martes, 21 de agosto de 2012

End of the sun


Recogí mis faldas, colocando mi primer pie en el peldaño del carruaje, sin dejar de girar mi cabeza en todas las direcciones, buscándole, pero sin verle.
-          ¿A quién buscas, Evie?
-          Er… A todos y a nadie, madre…
-          Si piensas que soy tan fácil de mentir, es que no has aprendido nada de mí durante tantos años.
-          No pienso eso- confesaba mientras me sentaba en el sillón acolchado de terciopelo rojo, apoyando mi mano en un codo y mirando por la ventanilla con las cortinas recogidas.
-          ¿Es ese joven que tan ocupada te ha mantenido este mes?-inquirió cuando arqueó una ceja.
Una tímida sonrisa se dibujó en mi cara, pero mi mente se alejaba de la elegancia inculcada desde la cuna.
 Cansada de pensar en ése sujeto, y lo absurdo al pensar en un matrimonio con él por amor, solté el lacito de la tela, cayendo rápidamente y oscureciendo el interior.


-          Sí, le buscaba. Pero ya me ha dejado en claro todas mis dudas.
-          ¿Qué dudas cariño?
-          Si en verdad me quería- no daba crédito a mis oídos. Confesé algo que no admitía ni yo, que no quería que nadie supiera. ¿Lo dije porque lo sentía de verdad? ¿En el fondo lo sabía pero no lo quería aceptar?
-          Y una cosa… ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Qué te mandara una carta cursi? ¿Una habitación llena de flores rojas? O probablemente ¿joyas? Me parece bien que no haya aparecido, haya hecho lo que hiciera. Pero darte regalos a cambio de tus disculpas no es más que comprar una mentira. Te quiere tanto, que ha decidido dejarte tranquila.
-          No, madre.- la indignación, la probabilidad de ver a Ilya con otra mujer diferente de mí me llenaba de rabia, rabia ciega que crecía, pero las pruebas eran las pruebas-, si profesara hacia mí los mismos sentimientos, estaría ahora mismo aquí, conmigo, y no escondido en su alcoba, a saber con cuál mujer nueva.
-          ¿Has pensado en ser positiva alguna vez? La vida trae muchas más soluciones a aquellos que tienen el coraje de soñar.
-          Si siempre pensare para bien, me convertiría en una ignorante.
-          O conseguirías tus sueños.
Relajaba mis músculos, tensos debido a la conversación, y me centré en respirar con los ojos cerrados la última fragancia del maravilloso campo.
Descendíamos por la carretera, levantando polvo al paso lento, tan lento que aún se escuchaba a un caballo relinchar a lo lejos.
                                                                 *********
Corrí escaleras abajo cuando supe de la partida de Evangeline. Me negaba a creer que se hubiera ido de verdad, menos en medio de una discusión inacabada. Podía permitirle el dejarme con la palabra en la boca, pero no irse sin darme posibilidades para hablar en privado y pedirle disculpas.
En estas últimas semanas gozaba de su compañía como nunca fue con otra mujer, sin embargo, conquistar a Evie era una locura, y yo debía de estar rematadamente loco de amor.
Al llegar a los establos, monté sobre Thor sin dilación, sin preocuparme de equiparle la silla de montar, ni las riendas; hundiendo mis dedos en su pelaje, y ojos inyectados en sangre y frustración por el tiempo que perdía, lo espoleé con el talón, saltando la valla con las patas traseras, preparando mi cuerpo para el duro golpe, averiguando el carromato de mi chica de entre los demás.
Pasé corriendo por cada lado, mirando por dentro de las ventanillas, hasta recordar el símbolo del colgante que solía llevar puesto y que yo le había quitado hacía unos días a la joven: una corona que rodeaba una rosa abierta; y ese vehículo estaba a punto de abandonar la hacienda.
Aceleré la marcha, hasta ahora muy lenta, gritando a los invitados que se apartaran de mi camino.
                                                             **********
-          ¡¡¡Evie!!!-gritó una voz muy familiar desde la distancia.
-          Imposible-murmuró mi padre.
Inmediatamente saqué mi cabeza por la ventana, encontrándome a Ilya sobre un caballo completamente negro, endemoniado que corría hasta donde yo estaba.
Al final, si vino. Me dije a mi misma que debía salir, saltar y correr hacia mi destino, por difícil que fuera y aunque yo siempre pensara lo contrario. Debía luchar con todas mis fuerzas por mis sueños.
Lo hice.
Salté del vehículo en marcha, rompiendo un tacón del zapato al frenar la caída, y poniendo pies en polvorosa hacia el chico, sin el menor atisbo de pudor en arremangar mi traje en una sola mano para aguantarme el sombrero con la otra. Sólo me quedaban pocos pasos, los cuales eran robados por las patas del caballo a una velocidad increíble.
Aún sin frenar a Thor, Ilya se bajó apresurado, corriendo, respirando acelerado, rojo de ira.
-          No te vuelvas a escapar, joder.
Sus manos me rodearon, pegándome a su cuerpo y estampándome un beso posesivo en la boca.
-          No me dejes escapar tú a mí.
Con la misma intensidad, y aprovechando su despiste,  devolví el roce y un pellizco en su brazo derecho.

