jueves, 8 de diciembre de 2011

Navidad.Part.3.

Tras haber cantado dos veces más, mi familia se animó a salir al escenario continuamente y cantar desde un intento de rock a isas y merengues. De todos ellos, quiénes sobresalieron fue mi abuela, la madre de mi padre, e Ilya, que había vuelto a salir para acompañar a mi Miriam, quien se había puesto de babosa con mi novio, y no había dejado de tocarle el brazo desde que habíamos llegado; pero eso se acabaría ahí, me dije para mí misma, que se buscara a otro intento de coqueteo.
Salté de mi silla, quitándome la chaqueta que llevaba puesta, cogiendo a Ilya por las manos y sacándolo al jardín, donde ya era casi de noche y las estrellan ya habían empezado a salir, entre ellas la nuestra, la más brillante y la más linda entre todas las demás. Se colocó detrás de mí, rodeando mi cintura con las manos, apretándome a él, respirando contra mi cuello.
-          ¿Pasó algo, mi amor?
-          ¿A parte de que mi prima no dejaba de intentar llevarte a la cama?
De su garganta escapó una grave carcajada, y todo su cuerpo se estremeció, junto al mío, de placer.
-          ¿Acaso crees que dejaría que una chiquilla de muy poco cerebro, bebida y realmente necesitada de un psicólogo me llamaría más la atención que tú?
-          Yo que sé… El hecho de pensar que podría pasar algo entre vosotros, es motivo suficiente para encolerizarme.
-          Pues tú dame tu ternura y pasión- cantó en alto, una de las frases que el asno de Shrek aconsejaba al final de la película.
-          Eso no dejo de dártelo cada segundo…
-          Lo sé, cariño… Y me siento realmente afortunado de ello. De que me ames, de que no dejes de pensar en mí…
Me giré entre sus brazos, cogiendo su cara entre mis manos, acunándola con dulzura.
-          Más emocionada estoy yo al saber que tú me correspondes con tu corazón, y que no me abandonarás cuando más lo necesite.
-          Nunca te cambiaría por nadie.
Nuestros cuerpos se fundieron en un fuerte abrazo, conocedores de las debilidades de cada uno respecto al otro, y las grandes virtudes que nos hacían únicos en el mundo. Apenas consiente de cómo me tapaba con su chaqueta, tarareé la canción que sonaba en ese momento, una que habían puesto en el descanso de las voces cantoras: Secondhand Serenade “Fall for you”.
-          Porque esa noche fue en la que me enamoré de ti… El momento en el que cambió mi vida, y porque es imposible encontrar una chica como tú. Nunca podría deshacerme de ti, aunque puedo fallar, pero te seguiré amando.
-          Porque esta noche será la noche en la que me enamoré de ti; una y otra vez, no me hagas cambiar de opinión, o no viviré para poder ver otro día.
Cogimos aire, antes de empezar a jugar con nuestras lenguas de fuego. Antes de empezar a sentir como nuestros cuerpos se correspondían de una forma asombrosa y de cómo llegaba hasta el fondo de nuestros corazones el amor que sentíamos el uno por el otro.
Volvimos a mirar al cielo, agradeciendo a quien jugara con los hilos del destino el que hubiera hecho que nos encontráramos; y volvimos adentro, listos para seguir con mi familia en el día de Nochebuena.
Nos quitamos las chaquetas, el quitándome la mía por detrás. Entrelazando sus dedos con los míos y sacándome a la pista de bailar desierta.

Dábamos vueltas tranquilamente, con sus manos en mi cintura y las mías sobre su cuello. Lentamente nos dejamos llevar por la canción, disfrutando de tener tiempo y tranquilidad, mientras sus ojos acariciaban mi alma y su boca dibujaba círculos en mi cachete.
-          Te quiero, cariño- le dije, sintiendo mi corazón latiendo a mil por segundo.
-          Yo te amo, amor mío.
Mientras mis padres nos miraban contentos…
Mientras no existía para nosotros nadie más…
Mientras nuestros corazones latían más fuerte que nunca…
Mientras unos fuegos artificiales alumbraban el salón a oscuras…
Los colores brillando sobre nosotros…
Nuestras almas corriendo como el viento caprichoso…
Él y yo… Nadie más.

