra lo peor? Menos por estas fechas…
-          No sé que le ves a Evie, sinceramente. Es una chiquilla tonta, tímida, ingenua, no sabe nada de los placeres de la vida y…
-          ¿Acaso tú sí los conoces?
-          Puede- su mirada recorrió lentamente mi pecho, que inmediatamente tapé con las sábanas, o lo que quedaban de ellas-. Pero me interesa saber cómo es que acabaste tan enamorado de ella, como dicen los demás.
-          Quizás porque no parece andar buscando nada, de forma interesada en ningún hombre que le rodee.
-          Yo tampoco lo hago- me miró con picardía.
-          Eso no lo sé. Pero intentes lo que intentes, te pido por favor, que te vayas ya.
-          ¿Tienes miedo de que pueda conseguir lo que quiero de ti?
-          De lo que tengo miedo, es que Evie entre por esa puerta, y mal interprete.
-          Puede que ella deba hacerlo. Así tú estarás libre para mí…
-          Yo nunca seré tuyo. No es la primera vez que me las veo con chicas que no saben cómo pasar su tiempo libre. Y estoy completamente enamorado de Evie, métetelo en la cabeza, y vete. Pues estoy intentando ser amable, y puedo terminar por sacarte a rastrar, algo que no me gustaría.
-          Veremos, Darling.
Miriam se me echó encima, gritando, dando a entender que en el cuarto de al lado se hacía el amor, como si de una tormenta se tratara y todo el mundo debía conocer. Mi problema era que no quería hacerle daño, intentando detenerla, usando poca fuerza, pero que sólo servía para acercarla más a mí.
Sin darme cuenta, me quitó las prendas que cubrían mi desnudo, y se puso encima de mí, mientras seguía gritando.
Los pasos apresurados de Evie no tardaron en escucharse, y ella apareció asustada en el umbral de la puerta, junto con su padre, bate dispuesto para ser usado como arma de defensa.
Pude ver perfectamente como el semblante de los dos cambiaba radicalmente, el que más me llamó la atención y mas preocupado me tenía era el de mi enamorada. Pasó de  blanco a verde, de verde  a morado, de morado a rojo, y de rojo a negro de rabia. Tan negro era su color que de golpe tiré a Miriam al suelo, corriendo hacia Evie por si se desmayaba al apretar fuerte los puños y aguantar la respiración para no gritar.
-          Cariño…
Sus ojos se fijaron en los míos, totalmente gélidos, llenos de desprecio.
-          A mí no me llames cariño, hijo de puta.
Cogió de su mesa las llaves del coche, bajando las escaleras de dos en dos, mientras yo intentaba taparme con unas sábanas y esquivar al armado hombre.
-          Déjeme salir…
Miriam se adelantó mientras mi suegro la insultaba de todo y de lo último. Aproveché su despiste para bajar apresurado y apreciar la brutalidad con la que mi novia cerraba la puerta y Miriam chillaba en el exterior con ella. Los retazos de la conversación que llegaron a mi oído, sobre todo las palabras de Evie fueron: ojalá lo hayas disfrutado porque si fuera por mí, te dejaba sin ovarios ahora mismo. Me sorprende que tardaras tanto en tirártelo, total, eso hacen las guarros, destrozar relaciones. Pero gracias, así sé que el chico no valía tanto la pena como para guardar fidelidad. Al igual que sé ahora, que la gente como tú no vale ni una mierda.
Abrí la puerta, cogiendo la mano de Miriam a punto de que pegara a Evie, tirando de ella hacia atrás, mientras, angustiado, pedía por favor a mi novia que me dejara explicarme.
Pero no hubo forma, no había empezado a hablar cuando Miriam y Evie se pelearon, tirándose del pelo, blasfemando, incluso haciéndose feas heridas.
Mi suegro salió también del bar, dictaminándome que me vistiera y saliera, mientras él intentaba separarlas.
Y así hice.
                                                      ********************
-          ¡No te soporto!
-          Si él quería, estaba en su derecho.
-          Claro que tiene derecho, pero conmigo, zorra.
Un derechazo que provenía de mi brazo impactó bajo la mandíbula de mi prima, derrumbándola contra el suelo. Sentí unos brazos rodéandome, pero que me impidieron esquivar la patada que mi prima me procuró entre las piernas, cayendo de dolor, y sin equilibrio.
Intentaron ponerme en pie mientras mi tía Elidia echaba la bronca a Miriam por su comportamiento. Pero eso no me importaba a mí, porque la persona a la que yo creía la más noble de todas, me había traicionado.
Cogí de nuevo las llaves del coche, entrando en él y encendiendo el motor.
-          Evie, ¡¡¡espera!!!
No me importaba quién estuviera llamándome, yo ya ponía la cuarta marcha y salía corriendo con el Mitsubishi 3.000 gt cuesta abajo. Programando mí radio caset para que sonara una canción lo suficientemente aceptable en esta situación.
Mantuve el pie en el acelerador, incrementando de esta forma la velocidad, y dando las curvas cerradas con mucho peligro de salir de la vía. ¿Pero qué más daba? No me interesaba.
Notaba como la gravedad me empujaba en una y otra dirección, relajando unas zonas de mi cuerpo, incrementando la presión en otras.
Me había cansado de todo. ¿él me había puesto los cuernos? ¿Por qué? ¿Acaso no era suficiente con lo que yo le daba? ¿O tan repugnante le terminé resultando que sólo le interesa lo de él? ¿Qué hice mal? Pero es que yo no tengo la culpa ¡La tiene él! ¡Y encima con una prima!
Ilya me había mentido todo el tiempo, nunca sintió nada por mí, o conocía a mi prima de antes y quería mantenerlo oculto... ¡Pero es que nada tiene sentido! ¿Por qué iba a hacerlo?
él era todo lo que yo amaba... Como mi hogar...
Siempre fue ella la que quería todo lo que yo. Deseaba ser yo misma, y se convirtió en mi enemiga... ¿Pero y mi novio? ¡Qué tortura! No sé ni cómo controlar mis pensamientos... Mi cabeza está a punto de estallar.
¿Es él un novio de verdad? La verdad nunca pensé que me traicionara, tantas promesas que me daba, tantos sueños juntos... Para nada... Sólo había una explicación: fui un mero pasatiempo.
La gente tiene razón cuando dice que no merezco nada, soy imposible de amor, de una u otra forma nunca tendré una pareja de verdad.... Una maldición que me ha acompañado siempre... ¿Pero a dónde pertenezco entonces?
¡¡¡Joder!!! Yo soy una periodista reconocida, tengo todo lo que quise, y viene este imbécil a retozar con mi prima... Pero resulta que éste imbécil... Dios... Es el amor de mi vida...
Mi corazón, se rompía a cada metro que me separaba del bar, ansiando volver, como un perro, aunque fuera por migas de amor.
<> Pero era imposible... Aguantar la gran verdad...
Era revelador saber cómo podía sentir tanta adrenalina en mis venas en pocos segundos… Segundos que sin saberlo, durarían mucho menos de lo que quería.
Un grito sale de mi garganta, apretando el volante con fuerza, cerrando los ojos durante un instante, soltando la rabia... Mientras la canción sigue sonando.
Una moto me adelantó por la derecha, parando más adelante, obligándome a derrapar con el coche por la carretera, tirando el cinturón fuerte de mi cuello… Y grité de dolor y frustración por todo lo que un día era mi metrópoli de sueños convertidos ahora en cenizas.
Lloré, rabiando, porque sonaba justo la frase “save the night, save the day, save your love, come what may; love is worth, everything we pay”.
El jovenzuelo, de pelo negro encrespado, desmontó de su vehículo, acercándose al mío.
No hacía falta que me fijara mucho, sabía quién era y por qué estaba.
-          Déjame explicarme…
-          No hay nada que decir.
-          Joder, Evie, no lo hagas más difícil, no te cuesta nada escucharme tres minutos.
-          ¿Piensas que en tres minutos conseguirás convencerme de lo contrario?
-          ¡¡¡Pero déjame hablar!!!