domingo, 29 de julio de 2012

Cowboy's history

SKAYDER

Para muchos el mejor amigo de todos. Un joven con el que poder contar siempre que se pueda. Un chico capaz de dar la mano por sus hermanos. Un señorito que no se rinde fácilmente, algo terco, pero muy especial.
Hace casi un año y poco más que lo conozco, y parece que ha sido toda una vida. Le conozco tanto, o menos que él a mí; le quiero muchísimo, y pocos serían capaces de igualarle en el futuro. No quiero decir que vaya a dejar la relación que tengamos, pero sí asegurar que ha dejado el listón masculino demasiado alto.



Al principio pensé que no era más que un chiquillo con el que me entretendría dos días. Que hablaríamos mucho para después tenerle rellenando la lista de amigos que ya tengo de por sí rebosando. Le avisé de que podría enamorarse, no quería tener que acarrear con más problemas de los que tenía por ésa época, él en cambio, dijo que ya veríamos si pasaba. Le comenté innumerables veces lo problemática que yo podía llegar a ser, que era difícil de entender, rozando la pesadez y la obsesión... Pero en vez de huir, como esperaba que hiciera, él se plantó firme en su sitio, aún con esperanzas y con una firma y férrea voluntad.

Comenzamos nuestra relación al poco de conocernos. Y no me arrepiento, me ahorré mucho tiempo sin él y su compañía. Aunque a lo mejor hubiera sido mejor esperar un poco más a conocerle más profundamente, y así no hacerle daño como le he hecho hasta ahora, cuando no entendía sus bromas, o sus ausencias. Pero aún así tampoco me arrepiento. Es de las cosas que más grandes y preciadas tengo.

Ahorita va a cumplir años, el 25 de septiembre, y quería hacerle un buen regalo. Lástima de mi que por culpa de la distancia no pueda darle los besos y caricias que tanto me gustaría. Porque a veces pienso que me estoy perdiendo sus mejores momentos en su realidad, y yo mientras aquí, atándole a algo que tardará en llegar. Un futuro poco más que marcado por la incertidumbre, pero seguro para los dos.
¿Qué le regalo pues a ésa persona que tanto quiero? Ni una canción dedicada por la radio significaría la mitad de lo que siento. Ni siquiera escribirle una carta valdría tanto como abrazarle en su día. Ni siquiera el hecho de comprarle algo que le hiciera mucha falta y mandarlo por correo me satisfaría tanto... Nada podría convencerme al final, de lo mejor para él. Y puede que no lo haga nunca.

Tengo la oportunidad de vivir mi vida con alguien maravilloso. Una vida llena de aventuras, sueños hechos realidad, y nuevos propósitos. Nuevas experiencias que enriquecerán mi vida, y nuevos miedos de perder lo que tanto quiero.
Pero de éso está hecho la vida,  y no me importa correr el riesgo si con ello puedo estar con él.

Puede que no seamos la pareja perfecta, que tengamos más broncas que días buenos, pero valdrá la pena. Si vamos a tener un futuro juntos, no tiene sentido que finja ser quién no soy; fingir que no voy a hacerte demandas en cualquier terreno. Aunque por mal que vayan las cosas, siempre estaré aquí.
Son tus defectos los que te han hecho maravilloso.
Lees mis pensamientos y emociones como si fuera un libro abierto. En circunstancias normales nunca me he molestado en ocultarte lo que pienso o siento. Y el hecho de que sepas muchos secretos míos, más de los que nadie sabe, evidencia que estoy más unida a ti de lo que había pensado en un principio. Y si mi instinto me dice que vale la pena perseguir esto, es lo que haré.