martes, 6 de diciembre de 2011

Navidad. Part.2

-         Tardaste menos de lo que pensaba…
-         No soportaba un minuto más separada de ti- abrazándole, escondí mi cara en su pecho, buscando el lugar de donde procedía su colonia que tanto me gustaba. Sus brazos rodearon mi pequeño cuerpo, apretándolo contra sí y apoyando su barbilla en mi cabeza.
-         ¿Fue bien el trayecto?
Me tomé tiempo para pensar la respuesta que le daría: si era cierto que el trayecto no habíamos hablado, pues lo único que se lo impedía era el caset con la música y las llamadas que recibía cada cinco minutos de sus súper admiradores.
Lo que no había ido tan bien fue cuando estábamos en casa, con ella y sus tonterías… Pero no iría a preocuparlo con cosas tan tontas como esas, menos esa noche, cuando volvía a tener la posibilidad de estar con él; como tantas veces había querido a lo largo de los cuatro años que nos conocíamos y dos años que salíamos como pareja oficial. Mientras tanto, el residía en Andalucía y yo en las Islas Canarias. Los únicos momentos cuando podíamos vernos, y extraño que este año él escogiera estas fechas, era cuando terminaban las clases por mayor comodidad para los dos.
Nos dimos la vuelta, mientras una de sus manos pasaba por debajo de mis brazos y detrás de la espalda, inclinándose sobre mi oído y susurrándome:
-         Estás preciosa… Este traje te queda de maravilla.
-         Gracias- respondí sonrosada.
-         Te comería  a…
-         ¡¡¡Cariño mío!!!
Mi padre se nos acercaba corriendo, impaciente por abrazarme después de habernos pasado casi un año sin vernos, sólo hablando por teléfono y en contadas ocasiones. Era alto, con el pelo canoso por las grandes preocupaciones que sufrió cuando la crisis del 2011, y además, tenía los dientes tan estropeados como la última vez. Se negaba a arreglárselos hasta que el negocio estuviera fijado y sin deudas, ni problemas de  pago. Toda la familia piensa que le queda mucho para terminar de sanar ése dinero perdido.
-         Has traído las canciones preparadas, imagino.
-         ¿Canciones? ¿Qué canciones?
-         ¿Ilya no te lo dijo? Debías traer un CD con canciones variadas, para el karaoke…
-         Espera, papá. ¿Karaoke? ¿Has puesto un karaoke aquí?
-         La idea fue de tu novio…
Miré a Ilya con el ceño fruncido, esperando que me explicara qué pasaba.
Él, en cambio, soltó un bufido de exasperación.
-         Estas mujeres de hoy en día, Nany- mi novio miró a mi padre, riéndose los dos ante la ironía del otro. Parecían haber congeniado, y en realidad, era un alivio saber que no tendría problemas por parte de mi padre acerca de mi relación. Mi madre ya era otra historia. Él debía ganarse su confianza, respeto y cariño, de lo contrario, no sería fácil seguir adelante. Ilya pasó su brazo por mi cuello, estrechándome entre sus brazos con ternura.
-         Si no fuera por esta mujer, me pregunto qué estarías haciendo ahora mismo en Andalucía, inteligente- giré mi cara hacia la de él, contemplando sus hermosos ojos marrones, entrecerrados, con una chispa de picaría y otra de ternura.
-         Perdido, mi amor.
En ese mismo momento, una de las nuevas versiones de “ya está aquí, ya llegó, blanca Navidad” desde los altavoces. Mientras seguía saludando a mis doce primas allí reunidas, y a más de los catorce tíos que tenía contando con sus esposas; mi madre entraba  por la puerta, con mi hermanito pequeño corriendo hasta donde estaba para abrazarme después de no habernos visto durante casi tres meses por mis estudios en el extranjero.
Estaba más grande que la última vez, y algo menos flaco. Seguramente la abuela lo había convencido para que comiera más verduras y menos golosinas. A sus nueve años parecía tener doce, pues la energía junto con la gran madurez que había desarrollado todo este tiempo sorprendía desde la distancia. Lo cogí en brazos, apretándolo, intentando recuperar esos momentos perdidos. Y aunque él intentara salir del abrazo de oso, yo sabía que lo echaba de menos.
-         ¡¡¡Mira lo que me dio Sari!!!- me enseñó un muñeco de su serie favorita, desde hacía varios años, Código Lyoko, concretamente el personaje de Ulrich con sus complementos.
-         ¡Vaya! Pedazo de juguete. ¿Es Ulrich? ¡Qué cambio ha dado!- algo que me gustaba mucho de mi hermano era que en cuanto caía algo en sus manos, lo desmontaba para examinarlo por dentro, saber cómo era, qué tenía; para más tarde hacer un rompecabezas y averiguar cómo se reconstruía. El juguete no se había salvado, tenía cinta adhesiva por las manos y se notaba que alguien lo pintó de nuevo con unos colores que poco se parecían al original.
-         No ha cambiado nada. Sigue igual… ¿Dónde lo ves cambiado?
-         Tiene una mancha en la cara, ¿no se la ves?
-         Mmmm… Eso fue cuando mamá lo atropelló con el coche…- su carita pequeña se puso roja de repente.
-         Sí, cuéntale por qué lo atropellé- miré a mi madre, que acababa de entrar por la puerta cogida de la mano con Marco (el padre de mi hermano Hebel) acompañados por la familia de los dos- Tu hermano tuvo la ingeniosa idea de comprobar si Ulrich volaba y mi rueda pasó por encima de él.
-         Hola, mamá. ¿Cómo estás?- dije riéndome.
Nos dimos un corto abrazo, aún sentíamos resentimientos por lo sucedido en el pasado.
-         Muy bien, gracias, ¿y tú?
Hice les respectivas presentaciones de dos de las personas que más quería, advirtiendo a mi madre con la mirada que se guardara ciertos gestos. De nuevo, Ilya era el chico encantador y abierto que agradaba a toda mi familia… En cambio, yo tuve que vérmelas con el sicario de nuestro juego favorito, el “mala leche de Babylonia”, y uno de los pocos que se me plantó un día a conocerme de verdad y a fondo.
Justo cuando iba a llevarme a un lugar apartado al sicario, mi primo Freddy me llamó para acercarme al sitio donde colocaron el portátil.
-         ¿Te importaría probar el micrófono?
-         ¿Ahora?
-         ¿Cuándo si no?
Con paso vacilante fui hacia el micro, odiando a mi primo por haberme llamado, y odiándome a mi misma por ir a hacer la idiota ante todos.
Lo primero que hice fue ajustarlo a mi altura con dificultad. A pesar de haber cantado en conciertos anteriormente, seguía teniendo problemas para bajarlo o subirlo.
A continuación, di unos pequeños golpecitos en la parte de metal, e improvisé una pequeña bienvenida a los congregados, fijando mi mirada en mi hermano, en mi madre, en su novio, en mi padre, en Ilya… Ellos me miraban orgullosos de mí, y no sabía cómo haría para corresponder a ese gran sentimiento que ellos sentían por mí.