                                                *******************
Mi voz, provocó en ella una reacción mucho peor de lo que imaginé, pues se calló, con los ojitos anegados en lágrimas, bajando sus hombros, como una niña que recibirá una bronca por no hacer algo bien, como la niña incomprendida y maltratada que ella fue.
Abría la puerta del conductor, cogiendo sus manos entre las mías, levantando su mirada.
-          No pasó nada, lo juro. Yo estaba esperándote, y ella entró como si nada, se puso en la cama y se subió sobre mí mientras yo intentaba quitarla.
-          Sí hombre… ¿Y cómo explicas sus chillidos?
-          No sé cómo hacerlo… Pero créeme cuando te digo que te amo, y que no te he sido infiel…
-          Es imposible de creer lo que me dices- su carita giró en sentido contrario a la mía, desramando una lágrima cristalina, capturada por mis yemas.
-          Eres lo más importante para mí… Si te hiciera daño, sería hacérmelo a mí. Ven conmigo al bar, y verás lo que dice tu prima Adele respecto a esto. Verás que tengo razón. Y que nuestro amor, puede mucho más de lo que te imaginas.
-          Quiero creerte…
-          Pero es difícil, lo sé… Sólo vuelve allí conmigo, verás quién dice la verdad.
Y aún así, nos quedamos mucho más tiempo en medio de la montaña, con el viento acariciando nuestras cabezas,  y la suya enterrada, desgarradoramente llorando, sobre mi blusa.
Mientras recordaba lo que ella necesitaba: una familia que la quisiera de verdad, que no la dejara de lado.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Navidad.Part.6.