Te quiere, Lady Evie

lunes, 9 de julio de 2012

Who's she?

 ¿Quién era ella?
Nada más que una simple dama, hija del barón de Oxford, pasiva y gris. Menospreciada. Reticente a vivir la misma vida que sus compañeras, mucho más lindas que ella.
 ¿Quién era ella?
Nadie en mitad de la marea social londinense, eso si es que estaba situada en ella.

 Absolutamente nadie conocía sus deseos más prohibidos, sus sueños más oscuros, ni su forma de ser, ni de razonar... Su inteligencia era relegada a menudo a un segundo, tercer o último lugar. Con frecuencia tenía que parecer tonta ante quienes quería impresionar. Vivía en una época donde una cara bonita valía mucho más que la integridad de una persona.
Ni siquiera aquellas que tenían el nombre de mejores amigas conocían su necesidad de vivir la vida a  cada segundo, de sentirse cada día más viva, de experimentar nuevos sucesos, nuevas emociones, enfrentar nuevas situaciones. Cosa que veía imposible en su condición de solterona gordita y fea.

Nadie sabía a dónde iba, ni cómo ni con quién, y eso le bastaba para saber que era libre de tomar sus propias decisiones sin el miedo a ser tachada de mala compañía e influencia. Pero eso no le importaba mientras pudiera ser quien era ella. No mientras pudiera seguir soñando sin ser interrumpida por obligaciones. No mientras aún fuera dueña de su vida.

martes, 3 de julio de 2012

Para mejorar y no conseguir nada...


Que curiosa es la vida, que cuanto más intentamos sobresalir en algo, menos lo conseguimos. Y es que la sociedad, al menos la estudiante, está dividida de una forma muy rara.
Los que son inteligentes y dotados de la capacidad para aprobar sin estudiar y que se pasan las horas de clase hablando o dibujando en sus libretas, son aceptados por todos, pues dan las tareas, ayudan a entender y pasan la mayor parte del tiempo en frente del ordenador informándose sobre la vida de distintos famosos, viendo películas o viciándose a un nuevo juego.
Los guapos o que se creen lo mejor de lo mejor son aceptados en los grupos desde el primer día que llegan nuevos a un lugar, son abiertos y juguetones, algunos incluso se aprovechan de parecer cariñosos para conseguir abrazos o besos de las chicas que están a la altura.
Los que pasan de todo, simple y llanamente se olvidan de lo que les rodea en clase, colocándose los cascos de música o durmiendo, algunos incluso hablando por el móvil con sus amigos.
Y, el último grupo, donde me incluyo: los que intentamos sobresalir al menos una vez… Y no conseguimos absolutamente nada por mucho que hagamos. Somos marginados por los demás, tratados como raros o seres que nunca han existido ni tienen derecho aun minuto de fama. Simples seres que son pasados por alto sólo porque no son semi perfectos o alguien que no son. Pasamos la mayor parte del tiempo estudiando para lo exámenes, y después llega el empollón diciendo que nos hemos equivocado aquí, que no sabemos hacer esto, que ha sacado mucho más nota que nosotros, o incluso que no sabemos entender nada.

Cuando intentamos ir guapos al colegio, llegan los guaperas riéndose por la forma en que vestimos, o del peinado que hemos decidido llevar; para cuando pasas por la puerta de una de esas clases, te tiren agua porque no te soportan. Mientras, miras a tu alrededor y todos se ríen de ti. Intentarás seguir con la cabeza alta, pero no lo conseguirás.
Y los pasotas, si ven que intentamos llamar la atención o hablar con alguien distinto, directamente hacen chismes o te critican a la espalda.
Por lo tanto, me duele darme cuenta de que por mucho que intente mejorarme, siempre habrá alguien superándome, y no es justo… Merezco minutos de fama, incluso días y encontrar aquello que merezco y tanto he buscado. Porque no somos falsos, somos como somos, originales. No apreciados, incomprendidos, simples testigos de la vida, mientras los demás la viven con sus sueños hechos realidad…


domingo, 13 de mayo de 2012

Puede que tú hayas cambiado, pero yo no.