-         ¡¡¡Que cante!!!-gritó alguien desde el fondo.
<> Me dije a mí misma. ¿Cantar ante tanta gente? ¿Y si desafinaba? ¡Qué vergüenza!
-         ¡¡¡Eso!!! Hagamos un dueto, Evie- Ilya subió al escenario de un salto, cogiéndome por la cintura y colocando en micro entre los dos.
-         Evie, como no has traído ninguna canción, tadaremos en tener buenas canciones. Así que elige entre: Soraya: Live your dreams; Michel Teló: Ai si eu te pego o Keep holding on de no sé qué grupo.
El chico que cantaría conmigo me miró con complicidad. Habían dos canciones realmente buenas: keep holding on y ai si eu te pego. Nuestra canción no la cantaríamos en ese momento, así que escogimos la de Michel Teló.
Apreté llena de nervios su mano, y empezamos a cantar, como pudimos, el brasileño. Freddy apareció con otro micrófono que me tendió mientras mi pareja cantaba la primera estrofa con desenvoltura.
-         Mossa ,mossa, asi no se me mata/ Ai si eu te pego, ai ai si eu te pego- mientras cantaba la canción se alejó de mí, como si fuera realmente un concierto, y él el artista musical interpretando y haciendo carantoñas, provocando risas en el público.
Creo que era lo que me faltaba.
-         Delicisia, delicisia, assim no se me mata… Ai si eu te pego ai ai si eu te pego.
El baile tenía unos movimientos muy peculiares, que no dudamos en cambiar y mejorar para la ocasión.
En uno de ellos, Ilya se me pegó desde atrás, tocando mi cuerpo y retirando la mano rápidamente, como si le quemara, exagerando a la vez su cara.
En otro de los movimientos que hicimos, yo le tiraba de las solapas de la blusa, pues no había llevado corbata, atrayéndolo hacia mí y robándole la nariz.
Y sin querer, el público empezó a originar sus propios gestos, menos cuando llegaba la parte de Ai si eu te pego, que todos lo hacían igual, pareja con pareja, gritando “Ai si te cojo!”

sábado, 3 de diciembre de 2011

Navidad.Part 1.


 --  ¿Aún no te has vestido? Vamos a llegar tarde, y de seguro que está ansioso por verte…
-          ¿De qué hablas? Todavía es temprano, quedamos sobre las ocho en el bar; él mismo insistió en ir en el coche con mi padre horas antes para ayudarle.
-          ¡¿Lo has dejado solo con tu padre?!
-          No le hará nada…
-          Sólo asegurarse de  que no te dejará embarazada antes de tiempo.
-          No seas exagerada… Cálmate un poco…
-          Estoy calmada, pero quiero ir saliendo ya. Aquí uno se aburre demasiado.
-          Bueno… Dame unos minutos y me visto. Terminaré de pintarme allí.
-          No, no, no. Si sales, saldrás completamente lista.
-          Pero… Acabas de decirme que quieres salir ya. No te haré esperar…- así me libro de tu pesadez-.
Recogí de encima de la cama mi traje de Nochebuena, el que me había pasado dos meses buscando; el ideal para la ocasión que se me presentaba al ver después de tanto tiempo a Ilya.

Puse un poco de música desde el radio caset, donde sonaba en la Máxima FM “Si eu te pego” de Michel Teló. Esto sirvió para relajar un poco mis músculos debido a la presión que ejercía mi prima al decir una mínima palabra. Sus temas siempre se habían reducido a lo mismo: chicos, novios, rollos y amores imposibles. Los mismos temas que me había contado desde que iba a su casa todos los veranos y terminaba escuchando mi música del MP3 mientras ella coqueteaba como una endemoniada desesperada.
Y ahora, mientras ella enlazaba las cintas de detrás de mi espalda en cruz, yo me decoraba la cara con unos tonos muchos más suaves que los de ella: marrones oscuros, con negro y dorado; los labios de un color rojo intenso y colorete y base repartidas por toda la cara. Nunca me ha gustado llevar mucho maquillaje, es un impedimento para sentir lo que me rodea y la impresión que se da con ello. Por eso mismo me limité a dibujar en mi ojo una línea negra con el lápiz de ojo, aplicando un poco de polvo dorado en el párpado y un tono ligeramente más oscuro dando un equilibrado contraste entre mis ojos marrones y el color de la prenda de ropa. El lápiz labial me sirvió para perfilar mi boca, rellenándolo de un gloss claro. Cuando terminó de atar mis lazos, me agaché para atarme el zapato que me regaló mi madre hacía unas semanas. Un tacón negro, alto, con cintas que rodeaban todo el pie y terminaban en un lazo alrededor del tobillo.