-          He visto cómo te mira.
Dos figuras pegadas a la pared. Sus figuras oscuras dibujadas sobre la moqueta color caoba. Género masculino y femenino hablaban sobre una persona común que se reía con una mujer en el fondo de la sala.
Pero mientras él hablaba, la mitad de mi cerebro quedó puntualmente bloqueada.
La mirada de Ilya voló buscándome, lo que no le resultó difícil pues seguía mis pasos para ser el primero en darse cuenta si necesitaba ayuda con algún asunto.
Mi  mente regresó al instante en que mi padre me daba constancia sobre la manera peculiar y a la vez especial en la que me miraba su futuro hijo político, con un poco de suerte, si algún día nos decidíamos a dar un paso más fuerte y decisivo en nuestras vidas.
-          ¿Y cómo me mira, papá?- sin mover la cabeza, fijo la mirada en mi novio, en sus brillantes ojos y su divina sonrisa.
-          Como si fueras lo más importante que le ha pasado en la vida.
Y era verdad. Desde el 8 de noviembre del 2011, él no dejó de repetirme, en todo momento, lo esencial que era para su existencia; después de todos los problemas que tuvimos para vernos por ordenador, de las complicaciones para viajar tanto a la Península Ibérica como a las Islas Canarias; el dinero que nos impedía llamarnos o la protección de nuestros padres, en su caso, excesiva. Fui como su balsa de salvamento en todo momento, incluso como la pequeña estrella en el firmamento, siempre brillante, que le ayudaba a soñar despierto y vivir un mínimo, una vida privada.
Una de las frases que más nos gustaba repetirnos, y que teníamos pegada en nuestro tablón de fotos era :Tras la oscuridad, tras el desconcierto… Renace la esperanza…Llega el encuentro.
Porque el hecho mismo de empezar una relación a distancia; la posibilidad, por ardua o dificultosa que sea de sacar a flote lo que muchos creen una fracaso desde el comienzo, es tener narices ante la vida.
-          Si tanto se nota- le dije a mi padre, retomando el hilo de la conversación inacabada, más adentrada la madrugada-, puede que sea porque es la verdad.
-          No lo dudo, pero además te mira como si fuera imposible vivir sin ti y eso no lo veo…
-          Papá, lo que veas o dejes de ver, no es que sea algo muy acertado, y aunque percibas, por tonto que sea, algo, no creo que estés en el mejor sitio ni lugar para decirme cómo es el amor de verdad, qué se siente, o cómo se ve ante los demás. Y ni falta hace que te recuerde la forma en que trataste a mi madre cuando tú más que nadie decías que la amabas, porque sinceramente- cara a cara a mi padre, con el riesgo de que me pegara, decidí una nueva alternativa que durante años reprimí por miedo-, no eres el mejor para decir nada.
Daba media vuelta, justo cuando recordé la frase perfecta para hacerle ver una gran verdad, una verdad manteniendo oculto todos los trapos sucios que hizo el hombre, padre si puede llamarse, con mis seres más allegados:
-          Si en algún momento, necesitara un consejo sobre el amor, sin dudarlo, hablaría con mi madre; pues es ella quien sabe de primera mano el significado del amor.
Y así de simple, conseguí que mi padre saliera al exterior, llorando, mientras un 5% de mi estaba arrepentida de la declaración acontecida.
-          ¿Cariño?
-          Dime, Dacha…
-          Es un poco tarde… Y creo que te hace falta dormir un poco.
¿Lo necesitaba? Sí, quería irme a la cama desde hacía dos horas y no podía, porque me daba miedo que mi prima intentara algo con mi novio. Tenía que dormir, o al menos descansar mis pies de los tacones que los tenían molidos.
No hizo falta escucharme nada, un solo vistazo al cambio radical de la sonrisa a las comisuras hacia abajo, le indicó mi principal necesidad… O una de ellas, como ya vería más adelante.
Cogió mi mano mientras subíamos las escaleras hasta el último piso, que daba de cara al mar con una pequeña terraza decorada con flores de todo tipo: rosas, siemprevivas, margaritas…
Algo que me sorprendía de Ilya es que siempre miraba mucho más allá de lo que la gente quería, y les ayudaba a conseguirlo. Aunque casi toda la población quisiera ser famosa, conocida mundialmente, y reconocida por sus labores, él en cambio sólo quería ayudarles a ser cómo realmente eran, y lo importantes que podrían llegar a ser, si en vez de pasar todo el tiempo fingiendo ser quién no eran, se dedicaban a vivir la vida cada uno a su manera.
Entonces, justo en el momento en que veías la forma en que sufría él también, pensabas si realmente valía la pena  esclavizarse de por vida a algo que no merecemos.
Y fue la forma en la que me sentó sobre la cama, arrodillándose ante mí, desatándome las cintas de los zapatos, lo mucho que se preocupaba por verme feliz y en plenas facultades.
En cuanto terminamos de ellos, se puso manos a la obra para aflojar el vestido desde detrás, rozando lentamente mi piel desnuda, con las yemas de sus dedos. Doblé ligeramente mi cabeza hacia la suya, disfrutando del calorcito sobre la piel fría.
-          ¿Es o no cierto que te hacía falta separarte de ellos?
-          Sabes que diga lo que diga, siempre sabrás qué pasa por mi cabeza...
Sus labios se posaron sobre mi hombro, besándolo con los labios, alimentando mi deseo de sentir sus brazos alrededor de mí bajo las sábanas.
Estábamos unidos en un medio abrazo mientras cada célula de mi piel estallaba en un fuego líquido. Fascinada, desorientada, me relajé sobre él, sintiendo el zumbido de su pulso en las venas. Hundí los dedos en su pelo oscuro.
Seria tan fácil que me hiciera rodar debajo de él, presionándome con su peso sobre las sábanas bien planchadas. Sentí la firmeza de sus muslos por entre las capas de tela, provocándome el primitivo instinto de abrirme a él, y dejarlo moverse sobre mi cuerpo.