-Tengo que llegar… Tengo que llegar… ¡Tengo que llegar...
Mis pies corrían sobre la gravilla de la carretera mal hecha del pueblo, ahora oscura y desierta en comparación con las mañanas, bulliciosa. Agarré con fuerza la funda de mi espada, impidiendo que se cayera del cinto donde estaba amarrada, justo cuando estaba dispuesta a saltar un muro desde un barril de vino para pasar al siguiente conjunto de callejuelas.
Sólo tenía una oportunidad para alcanzar el barco en el que secuestraban a Ilya los secuaces de mi tío Frangois du Dulac. Lord Dulac se había negado hace medio año a cualquier compromiso matrimonial que tuviera su sobrina, por ventajoso que este fuera, pues quería heredar la fortuna familiar y sus posesiones más ricas.
Nadie sabía que su sobrina era "el encapuchado" más buscado, también llamado Pagan. Nadie sabía, que una joven de alta cuna, estaría defendiendo los derechos de las mujeres en la sociedad.
Disfrazada como iba, una capa negra que me llegaba hasta los tobillos, un sombrero que tapaba mi pelo castaño en su mayor totalidad, y la ropa negra ajustada que me permitía la mayor parte de los movimientos, contradictoria a la moda de la época. Armada de pies  a cabeza con una espada recién afilada, un revolver de precisión, varios explosivos, pequeños cuchillos repartidos por el pie… Eso sin mencionar la daga que tenía escondida en mi bota fuertemente anudada hasta por debajo de los tobillos.
Fuera quiénes fueran los secuestradores, iban a encontrarse con una maestra de las espadas muy enfadada.
El barco de vapor que transportaba a Lord Prakovski estaba a punto de alejarse lo suficiente de la plataforma como para imposibilitar mí subida a bordo. Pero no fue difícil saltar impulsada por mis talones, agarrándome al bordillo de la proa, nerviosa por delatar mi presencia. Decisiva, apunté mi zapato en el metal, pasando la otra lo más arriba que podía para entrar. Al conseguirlo, me escondí detrás de las paredes, en las sombras, avanzando lentamente, espada en mano, apurando mis pies sin hacer ruido.
El primer enemigo no tardó en ser localizado.
Alcé el arma, resuelta a asestarle la hoja en el cuello y tirarlo a la mar; el hombre, sin embargo, pareció advertir mi figura a contra luz, pues se giró encarándome con una pistola de perdigones oxidados, la cuál no duró nada en sus manos, ya que al ser yo más rápida, se la había quitado. Esquivé un puño directo a mi mandíbula, mientras yo le pegaba en el estómago con los anillos de metal. Cogiéndole por la camisa del cuello y entorpeciendo cualquier intento de fuga, lo tiré al océano. Su grito dio la voz de alarma.
De pronto, me vi rodeada de mercenarios harapientos, sólo armados con espadas cortas. Paré unos segundos, imaginando una nueva táctica en mi cabeza, buscando la forma de gastar el mínimo tiempo posible y aún así mantenerlos entretenidos. Di vueltas sobre mis pies, mirando cada cara, cada rostro, y me decidí por el más débil.
-          Uno por uno, caballeros.
Un estruendo de risas resonó en medio de la noche, al mismo tiempo que aullaba un perro en la lejanía, y yo me disponía.
Con mi espada, di unos suaves golpes a la del muchacho, teniendo la certeza de que estaba muy nervioso, y no era capaz de aguantar firme el arma. Empecé con un juego de pies, chocando el metal muy cerca de su empuñadura, y él me envestía con un intento de toque en el hombro. Impedí un ataque a la pierda, bajando rápidamente el arma y colocándola en posición nuevamente, esquivando otra espada de un segundo combatiente. Volví a parar, mostrándome aparentemente cansada, localizando a los dos insensatos. Con renovadas fuerzas alcé el arma tocando al joven en el costado, cayendo al suelo mientras yo me enfrentaba a un nuevo oponente.
Apareció en medio de mi campo de visión un hombre muy alto y fuerte, mientras yo intentaba parar su estocada, y el agarraba mi arma, riéndose. Una patada llegó de improviso a su entrepierna, haciéndole volver a la fila.
Furioso, llegó otro hombre corriendo, pretendiendo darme en la cabeza, pero mi florete, mucho más rápido, fracasaba sus intentos. Dejando a más de la mitad con las ganas, me refugié las espaldas, donde menos gente había, saltando y eludiendo, disparando y esquivando. Aproveché que un marinero se agachaba a recoger su arma para pasar espalda con espalda, por encima de él, dando una voltereta y ubicándome encima de una mesa con copas y cartas. Uno subió a ella, pero fue velozmente tirado al suelo. Acercándome al borde, di una patada a uno en el pecho. A otro le alejé de su espada la mano, y a un quinto le di una patada en la cara. Dos aspiraron subir, pero mis puñetazos lo sacaron fuera. Oro más fuerte ascendió, peleándose conmigo, y terminando sin cabeza. Corriendo nuevamente, entré en el pasillo, cerrando la compuerta y enfrentándome a los nuevos integrantes, atizándoles duros leñazos,  y beneficiándome de los distintos muebles dispuestos, tirándoselos a las caras sin contemplaciones.
-    Estoy empezando a hartarme de tantas molestias, señores.
Frente a los calabozos, había un nuevo marinero, medio durmiendo, a quién dejé tranquilo, desmayado.
-  ¿Ilya? ¿Estás ahí?
-   ¿Evie? ¿Qué haces tú aquí?
Siguiendo su voz conseguí encontrar la celda correspondiente, cargué uno de mis explosivos.
-  Aléjate de la puerta todo lo que puedas.
-Ya no sé qué decirte para que dejes de disfrazarte…
-Cállate y aléjate.
Solté la cerilla, escondiéndome detrás de una pared, y escuchando la explosión.
Al darme la vuelta, vi como Ilya salía desde los restos.
-  Toma- le tendí el revolver y la daga- te harán falta ahí fuera.
-  Pareces un hombre de verdad…
-  Ten cuidado no vayas a cambiar tus gustos- repliqué azorada.
-  Lo dudo.
Al salir por la puerta de metal principal sólo tuvimos preciso tiempo para soltar dos nuevos explosiones y saltar por la borda. Navegando hacia la orilla, lo más rápido que podíamos huyendo de la muerte y la amenaza. O eso creíamos.