Antes de salir, me examiné en el espejo, cerciorándome de que estaba muy bien. El traje, rojo pasión se estrechaba en el pecho y torso, con telas brillantes de pedrería colocadas de tal forma que el escote era picado y abierto, mientras que el resto del vestido caía en picado a mí alrededor, llegando un poco más por encima de la rodilla.
Sobre mis pies di media vuelta, cogiendo mi móvil y las llaves de la casa, buscando el número de Ilya para avisarle de que en una hora estaría allí, y podríamos volver a vernos.
Mi prima ya me esperaba sentada en el coche, aplicándose una vez más el pintalabios rojo chillón en su belleza artificial pero que a muchos gustaba. Sigo sin saber por qué.
Pero al subir, lo primero que hice tras poner en marcha el motor, fue reproducir mi disco pirateado con diferentes canciones animadas que me ayudarían a mentalizarme para la gran noche… Y las locas con las que hablaría.
La voz de Ilya sonó a través del manos libres, ronca y segura de sí misma…
-          Hola, mi amor. ¿Ya vais de camino?
-          Sí, acabamos de salir. ¿Tú estás ahí ya?
-          Llevo aquí un rato largo, tu padre me dio buen tema de conversación y tus tíos, son muy poco convencionales- su risa resonó por los altavoces.
-          Te queda mucho por ver…
-          Tu padre pregunta si traes contigo a Miriam.
-          Dile que sí, que está a mi lado pintándose una vez más.
-          Se lo acabo de decir… ¿Me llamas cuando estés llegando?
-          Sí, sal a buscarnos por favor.
-          No lo dudes. Besos, te quiero.
-          Igual yo, cariño.
Miré de reojo a mi prima, que se reía disimuladamente.
-          ¿Pasa algo?
-          No, nada. Sólo que no me imaginé que llegases a tener novio. Y menos a alguien como él.
-          ¿Qué pasa? ¿Es mucho para mí acaso?
-          No, que va. Pero… No sé…
-          No saques cosas extravagantes de tu mente, porque no vale la pena.
-          Yo saco lo que quiera. Sólo te dije que no me parece que hagáis buena pareja y tú ha saltado con eso.
-          Quizás porque no eres la indicada para decir quién o no me va, más que nada porque ni tú misma sabes amar.
-          ¿Qué yo qué…?
-          No te hagas la tonta, que siempre que me has visto feliz has terminado haciendo cosas que me encantaría olvidar.
-          ¿Cómo qué?
Subí el volumen del disco, olvidándola. Tarareando la canción que sonaba en ese momento, la que me permitió pensar una vez más en él y nuestros planes, considerando lo que perdíamos y ganábamos…
Considerando que si mi prima seguía por donde la veía venir, Ilya terminaría detrás de ella, total e irrevocablemente enamorado de ella, y no podría hacer nada para evitarlo, excepto sentir celos.
Dudaba mucho que él se enamorara de ella, yo la sobrepasaba en casi todos los aspectos, y si quería que funcionara nuestra relación, debía acostumbrarme.
Acelero la marcha del coche, adelantando con facilidad a los demás, sintiendo como mi corazón empezaba a latir cuando más cerca estaba de él.

Concret Jungle Where Dreams Are Made Of.


Siempre me ha gustado tocar el piano.
Desde pequeña, he visto cómo los grandes compositores lo manejaban un poco, o cómo mis cantantes favoritos obraban maravillas con ellos. Sus teclas, negras y blancas, debidamente afinadas, preparadas para ser tocadas por unas manos expertas, y no las de una pequeña que, con fuerza, se las ingeniaba para que las notas tomaran sentido.
Era difícil, o eso al menos, era lo que decían. Yo, en cambio lo veía como una nueva forma de música a parte del violín, una nueva forma de vivir las bandas sonora de nuestras vidas, o sentir la energía crepitar en mi interior. Por esa misma razón me he pasado casi toda mi vida en una escuela de música, con prácticamente todos los días escuchando piezas musicales, y casi todas las noches con la radio en Cadena Dial y los 40 Principales.
Ellas me han llevado hasta donde estoy hoy. Me han dado fuerza, amor, tristeza, rabia, alegría… Sentimientos canalizados de la mejor forma posible, quedando aún grabados en mi mente.
Por eso mismo, ahora estaba posando mis dedos en las frías teclas del piano de cola en sala de conciertos de España, preparándome para tocar la primera pieza del que sería mi tercer concierto profesional.
Volví a mirar al público nerviosa, esperando poder divisarle entre tantos. Sabía que mi familia estaba en las primeras filas, pues había comprado sus pases vips y se los había enviado junto con el billete de vuelo. Mi madre, mi padre, mi padrastro, mi hermano pequeño, y la abuela de éste; ellos como representantes de las tres familias que tenía: paterna, materna y política. Pero en realidad, sólo me faltaba por encontrar una cara… Que no debía andar muy lejos.
Efectivamente. Justo en medio de todas las filas de butacas en forma de media luna y cada cuál un nivel más alto, se encontraba el motivo de que hubiera seguido adelante aún cuando muchas cosas creía perdidas.
No me fijé mucho en su ropa, no tenía tiempo, pero sí vi cómo sus labios se dibujaban en una sonrisa, y coreaba el aplauso inicial del público. Eso era lo que necesitaba. La señal de que todo saldría bien.
Volteé mi cabeza a las escalas del piano, dispuesta a hacer de las notas que saldrían a continuación algo realmente maravilloso.
Moví mis dedos lentamente, provocando un sonido muy suave, elegante; al mismo tiempo inhalaba el aire que utilizaría para cantar la melodía con la que  acompañaría las notas, junto con el coro.
-          I never had a dream come true/ ‘Cause I never met a person like you. / You should be a friend/ but you’re the most important for me now.
Aumenté la velocidad de mis dedos, tocando algunos acordes para embellecer la canción que días antes había compuesto en casa de mi novio.
Al terminar la primera canción, empecé Faithfully de Glee, y después una melodía muy poco conocida de un compositor moderno. Terminé, con mis principales obras, las que eran mayormente conocidas.
Y cuando pensaba que ya estaba a punto de que bajar el telón, en un último respiro con los ojos cerrados, sentí como todo cambiaba de repente: el ambiente, los murmullos por el auricular de mi oreja, las luces…
Al abrir mis ventanas al mundo una vez mas, al contemplar cegada la luz que entraba por las ventanas de la universidad de Fran, y las manos que rodeaban mi cintura, recordé que aunque no lo quisiera, los sueños podían presentarse como algo muy real cada día. Miré a la cara al chico, respondiendo a su sonrisa de oreja a oreja, y apoyando en su hombro mi cabeza, disfrutando del fuerte perfume que llevaba puesto él y que tanto me gustaba.
-          ¿Te ha gustado?
Tardó unos segundos en responder, como si cualquier respuesta fuera insignificante.