Escuché a Ilya  soltar el aliento.
Recordé una conversación que había escuchado de los labios de mi madre con mi abuela Zoé, mientras cenábamos. Hablaban sobre los puntos a favor de su yerno, como la forma educada con la que trataba todos, o lo relajado que parecía para una chica tan impaciente como yo. Otro punto a favor de mi chico era que parecía ser un buen marido para Evie (que era como me llamaban después de sacar la carrera de periodismo en poco tiempo, y escribir mis artículos con un seudónimo). La adora, en realidad. Uno nunca hubiera imaginado que Evie, una joven tan tímida, y el chico, aparentemente tan desinhibido, o un golfo sin corazón (que era lo que contrastaba Elodi, la mejor amiga de Lali; formaran tan buena pareja;.
Ilya es un hombre seguro de sí mismo y sofisticado, posee una belleza masculina tan deslumbrante, que las mujeres retienen el aliento al mirarlo. Pero basta una sola palabra de Evie, para hacerlo venir corriendo. Aunque su relación es sosegada, al menos en apariencia, algo intenso, misterioso y apasionado fluía  entre ellos dos; Decía mi prima Lali como respuesta a Elodi.
Su cuerpo se había puesto tan insoportablemente duro que el roce de la tela de los pantalones era suficiente para hacerlo estremecerse. Luchando por controlarse, él se concentró en respirar. Respiración. Mientras yo me reía de su comportamiento.
Mortificada por la vergüenza, saqué los brazos de las mangas. Deslicé el vestido hasta mis caderas y librándome de todas las capas de tela roja y encajes, las dejé caer al suelo en un montón.
Ilya clavó los ojos en el vestido como si fuera alguna clase de animal exótico que nunca había visto antes. Lentamente sus ojos regresaron hasta mí,  y un sonido estrangulado surgió de su garganta cuando empecé a desabrochar el sujetador.
Me sentí tímidamente perversa, desvistiéndome delante de él. Pero me animó a continuar el hecho de que él parecía incapaz de apartar los ojos de cada pulgada expuesta de piel. Cuando solté el último gancho de metal, lo dejé caer junto al vestido.
Ilya cerró los ojos, su frente dibujada con profundos surcos a causa de la concentración.
-          ¿Tanto miedo tienes de verme bajo la luz de la luna?
El reto surtió efecto.
-          No lo tengo.