viernes, 30 de marzo de 2012

Carta al amor.



"Querido Ilya:
Más de dos semanas juntos han sido menos que suficientes. En dos semanas me he enamorado de ti. Ahora nos espera un año separados, ¿pero qué es un año separados después de estas dos semanas juntos?"

Él seguía corriendo, cansado, sin apenas respiro, sobre el polvo de la arena en el camino... Hasta llegar a mí.
-           - No podía dejar que te fueras sin decirme adiós- me confesó lord Prakenski cogiendo mis manos entre las suyas.
"Me hiciste una promesa, una promesa que sé que cumplirás. Sólo te pido una promesa más  durante el tiempo que estemos separados: cuéntame todo, escríbelo todo. Toma notas en un cuadernillo y envíamelas con un mensajero, me da igual, pero quiero saberlo todo. Así estaremos siempre juntos aunque nunca estemos realmente juntos. Antes de que nos demos cuenta, nos veremos".
-           - No me diste oportunidad…-mentí.
-          -  Yo…-la sinceridad vaciló en su mirada, sin saber elegir entre contarme lo que tanto le costaba asimilar, o reconocerlo en voz alta.

"En el fondo, todo el mundo piensa que  eres fuerte y duro. Pero  ser eso sólo se trataba de asimilarlo.
A veces, tenemos que darnos permiso a nosotros mismos para no ser fuertes por una vez. No hay que ser duro cada momento del día; está bien bajar la guardia, de hecho hay momentos en que es lo mejor que podrías hacer, siempre que escojamos nuestros sentimientos con sabiduría. Y tú los controlas casi tan bien que impides descifrar tu cara de póquer".
-           - No tienes por qué decírmelo… Ni siquiera espero que lo hagas- mi cuerpo giró sobre sí mismo, dispuesto a emprender el camino hacia el carruaje; pero algo me retenía, junto a él, justo antes de que todo se volviera negro, y la gente desapareciera de nuestro alrededor.
-           - Te amo… Y lucharé lo que haga falta para verte en menos de un año. Haré lo que haga falta, para no perderte… Lo juro.
"En la vida, uno solo podía estar seguro de una cosa, aparte de la muerte y las dificultades: no importa lo mucho que lo intentes, no importa lo bueno que sean tus intenciones: vas a cometer errores, vas a hacer daño a la gente, van a hacerte daño… Y si quieres recuperarte, solo hay una cosa que puedes decir. Cuando alguien hace que nos equivoquemos, queremos tener razón. Sin el perdón nunca se ajustan las cuentas, las viejas heridas nunca se curan, y lo máximo que podemos esperar es que un día tengamos la suerte de poder olvidar".