-          Ha sido brillante. Tú eres brillante.
Estudié sus ojos, intentando que los míos no echaran a llorar tontamente. Eran sinceros, como siempre, llenos de amor y cariño.
-          Me alegro que te gustara.
Posé mis labios sobre los de él, disfrutando del suave sabor que tenían tras el chocolate caliente que habíamos tomado antes. Un sabor que me encantaba, pero no tanto como su persona y lo que significaba para mí.
Y porque lo quisiera o no… Todos los momentos de mi vida tenían una canción concreta, y la de ahora era ésta:

jueves, 1 de diciembre de 2011

Días.


Amo esos días en los que te levantas pensando que todo va a cambiar, que todo será distinto, incluso que todo saldrá bien, y que nadie podrá robarte ni un segundo de esa felicidad que te cambia todo el rostro y te ilumina los ojos con esa pequeña esperanza que crece a cada momento que va pasando.
Es en ese día cuando ves que no hay montaña suficientemente alta como para no atravesarla.
Y de repente, algo cambia. Tu día ya no es tan especial. Da un giro rotundo y te pierdes en medio de tanta gente que te rodea. Sientes como la duda, el miedo e incluso la confusión de cómo llegaste hasta allí atenazan cada fibra de tu cuerpo, de tu mente… Incluso de tu corazón.
Tenemos miedo de querer más, de perder a las personas que conocemos… Pero esas personas no se irán. Nos decimos que debemos darle una oportunidad, que se la merecen… El caso es, que si nos hicieran lo mismo a nosotros… ¿Seríamos capaces de perdonarlos? Queremos dejar de sentir por un instante. Dejar la mente en blanco, y olvidarnos del lugar en donde estamos. Dejar de ser persona, dejar de ser esa alma unida a un cuerpo. Volver atrás. Volver a lo que se era en un principio…Pero las cosas no son así, no podemos elegirlo ni hacerlo como si fuera un cambio fácil. Dejaremos de ver a esas personas por lo que son, sino por lo que llegaron a ser. Nos pasamos la vida intentando no hacer las mismas cosas; siempre terminamos en el mismo sitio. No podemos prometer que funcionará, ni asegurar que no habrá problemas. No sabremos cuando podremos perdonar, ni cómo lo haremos… Sólo hay algo que podemos hacer para que funcione, una mínima parte a ser posible… Y es dejarlo volver.
Termina por abrumarte la posibilidad de que algo, o incluso tú mismo, lo ha jodido todo. Puede que sin querer, sin buscarlo… Pero ha sucedido, y no hay vuelta atrás. Ninguna posibilidad de recuperar lo perdido o incluso de empezar de cero. Todo se pierde en esa oscuridad para no volver nunca más.
<>
La única frase que somos capaces de razonar; la única que se queda grabada en tu mente, repitiéndose una y otra vez.
Y al final, te das cuenta una vez más, de que cada mañana, al despertarte, sabes que no tendrás esa oportunidad que te asegura ese gran día.
Terminamos por saber que te complicas la vida intentando algo que no tiene futuro y que no es real. Sólo aparentes  sentimientos en el corazón que permanecen allí grabados. Incluso es probable que lleguemos a amar de verdad, hasta el final del tiempo… Pero será retrasar lo inevitable. Puedes seguir queriéndolo y nunca conseguirlo. No puedes ir al cine porque has de estar en casa conectado para poder hablar cinco minutos con él… No puedes ir al cine, ni salir a tomar algo… Sólo disponible para él… Es algo triste. Pero es sólo un complemento a tu vida diaria, no hay que vivir para ello ni por él; tienes tus amigos, tu familia, deporte, cantantes, música… Fuera del ordenador, tienes una vida completamente distinta. No pienses en mundos multicolores de un futuro junto a ellos porque no existirán.
Y es ahí, en el final del día, cuando te vuelves  a acostar en tu cama. Cuando cierras los ojos y te dices: Soy más fuerte de lo que muchos piensan. Soy joven, y mi vida aún no ha acabado. 

sábado, 26 de noviembre de 2011

Finish


-          Eres una inútil, no sirves para nada… No sé ni siquiera por qué te tuve… Eres una desagradecida, no te mereces nada de lo que hago por ti… ¿Cómo eres capaz de echarme esto en cara? ¿Tú? ¿Qué no eres más que una inmadura chiquilla?...
Sus palabras vibraban en mi mente… Repitiéndose una y otra vez… Al igual que las mías:
-          ¿Qué yo qué? ¿Desde cuando te ha importado a ti lo que yo haga? Si ni siquiera me dejas salir a la vuelta de la esquina por si me encuentro con un supuesto borracho, o con gente desconocida que pueda hacerme daño… Cuando ni siquiera me dejas ir  a una discoteca donde es seguro que me dejen entrar con una chica de mi instituto…
Había sido muy injusta con ella… Era cierto, no se merecía lo que le dije horas antes… Pero yo tampoco merecía su siguiente frase:
-           Eres una irresponsable, una puta que va detrás de los chicos como si de ellos dependiera su vida… Estás gorda, y por más que te diga de ponerte a dieta siempre pasas, te da igual lo que piensen de ti… Sólo te importa el internet, ésa es toda tu vida. A ver si maduras y dejas de ser tan idiota…
De repente, me vino a la mente una frase que había leído hace mucho tiempo. Era ese tipo de frases que nunca piensas que necesitarás porque tu vida es demasiado perfecta. Incluso la borramos de tal forma, que cuando llega, cuando reactivamos el conjunto de células que nos llevan a ellas, nos sorprendemos de la falta que nos hacía esa simple frase:
Coraje es sentir la punzada cotidiana del acero implacable y continuar viviendo.
¿Pero cómo? ¿Cómo lo haría si la persona, su propio ídolo, no dejaba de enumerar los defectos que me conformaban?