Esta historieta, y las muchas que vendrán en adelante, va por todas esas parejas que hoy en día, pueden decir que el amor es mucho más fuerte que la distancia.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Navidad.Part.5

Doce de la noche.
Toda el tiempo bailando distintos géneros de canciones, incluso rap. Necesitaba un pequeño descanso, o al menos, un respiro de cinco minutos, pues mi familia no dejaba de sacarme a bailar las canciones con un ritmo de tres por cuatro, al ser yo la mejor de todas las primas que sabían bailarlo.
Mi madre rara vez salía al escenario, pero este año, por lo visto después de que yo me pasara tanto tiempo en el extranjero, le había ayudado a relajarse, y el hecho de que mi hermano fuera menos pesado con ella, la había liberado de una forma tan preciosa que hasta sus ojos brillaban de alegría. Rara vez la veía así.


Lo mejor era verla en movimiento con su novio, Marck. Tan compaginados, hacían una gran pareja.
Y es que en realidad, mi familia pasó por muchas cosas para llegar al día de hoy, y estar todos aquí reunidos, como si nada hubiera pasado, dispuestos a pasar un gran momento de Nochebuena, o incluso conocer al chico que me traía tan prendada. Puede que sólo fuera que querían hacer algo en esta fecha, el caso era el mismo... Mi ausencia durante cuatro años consiguió más de lo que imaginaba, unir a mi familia mal educado (mi padre) con la mal pensada (mi madre), pero si no hubiera sido por esta mezcla, yo no tendría el carácter que hoy poseo, ni las fuerzas que necesité tanto hace mucho para seguir adelante, así que les debo muchísimo más de lo que pensaba, algunas de esas cosas impagables.

Cada uno de nosotros formábamos parte de algo muy grande, un círculo de problemas en el pasado, o amarguras a nuestras madres.
Recuerdo incluso cuando le hacía la vida imposible a mi madre, o trafegaba los mensajes que me daban sin querer. ¿Pero esto nos hacía menos importantes? Qué va... Esas cosas eran las mejores porque con el tiempo te ríes de todas las tonterías que hacías, o las cosas que te decían, o puede que hasta saques fuerza de esos actos para conseguir lo que quieres. Cuesta, sí, pero todo tiene su tiempo para hacerse realidad, sobre todo si le ponemos amor y sueños, ilusión y fuerza, porque querer es poder, y el ser humano es todo poder.

Se me acercó Ilya mientras anticipaba cada uno de sus movimientos con mi mirada. Me quitó la silla, y luego me sentó sobre él, rodeándome, estrechándome como si fuera una muñeca de porcelana, fácil de romper
Alcé la barbilla, clavando los ojos en su rostro. Incapaz de encontrar palabras para decirle cómo me perdí en su mirada, el levantó una mano muy despacio y colocándome un dedo en el mentón, justo debajo de la oreja. Desde allí fue descendiendo hasta llegar a la barbilla y alzarme el rostro.