-          -  Suerte…- dije, deseando que mi voz no demostrara el profundo dolor que sentía.
Regresé al coche, esperando ver desaparecer la cara del hombre al que amaba con tanta fuerza; esperando poder olvidar las lágrimas que amenazaban con desramarse.
"La verdad es muy dura, la verdad es incómoda y a menudo la verdad duele. La gente dice que quiere saber la verdad, pero ¿es cierto? La verdad es dolorosa, en el fondo no queremos conocerla, sobre todo cuando sabemos que nos afectará. A veces decimos la verdad porque es lo único que podemos ofrecer. A veces decimos la verdad porque necesitamos decirla en voz alta para poder oírla, otras veces la contamos porque no podemos aguantarnos y otras la contamos porque a alguien le debemos al menos eso".
-          Te amo, Ilya Prakenski-susurré contra la tabla de madera.
"No lo dije en ese momento, pero te amo… No quiero vivir sin ti… Cambiaste mi vida.
Mi sol, nada puedo hacer sin ti... Pero tampoco quiero sufrir por no estar contigo, ni imaginarme cosas que no son, situaciones que nunca ocurrirán…"
Mientras tanto, el carruaje se alejaba de tan linda hacienda, separando a la pareja en el tiempo y el espacio.

viernes, 23 de marzo de 2012

Viaje al aparte.Part1.



"Peléate con el árbitro, cambia las reglas, haz trampas, no olvides tus heridas, pero juego… Como si no hubiera un mañana. No se trata de ganar o perder, sino de cómo juegas.
Pasamos toda nuestra vida preocupándonos por el futuro, planificando para el futuro, intentando predecirlo, como si calculándolo de alguna manera amortiguáramos el golpe. Pero el futuro está siempre cambiando. El futuro es el hogar de nuestros miedos más profundos y todas nuestras esperanzas. Pero una cosa es cierta, cuando por fin se revela… El futuro nunca es el camino que imaginamos"


Recogí la manta que había caído al suelo del avión, colocándola de nuevo sobre mis hombros y resguardando mi cuerpo del aire acondicionado.
Desde hacía tres horas, viajaba hacia La Península Ibérica junto con el grupo de AFAMER. Quedaba una hora de viaje para llegar al aeropuerto de Sevilla, desde el que nos llevarían al aparta hotel Bordeux.
Desde la ventanilla podía ver el embravecido mar, en medio de tanto silencio, sólo con el sol dándome en la cara tímidamente; mientras mis dedos acariciaban la ventana y mis pies se encogían sobre el sillón.
Ya le echaba de menos… Dos noches sin hablar, más los cuatro días siguientes incomunicados: sin llamadas ni mensajes. ¡Qué desesperación! Aunque no se arrepentía de haber pagado el billete, tenía una nueva oportunidad para visitar un país desconocido. Y su espíritu aventurero no podía negarse esa posibilidad.
"Nunca saber cuándo va a ser el día más importante de tu vida. Los días que crees que serán importantes nunca son cómo imaginabas en tu cabeza. Los días normales que empiezan igual que otro cualquiera, son al final los más importantes"
Había prometido escribirle en un cuaderno cada noche, tomar notas de lo que visite, para luego mandarlas por correo al volver a la isla. En ese pequeño cuaderno azul claro ya había escrito varias hojas: la despedida de mi madre antes de subir al autobús; el añoro de su risa; sus ojos color miel y su nariz tan mona.
-          Es muy linda la vista, ¿verdad?
-          Es preciosa.
-          Recuerdo el primer viaje que hice con mi marido… En momentos como estos, desearía poder recuperar el tiempo perdido junto a él.
-          ¿Cómo se llama?- inquirí, pues las historias que escuchaba de la gente, me servían para crear nuevas situaciones en mi blog.
-          Llamaba… Murió hace un año- el silencio se tensó. Por mi parte, me gustaría saber la historia de esa mujer tan erguida a mi lado, pero sin hacerle daño; por la parte de la señora, parecía sumergida en sus recuerdos.