Por algo debía empezar, y sería diciéndoselo, ahora, en ese mismo momento, aunque luego saliera corriendo con el corazón en la mano y lágrimas en los ojos.
-          Estoy cansada de estar siempre defendiéndote, de no dejar de repetirte las cosas y cuidarte sin que me agradezcas nada… Porque como siempre, eres igual a tu padre, una oportunista…
-          ¡¡¡SE ACABÓ!!! El que te veas con derecho  a decirme todas estas cosas no significa que lo tengas, y es una pérdida de tiempo intentar convencerte de que tienes una de las mejores hijas en el mundo, es problema es que tú no lo sabes  ni ver ni apreciar y estás tan frustrada con tu propia vida que lo pagas conmigo. ¿Sabes algo que me molesta mucho de ti? Que cuando las cosas van bien entre nosotras me digo que no quiero arriesgarme a perder la armonía, pero cuando todo va mal, cuando todo mi mundo se desmorona, me echo la culpa de ello, me digo que he perdido el valor, incluso me arrepiento de nacer. Y lo más doloroso, es que estas palabras vengan de ti, y lo gracioso es que yo no deje de dudar de mí misma, de mis habilidades para cuidarme sola; debería haberme buscado la vida si tanto te molestaba, aunque eso significara dejar de ver a mi hermano pequeño.
-          ¿Pero de qué hablas, cabra loca? Deja de decir cosas que no son y de pintarte a los demás como una mártir, que me han dicho que no dejas de criticarme a mis espaldas con todo el mundo, incluso dices que te pego. Si yo te hiciera las mentiras que tú vas diciendo por ahí sí que terminarías mal. E incluso ahora, podrías meterme en un gran problema por decir esas mentiras sólo porque tú no sepas hacer cosas de provecho…

-          El hecho de que yo sea sincera y nunca finja, no significa que sea fría. Simplemente, fiel a una misma. Y si no querías tener hijas… ¿Para qué coño me tuviste? Me hubieras matado cuando ni siquiera vivía aún, así tendrías una carga menos.



Cogí mi chaqueta, que colgaba al lado de la puerta. A ella no le di tiempo ni a terminar lo que empezaba, directamente, impulsada por un resorte salí por la puerta colocándome el gorro negro y bajando las escaleras rápido.
Fuera llovía.
Oscuridad, soledad, tristeza, frustración, amargura, locura, silencio, miedo, rabia…
No buscaré la manera de sentirme culpable. No me angustiaría pensando si habría podido evitar todo este sufrimiento que yo ahora le provocaba, o al menos cambiarlos.
Empecé a correr por la acera, aumentando la velocidad en la gran bajada. Intentaba descargar toda mi ira, todo aquello que atenazaba mis músculos sin compasión.
Un pie adelante, el otro hacia atrás… Un brazo inclinándose, y el otro enderechándose… Los ojos, húmedos…
Maldecía haber nacido, sufrir tanto, pasar por tantas cosas que ni yo misma quería… Sueños que nunca realizaría, ni personas que conocería. Momentos que otro niño en mi lugar habría aprovechado sin vacilación… ¿O era probable que fuera mío el problema?
Llegué a la plantación de árboles que rodeaban mi pueblo, como un frondoso bosque…
Me adentré en él, sintiendo como las ramas arañaban mi cara y mis pantalones se rasgaron.
Mi pie, sin darme cuenta, se enredó en una rama y caí al suelo súbitamente, sin poder protegerme la cara.
Un picor subió por mi mejilla, y siguió ascendiendo hasta el ojo derecho, donde un dolor punzante bloqueó mi mente.
Estaba cansada…
Llené mis puños de la hierba mojada. Las gotas de la lluvia mojaron toda mi chaqueta, resbalaban por mi frente… Caían desde mi barbilla.
Fue ahí, ese segundo, en el que empecé a llorar. Como si fuera la primera vez que experimentara el sentimiento del dolor tan agudo e mi corazón.
-          ¿Evie?
Una voz sonó a mis espaldas. ¿Me habían reconocido? ¿Quién?
<<Mierda…>> Pensé. Si me habían descubierto sería muy difícil explicar la situación.
-          ¿Evie?- repitió la voz, esta vez sonando compasiva.
Las manos del desconocido, porque era un hombre, rodearon mis caderas, atrayéndome a su pecho, y ocultándome la cara en su hombro.
-          Mi pequeña… Mi cielo… Mi vida… Mi estrella.
Le reconocí. Era Skayder, la misma  persona que se negaría a dejarme sola en cualquier circunstancia.
-          Suéltalo, cariño. Sea lo que sea que haya pasado, desahógate.
Ni fui consciente de cuando grité bajo la tormenta, ni de cuándo lloré desconsoladamente… Sólo sé que sentía sus firmes brazos que en ningún momento me soltaron, abrazándome con mucha fuerza, su chaqueta tapándonos las cabezas, y sus labios que tocaban una y otra vez mi frente. Mis piernas estaban sobre las de él, mis manos a cada lado de su espalda, y mi cuello apoyado sobre su otra mano.
-          No pasará nada, yo estoy aquí; yo te cuidaré…
Al día siguiente, el sol entró por la ventana de un cuarto pintado de un amarillo suave, muy nítido. Mientras mi cuerpo descansaba relajado sobre otro. Y una mano en mi cintura, la otra enlazada a mi mano.
Y un sueño, un sueño compartido que tendría un nuevo comienzo.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Broken Dreams