La sencilla caricia me provocó un estremecimiento y me erizó la piel. Nuestros rostros quedaron más cerca.
 - ¿Debo asumir que estás aburrida?- su voz sonaba ronca, hipnótica.
Yo no aparte mis ojos de los suyos.
 - Un poco, nada más.
Su mirada se posó en mis labios, y me fue imposible interpretar su expresión.
 - ¿Qué tienes en mente?
Arqueó las cejas con un gesto arrogante, consciente de lo que yo quería, y que él aceptaría el desafñio implícito, y lo aceptaría.
 - Ya lo sabes...
Sus labios esbozaron una sonrisa torcida; a sabiendas de las sensaciones que provocaban, los encontraba fascinantes.
 - ¿Y qué harás?
Al mismo tiempo,  los labios de Ilya rozaban los míos con delicadeza, pero con firmeza, incluso con un cariz exigente. Separé mis labios en forma de clara invitación. La mano que me alzaba el rostro se movió y esos largos dedos se posaron en mi nuca, si bien el pulgar quedó bajo mi barbilla para mantenerla alzada mientras él ladeaba la cabeza para profundizar el beso... Tal y como yo quería.
Alcé un brazo y le recorrí la mejilla con la yema de los dedos, devolviendole el beso, al principio con timidez probando e imitando sus movimientos hasta que fui cogiendo confianza a medida que me percataba de su beneplácito y también de su anhelo esquivo y seductor oculto  bajo su fuerza.
Atrapada en la creciente intimidad del beso, en los sutiles pero firmes avances de esa lengua que se hundía en mi boca, muy consciente del brazo que me rodeaba, de esa mano que me sujetaba por la espalda y me apretaba contra él, incitándome a que me acercara todavía más a él.
Coloqué mi mano sobre su hombro y deslizar los dedos, muy despacio, por si sedoso cabello.
Retirarse antes de hacerle el amor allí mismo fue muy duro, un esfuerzo sobrehumano, que tuvimos que hacerlo poco a poco, a regañadientes. En cuanto volvimos a abrir los ojos, nos dimos cuenta de que nuestro paisaje había cambiado.
Un nuevo futuro, tras mucho tiempo esperando...

Faith Hope

-          ¿A qué hora dijiste que llegaba?
-          Sobre las seis de la tarde…
-          Queda poco…
Sí, quedaba poco para verle por primera vez. Para sentir por una vez en mi vida un verdadero abrazo del chico al que amaba… La primera vez para hacer de nuevo todo aquello por lo que llevaba esperando más de dos años.
Puede que a veces olvidara la forma en la que nos conocimos, o cómo le hablé los siguientes días después de que me preguntara si quería ser su novia. Puede incluso que no recuerde el día exacto de nuestro aniversario… Pero siempre tendré en el recuerdo lo que me ha hecho sentir desde el primer minuto en hablar: Una seguridad que nadie pudo darme aunque lo deseara con todas sus fuerzas; la certeza de que nuestro sueño de estar juntos, y hacer lo imposible real, se haría realidad; la posibilidad de tener una vida como queríamos… Un amor que me mantuvo tranquila durante mucho tiempo y que me permitió coger fuerzas de flaqueza todos los días para levantarme de la cama y luchar. Luchar por aquello que creía, por nuestro amor, sueños, actos...
Tres días más tarde, inmediatamente después de conocernos, nos dimos cuenta de que había química entre nosotros, y nuestras conversaciones pasaron de ser banales a interiorizarse aún más en nuestra forma de ser. Fueron conversaciones que nos llevaron a gustarnos o incluso enamorarnos alocadamente el uno del otro.
Cambió mi vida por completo, aportándome la esperanza que necesitaba para hacer  de mis rutinas los momentos más dulces que pasé en mucho tiempo posterior. Recuerdo como todas las noches, justo cuando mis padres dormían, salía al balcón para observar la estrella más brillante sobre el firmamento, disfrutando del momento, pensando que él podría estar haciendo lo mismo al momento exacto, sintiendo como sus brazos rodearan mi pequeño cuerpo, estrujándolo, dándole un cariño que rozaba la adoración por mi forma de ser. Aunque si hablamos de adorar, he de admitir que más valorado lo tengo yo, pues tiene en su personalidad, ese algo que te induce a pensar que los días con él siempre serán una aventura, que estarás protegidas las veinticuatro horas del día, y que no te podrá pasar ningún mal aunque todo el mundo se pusiera en tu contra.
Y hasta ahora, frente al panel de vuelos del aeropuerto, rezaba con todas mis fuerzas por gustarle. Y no era fácil mantener la compostura cuando lo más deseado era salir corriendo, mantener mi rostro oculto en las sombras, incluso tomar una taza de chocolate caliente me relajaría.
Mi riesgo era que si no le gustaba físicamente, y resultaba ser un impedimento para que él me amara… Sería romperme totalmente el corazón, pues la fe que había depositado en él, me llevó muchísimo tiempo decidir si valía o no la pena sufrir si luego no conseguíamos nada. No me defraudó.