"

-         Al cabo de unos minutos, contestó mi pregunta:
-          Se llamaba Francisco. Un joven muy apuesto, a veces demasiado, pero realmente dulce y atento…- su narración fue muy larga, casi hasta antes de aterrizar, que fue cuando durmió un poco debido al agotamiento, y yo escuchaba la música de mi reproductor.
""El dolor adopta formas diversas, una punzada, una leve molestia… Dolor sin más, el dolor con el que vivimos a diario, pero hay dolor que no podemos ignorar, un dolor tan enorme que borra todo lo demás y hace que el mundo se desvanezca hasta que solo podemos pensar en cuánto daño hemos hecho. ¿Cómo enfrentarnos al dolor? Depende de nosotros.
El dolor, anestesiarlo, aguantarlo, aceptarlo… Ignorarlo, para algunos la mejor manera de enfrentarse a él es seguir viviendo.
El dolor, sólo hay que aguantarlo. Esperar a que se vaya por si solo y a que la herida que lo ha causado cicatrice. No hay soluciones ni respuestas sencillas, solo hay que respirar hondo y esperar a que se calme. La mayoría de las veces llega cuando menos te lo esperas, te da un golpe bajo y no te deja levantarte. Hay que aprender a aceptar el dolor, porque lo cierto es que nunca te abandona y la vida siempre lo acrecienta"
-          Que irónico…- pensé en voz baja-, mi novio se llama igual que el de la señora… Francisco…
Recordé cómo había conquistado al chico, nerviosa en ese momento por si no conseguía presentarme como un buen reto, algo que valiera la pena. Había otra joven detrás de él también, y eso incrementaba mis prisas por hacer crecer el cariño entre nosotros. Lo  curioso, es que al principio yo no buscaba una relación seria, pero el me obligó a cambiar esa perspectiva casi de inmediato.
<
>.
Ahora estaba de cara a mi persona, en mi mente soñadora. Mis ojos se recorrían de arriba abajo, contemplando la joven belleza y la inteligencia. Mis sueños, mis luchas, caídas, defensas, muros, recuerdos, momentos, mi personalidad, mis seres queridos, mis amigos… Una vez más, luchando por salir adelante.
"Es una leyenda urbana pensar que el índice de suicidios aumenta durante las fiestas, en realidad disminuye. Los expertos creen que la gente piensa menos en suicidarse cuando está rodeada de su familia. Irónicamente se cree que esa unidad familiar es el motivo por el que las depresiones aumentan en las fiestas.
Un viejo proverbio dice que no puedes escoger a tu familia, aceptas lo que te ha deparado el destino y te guste o no, la aceptas; pero una escuela de pensamiento afirma que la familia en la que naces es solo un punto de partida, te alimentan, te visten y cuidan de ti… Hasta que estás listo para adentrarte en el mundo y encontrar tu propia tribu"



domingo, 26 de febrero de 2012

Pequeño Edén.


Las dulces aguas cristalinas se reunían debajo de la cascada en una pequeña laguna bien fría, cayendo constante, pura, tranquila… El sol, suave y brillante, acariciaba cada resquicio de la frondoso forraje repartido a lo largo de la cascada. Era un paraíso oculto a los ojos de los corrientes.
Entre tanta paz podía verse dibujada la figura de una joven muchacha recostada sobre un viejo árbol. Sus mechones eran volados por el ritmo lento del viento y el susurro de las hojas de los árboles cayendo a su alrededor.
Una pequeña pétalo de una flor cercana cayó en su libro, entorpeciendo su lectura. La chica la cogió, observó durante más de un minuto su estructura, para luego olerla y soltarla sobre la pequeña laguna.
Apartó el libro a un lado, cerrando sus ojos y alzando su cabeza al cielo, disfrutando de las distintas fragancias.
Recordó aquellas tareas por terminar, las órdenes obligada a impartir, y las horas malgastadas de preocupación en su sobria alcoba. Se negaba a pensar de nuevo en sus defectos, recordando que en su edén, donde pasaba la mayor parte del tiempo, era ella su única dueña y ama; la única que decidía a dónde ir y cómo llegar; sin ataduras y con libertad.

<>
Su sueño se cumplía al final.
El bosque ya se había acostumbrado a su presencia, rescataba cada pensamiento lanzado al aire, guardándolo de los interesados, y atesoraba las huellas que iba dejando la descendiente del rey.  Cuando la escuchaba llegar preparaba sus armas más poderosas para que su estancia en él fueran lo más alegres posibles: le entregaba nuevos aromas que dilataban sus pupilas, exigía a la cascada una sinfonía, comunicaba por medio de los cerezos a los pájaros y distintos animalitos de la presencia de la joven… Por eso, aún cuando ella pensaba que cantaba en solitario, sus notas eran acompañadas por las ovaciones de su público.
Toda la corte la buscaba dentro del castillo, por lo que nadie pensó en indagar fuera de él.  Podía cantar o gritar, pues nadie la escucharía, y sus propiedades estaban libres de bandidos.
Empezaba a oscurecer y decidió regresar a la particular prisión donde debería dar explicaciones acerca de su paradero. Pero no le importaba porque siempre volvería a escaparse.