 Es impresionante como en un segundo tu vida puede cambiar para bien o para mal.
Cada segundo indicado por el tic tac del reloj puede pasar de un recuerdo especial al más odiado de todos.
Incluso las cosas más pequeñas que pasan desapercibidas para nuestra consciencia, pueden revolver la vida de uno y colocarla de patas para arriba.
Estoy encima del tejado de mi casa en la playa, contemplando la brillante esfera colgando del techo oscuro, asentada sobre las millones de partículas marinas que llenan el aire que respiro.
Es cierto, es muy bello contemplarla sin ruidos, sin problemas, sin pensamiento alguno que te inquiete o te haga recordar el día de mañana.
La noche está repleta de estrellas, pequeñas bombillitas que representan los sueños de los ciudadanos del planeta. Miles de sueños esperando ser recordados… Añorando ser utilizados.
¿Les sacábamos provecho?
¿Les sacaba yo provecho?
¿Cómo saber si, con los recursos que tienes a tu alcance, eres realmente feliz? ¿Cómo saber cuando dejar de buscar para finalmente disfrutar? ¿Eso no sería conformidad? ¿O nos convertíamos en inconformistas por querer siempre más? ¿Agradecemos lo que tenemos delante? ¿O simplemente no nos damos cuenta hasta que lo perdemos? Y cuando ya está perdido, ¿cómo sabemos exactamente qué perdimos? ¿Y si todos necesitamos algo  cada día para seguir ambicionando más? ¿Nuestro crecimiento personal tiene algo que ver con las posesiones?
¿Por qué el ser humano se hace tantas preguntas?
Porque no conoce la respuesta.
Vuelvo a mirar la luna.
Tan bella. Blanca, pura, limpia… Perfecta como nada más. Espectacular entre tanto negro.
Cierro los ojos y estiro mi cuerpo en la fría superficie de cemento. Me tapo lo mayor posible con la manta. Coloco las manos cruzadas en mi nuca, levantando en un ángulo cómodo la cabeza, de tal forma que pudiera seguir observándola.
Desde que he nacido, ¿he disfrutado de las cosas que tengo?
Creo que no, creo que ni siquiera me lo he planteado. Siempre ha sido buscar lo perfecto, más de todo: todo lo nuevo, todo lo bello, todo lo moderno, todo lo gracioso, lo que me gusta, odio, amo, quiero… ¿Y ahora? ¿Qué me impedía relajarme con lo que tenía? Nada, en realidad, si no lo hacía era porque no quería.
Había rezado más de seis años para tener un hermano pequeño, a los diez años de edad lo conseguí.
Soñaba con viajar más a menudo, en el verano de mi noveno cumpleaños, volé a dos islas diferentes, una de ellas dos veces.
Deseé tener un MP3, me regalaron hace dos años uno que casi nadie tiene.
Quise cantar en un concierto, y terminé participando en un musical.
¿Pero qué pasa con lo que tengo y no uso? Mi microscopio,  mi bola del mundo, mis caja de llaveros, mi diario, más de la mitad de la ropa de mi armario, colonias, maquillaje… Cosas que costaron conseguir y las he dejado tiradas como si nada, como objetos sin valor de los cuales quiero desprenderme rápidamente de ellos.
Esto no podía ser… Debía hacer algo.
Cerré mis ojos. Estaba cansada de pensar en reproches.
Imaginé una escena en mi cabeza. Unas figuras, un chico y una chica, que caminaban por los jardines de una mansión londinense.
El joven toma de la mano a la chica. Dulcemente, como si esta pudiera romperse al igual que una muñeca de porcelana. Ella baja su mirada, ruborizada, al suelo sin pavimentar.
-          Parece que lloverá…-comentó él nervioso. Utilizando uno de los temas más frecuentes ante una dama.
La joven alzó la cabeza, observando el cielo, deseosa de poder confirmar lo del joven.
-          Si llueve, esto se pondrá precioso.
-          ¿Le gusta ver llover?
Pensó un poco su respuesta. Cierto era que le encantaba observar las gotas de agua que caían… Pero más aún amaba sentir la lluvia sobre su cuerpo, absorbiendo todas las sensaciones que ello provocaba.
-          Sí, me gusta ver llover- era verdad en cierta parte, pero era indecoroso que una muchacha sin carabina declarase su felicidad al estar expuesta, y encima empapada ante un noble.
-          En ese caso, ¿no cree que deberíamos volver antes de que empiece?
La joven volvió a pensar. ¿Perdería la oportunidad de disfrutar unos segundos? Podría escaparse de su habitación o… También podía olvidarse de todo y vivir.
-          Preferiría seguir con nuestro paseo, claro está si a usted no le importa, my lord.
-          Por supuesto que no, lady Alice.
Siguieron avanzando por el sendero de escarcha, rodeado de rosas blancas y rosas.
Sólo se oían sus pasos, internamente, podían notarse a sí mismo el latir acelerado de sus corazones y su respiración falta de un ritmo fijo.
Se gustaban ellos dos, todo el mundo lo sabía, aún así, preferían esconder la verdad, hacerse los ciegos, como si no pasara nada… Eso ya no les servía.
Las primeras gotas cayeron sobre la frente de Alice, quien sonrió para sí misma. Caminó más rápido, alejando su brazo del del joven.
Las tres solitarias gotas pasaron a diez, de diez a veinte, y de veinte a más de cincuenta continuas.
Ella no dejaba de estirar sus brazos, dar vueltas bajo la llovizna…
Él no dejaba de verla como si la joven educada, recatada y tímida con la que había hablado antes, fuera la misma que se exponía semimojada ante un lord de su categoría.
Admiraba que mostrara esa fidelidad a ella misma, pero… ¿Ante un hombre? ¿A caso no era consciente de lo que podía hacerle él si quisiera?
En un intento vano de hacer que la señorita parara:
-          Lady Alice, por Dios, deténgase… Alguien puede vernos y traerle problemas.
La risa de la chica retumbó en sus oídos.
-          La vida no se trata de esperar a que pase la tormenta, se trata de aprender a bailar bajo la lluvia.
-          Pero usted debe cuidar su reputación…
-          Una vez, un  gran sabio me dijo  que << lo que hagas en la vida será insignificante, pero es muy importante que lo hagas, porque nadie lo hará por ti, como cuando alguien entra en tu vida y una parte de ti dice que nos estas mínimamente preparado para esto pero la otra parte dice hazlo tuyo para siempre...>>. Por eso mismo, nadie disfrutará por mí estar bajo la lluvia, ni sería lo mismo si no lo hiciera yo. Por eso estoy así, ante usted, sin ningún remordimiento. Y usted debería hacer lo mismo, lord Bradley. Todos deberíamos atender esto con intensidad, sin poses, disfrutando cada momento, cada experiencia, cada afecto. Sin lugar a dudas, seríamos mucho más felices
-          No la sigo, señorita…
-          Puede ser que me sienta tentada a ser una mujer impecable, peinada y planchadita por dentro y por fuera. El aviso clasificado de este mundo exige buena presencia: péinate, cómprate, camina lento, adelgaza, come sano, camina derechita, ponte seria... Y quizá debería seguir las instrucciones pero ¿cuándo me van a dar la orden de ser feliz?
-          ¿No es feliz?
-          Claro que no. Hay días que lo siento…Pero la gran mayoría no. Lo único que realmente me  importa es que al mirarme al espejo, vea a la mujer que debo ser. Además, tampoco es que tengamos un buen concepto de felicidad…
-          Oh, por favor, dígame que entiende usted por felicidad…
-          Ser feliz no significa que todo sea perfecto, significa que aprendiste a mirar más allá de las imperfecciones.
-          Sabe que esto que dice… ¿Sería tachado de blasfemia? Nunca la creerán.
-          No me importa si me creen o no. Bajo esta máscara hay unos ideales, y los idéalas son a prueba de balas.
-          Pero… Su causa está perdida. ¿Por qué luchar por algo que definitivamente está perdido?
-          Ninguna causa está pérdida mientras haya un insensato luchando por ella.
-          En ese caso, es una gran derrota.
-          Existen derrotas, pero nadie está a salvo de ellas. Por eso es mejor perder algunos combates en la lucha por nuestros sueños que ser derrotados sin siquiera saber por qué se está luchando.
-          ¿Y cómo se gana?
-          El mérito de todo éxito es que uno se vence a sí mismo. Quienes saben esto jamás conocerán la derrota.
-          Este tema es muy filosófico, mi querida señorita.
-          Puede… O también puede que no se vea capaz de darme su opinión.
-          ¿Quiere mi opinión? Vivir con calma para morir rápido, olvidarse de las  ilusiones que no se alcanzan. Hablar bajito pues gritar fuerte no sirve,  tampoco hay un mundo de colores diferentes. Reír con suave para calmar los llantos, pues no se puede tocar la luna. Dejarte el alma en casa y así tener una excusa para volver.
-          Eso es demasiado triste. A pesar de todo, he cometido mis errores, tropezaré y me caeré, pero las caídas, las heridas, errores, sólo tendrán sentido si nos volvemos a levantar.
-          Eso ya es de una soñadora empedernida…
-          Porque usted es usted y yo vivo soñando porque mi mundo son mis sueños y mis sueños son deseos. Porque quiero y querer es mi camino… El camino que amo.
El joven se dio cuenta  de lo inferior que era la jovencita para él, pues era una soñadora y como tal solo quería soñar cosas imposibles.
La joven, descubrió lo por encima que estaba del joven que creía saberlo todo, de la sociedad machista, y de cualquiera que intentara arrebatarle lo que era…
Una mujer libre, una luchadora.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Amigos... Simple conocidos o familiares.