El pequeño timbre que anunciaba la llegada del avión, y que los pasajeros saldrían de un momento a otro por la puerta, aceleró mi corazón, obligándome a respirar más rápido y mayor cantidad de oxígeno.
No cabía duda de que a cuánta más gente salía por la puerta de desembarque, más tensa me ponía yo.
Mi mejor amiga me había acompañado para asegurarme de que llegaba bien después de ir a tomar algo cerca de la ciudad de Santa Cruz, para darle un descanso a mi novio tras el largo viaje de cuatro horas. Nos acompañaría a mi casa, donde se quedaría  las próximas noches Ilya, en casa de mi abuela materna, concretamente; pues la casa de mi abuela paterna era un hervidero de hombres infames que no durarían en sacarle un ojo o tirarse una pedorreta en su cara, incluso algo peor.
Yo me fugaría de mi casa sobre las doce para ir allí, y poder pasar nuestra primera noche juntos, aunque esperaba no tener que verme obligada a realizar tan tremendo acto, sino poder salir tranquila sobre las diez y que mi madre lo supiera.
Divisé su rostro entre los demás, pero mis pies no acertaron a moverse sobre el piso blanco. Se plantaron sobre la baldosa exacta donde estaba, y hasta que Ilya no hubo llegado a mi lado, no fui capaz ni de reaccionar y quitar mis ojos de los suyos, roja de vergüenza por hacer el ridículo de esa forma.

-          Hola.
Que momento más tenso fue ése. No acertábamos a nada, menos a saber qué hacer o cómo saludarnos. Me decanté por darle un pequeño beso en la mejilla, por si resultaba ser que no le gustaba físicamente; de esa forma no le complicaría el momento… Aunque esperaba fuera todo lo contrario, como me decía por el Messenger cuando hablábamos.
-          Hola, Ilya.
-          Estás bien- no era una pregunta. Constató tras fijarse en mí críticamente.
-          Sí, y tú, por lo que veo, igual…
-          Sí…
¿Cómo sabría si le gustaba? ¿Tendría él las mismas dudas? ¿Pensaba que no me gustaba o había confiado en mí desde que le dije que sí me gustaba? ¿Y si no me decía nada para no hacerme daño?
Eran demasiadas preguntas para un instante tan corto. ¿Y si le preguntaba simplemente? Si me encomendaba a lo que sentíamos, si confiaba en él, sabría que decía la verdad:
-          Ilya…
-          Dime, Evie…
Me acerqué aún más a él, pegando mis labios a su oreja, susurrándole nerviosa:
-          ¿Te gusto?
Retiré mi cara, para poder ver su reacción y más tarde analizarla. Sus ojos se iluminaron de tal forma que volví a perderme en ellos, conociendo la respuesta antes de que la dijera.
-          Por supuesto que me gustas, cariño. ¿Lo dudas?
-          No… Pero tenía miedo de que fuera al contrario…
-          Sabes que te diré siempre la verdad, pase lo que pase. Y ahora no será menos: me gustas, me encantas… Te adoro de todas las formas posibles y por haber.
Su respuesta me sacó una pequeña sonrisa de alivio, permitiéndome el lujo de relajar mis músculos y entrelazar nuestros dedos, apretando su mano como signo de que todo saldría bien… Sólo quedaba que le cayera bien a mi ídolo: mi madre.
¿Pero y si salía mal?
Me llegó a la cabeza una canción: Elephan Love Middle de Moulan Rouge, justo la parte en la que él le dice a ella:
-          El amor nos eleva y nos lleva a nuestro lugar/Donde vuelan las águilas, encima de las altas montañas.
Pegaba perfectamente para este acto de amor…
Y, ante todas mis preguntas, sólo había una respuesta lo suficientemente aceptable-.
Una respuesta, para bien o para mal, que me ayudaría a sobrellevar lo que ocurriera.
Y la razón de que existiera como la persona más feliz del mundo.
Confiar en nuestros pasos, confiar en él.
Aunque nada pudiera mantenernos juntos… Podríamos robar tiempo, sólo para un día.
Podríamos ser héroes, por la eternidad; podríamos ser héroes, solamente porque yo siempre estaré enamorada de él y no puedo evitarlo.
-          Cuán maravillosa es la vida, ahora que tú estás aquí.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Navidad. Part.4.