Supiste día a día ganarte mi confianza, hacerte compañero de los sinsabores, cómplice de las alegrías. En un mundo de indiferencia y envidia, logramos juntos edificar un mundo perfecto, un oasis sagrado en el que pudiéramos ser nosotros mismos y descansar en la confianza y la comprensión. A pesar de las turbulencias defendimos con entereza nuestro lugar. No cedimos ante los compromisos, la falta de tiempo, el trabajo. Siempre pudimos encontrar un momento en el que nos reuniéramos a compartir nuestras experiencias. Y eso es importante, importantísimo.


Cuando miro alrededor y veo lo difícil que se hace la vida, lo empinada que es la cuesta, sonrío por dentro pensando "no estoy sola, tengo Mi gran amigoo en el cual apoyarme". La verdad es que hay ciertos trayectos de la vida que no hubiera podido transitarlos sola. Tuve momentos de franca desesperación en los que tu mano salvadora llegó justo a tiempo, o en los que tus palabras de aliento sirvieron para que no cayera. , mirando hacia atrás, me maravillo de esas experiencias, casi lloro con nostalgia y admiración por tu fortaleza y dedicación. No sé cuánta gente podrá decir esto de otra persona, ojalá que muchas, pero lo que en realidad siento es que no existen demasiadas personas como tú en este planeta y agradezco a Dios que te haya puesto en mi camino.