Hacía unos largos minutos que había decidido salir fuera del restaurante para mirar el cielo; después de haberme pasado casi toda la noche, o el comienzo de ella pues aún no habíamos cenado, para contemplar de nuevo las estrellas. Fue en ese momento cuando recordé una canción de Disney, concretamente “Aquella estrella de allá” de Peter Pan. Recordaba por qué Ilya y yo habían decidido escoger de entre las millones de bellas estrellas sobre el firmamento una en común para las dos, para que al mirarla, recordáramos que no estábamos solos, y nos protegeríamos el uno al otro. Fue una gran ayuda durante nuestros primeros años juntos. Yo necesitaba saber que estaba conmigo en todo momento, que al mirar al cielo, habría algo que me recordara a él, y que pasara lo que pasara, lo tendría a mi lado. Resultó ser más que un apoyo, fue mi gran pilar.
Sabía justo cuando estaba sentándose a mi lado, en el banco de madera colocado estratégicamente para facilitar la vista al cielo protegido de Canarias. Supe hasta el modo en que su respiración se entrecortaba al tocarme, o cómo sus ojos se perdían en los míos. Y él era consciente de cómo mi corazón se aceleraba al tenerle cerca, de cómo aparecía una luz en mis ojos al pensar en él, y la forma en la que afrontaba los problemas estando con él.
Cogí una de sus manos, besándola con mis labios y entrelazando nuestros dedos más tarde.
Realmente, le quería muchísimo, y no me gustaría averiguar lo que sería mi vida sin este chico tan malo.

-          Vamos dentro, aquí empieza a hacer frío y…- no pudo terminar la frase, mi padre ya estaba tocando una campana para que la gente lo escuchara y se acercaran a las mesas dispuestas en el pequeño salón. Más de diez mesas juntas, con un mantel rojo encarnado por encima (justo del color favorito de Ilya, y no el verde que querían poner en un principio). Los platos preparados con el famoso caldo de mi abuela y trocitos de pan cortados en un pequeño plato.
Ni cuenta nos dimos de la forma en la que habían distribuido las mesas, ni mucho menos, de que mi padre había puesto a mi lado derecho a Ilya y a mi izquierda su asiento, a lo mejor adrede para saber si sentía el mismo orgullo por él que hace siete años, o si era capaz de mantener una conversación amistosa con un hombre que no me había llamado durante mucho tiempo ni aún cuando estaba en un hospital.
Mi madre y mi padrastro estaban en frente, junto con mi hermano pequeño y la abuela de éste. Los tíos de mi hermano no pudieron ir porque habían quedado con sus amigos en Santa Cruz.
Por debajo de la mesa, encontré la mano de Ilya sobre mi rodilla, masajeándomela para que no me estresara ante tanta gente, últimamente normal en mí. Su boca se acercó a la mía, susurrándome que si no sonreía, se vería obligado a besarme… O algo peor.

No quería ver cómo mi madre, a menudo conservadora respecto a las muestras de afecto entre una pareja recién creada (aunque lleváramos un par de años ya juntos). Volví a acercar su cabeza, susurrándole yo esta vez que no dudaría en sonreír si él me dijera de nuevo cuánto me amaba.
Y así lo hizo, provocándome una carcajada y varias cosquillas en el cachete con la barba no muy bien afeitada.
-          ¿Recuerdas cuando me enviaste por mensaje el link de una canción?
-          ¿Cuál? Porque te he enviado muchísimas.
-          Save the night, save the day, save your love, come what may. Love is worth, everything we pay…-mi chico se sabía más  que de sobra esa canción. Me la pasó unos días antes de pedirme que fuera su novia oficialmente, por medio de una declaración amorosa con mucha imaginación por nuestra parte.
-          I want to spend all my life time loving you. If that is all in life I ever do…
Se notaba que necesitaba quitar ciertos pensamientos de mi cabeza, si no, el no habría cantado la canción, aunque lo hiciera muy bajo. Intentaba hacerle cosquillas mientras continuamos el dueto:
-          I want to spend my life time loving you, if that is all in life I ever do. I will want nothing else to see me trough- bajando aún más la voz llegando al final, casi rozando nuestros labios.
Uno de mis tíos desvió nuestra atención mientras leía una oración que daba comienzo a la cena que tomaríamos y a la gran noche que estaba por llegar.
Volví a levantarme para brindar con nuestras copas, acercándome a Ilya para abrazarnos, aparentemente sin motivo alguno, pero en realidad, por la satisfacción de poder haber hecho realidad uno de nuestros sueños tras mucho luchar y aunque todos pensaran que estaban en contra muchos factores.
Los camareros resultaron ser mis tías, que no dejaban que nadie se acercara a la cocina, ni siquiera el dueño del local, mi padre. Mis primos colocaron en marcha el reproductor de música, mientras yo contemplaba la forma en la que pasaba una de las mejores navidades de mi vida.
Junto al hombre perfecto... Y el mejor beso de mi vida.