Soltó de una rama cercana las riendas del caballo, dirigiéndolo fuera de su refugio, observándolo por última vez, antes de esconder sus pasos y montar sobre el pura sangre, dirigiendo su marcha de tal forma que pudiera llegar al castillo lo antes posible. Suprimiendo el deseo de dar media vuelta y regresar al abrigo de su felicidad ahora evaporada.
El viento volvía a chocar contra ella, soltando su pelo del recogido en la nuca y tirando su capa hacia atrás. Llevando consigo las capas de su vestido, dejando al descubierto las medias de seda y sus torneadas piernas.  Dejó que la energía surgiera de su mente y recorriera su cuerpo, aguantando la respiración a medida que veía la salida de la espesura y el camino real hacia su residencia.

Una vez más, volvería a fingir sonrisas ante grandes bribones y mentirosas. Pero así era la vida, y ella esperaba poder escapar de eso algún día.

domingo, 12 de febrero de 2012

Llorar.

Al final del día, la joven luchadora que todos conocían, termina como lo que es, una joven insignificante como las demás.
Al final del día, por mucho que hiciera durante él, no es más que una chiquilla inofensiva e inocente.
Pero eso no ha de importarle a nadie, porque esa joven que ahora se acurruca en su cama, recogiéndose los pies, temblando por los espasmos de llorar, solo puede verse de una forma: perdida en este cruel mundo. Perdida y sin ganas de seguir luchando...
¿Qué sentido tenía luchar hasta el final, si nunca conseguía nada? 
Toda su vida rodeada de lágrimas, de sufrimientos, de penas y frustraciones, sueños rotos y pérdidas... ¿Todo para qué? ¿Para sufrir algo peor más adelante y obligarse a levantar una vez más su moral, sus ilusiones y esperanzas?
<> Le había dicho su abuela antes de morir. ¿Dejaría de latir el de ella esta noche? ¿Tenían sentido sus latidos? ¿Y si lo tenían, por qué era?
"Me siento de la misma manera que todos ustedes pero de alguna forma siento que puedo mejor y hacer que todo cambie... dándole sentido a las cosas como deberia ser.... Pero de igual manera esta maldita soledad no se separa de mi... Juro que ya no se a donde dirigirme..." Pensaba mientras se limpiaba las lágrimas de las mejillas y soñaba con su abuela.
 - Te echo de menos, abuela... Desearía que estuvieras aquí-decía la pequeña al mismo tiempo que abraza a la anciana de delante de ella.
 - Cariño mío, yo estoy siempre a tu lado, recuérdalo, nunca te dejaré... 
- Lo sé, pero me siento tan sola al mismo tiempo, no sé qué hacer, ni cómo escapar de esta angustia que corroe mi corazón. Me siento desfallecer y a la vez caer en un vacío interminable donde las penas se agolpan en mi pecho, y lo oprimen tan fuerte que siento como me asfixio.
- No dejes que lo haga. La tristeza es como una esponja que absorbe la sangre de tu cuerpo sin dejar una sola gota.
- Soy el santo, orando en la terraza, como las bestias pacíficas que pacen hasta el mar de Palestina. Soy el sabio del sillón sombrío. Las ramas y la lluvia se lanzan contra la ventana de la biblioteca... Los senderos son ásperos. Los montículos se cubren de retamas. El aire está inmóvil. ¡Qué lejos los pájaros y las fuentes! Tiene que ser el fin del mundo.
- ¿Cómo puede una niña tan buena y linda como tú, decir esas cosas? Eres fantástica, llena de energía, luchadora y de armas tomar. No te des por vencida.
-¿Pero de qué me vale si siempre sufriré?
- Esos momentos malos, se verán recompensados por los buenos, ya lo verás, y aunque duren unos segundos, te darán la fuerza para seguir adelante. Sólo tienes que esperar a que lleguen, y no rendirte.
- La vida es una farsa, abuela. Yo misma lo soy.
- No, mi vida. Tú eres lo más lindo que surgió de una pareja.
- Una pareja que no se amaba... Ya no puedo hacer nada más.
- ¡Yo hablaba de una mano amiga! Es una buena ventaja poder reírme de los viejos amores engañosos y cubrir de vergüenza a esas parejas mentirosas -he visto allá el infierno de las mujeres- y podré poseer la verdad en un alma y un cuerpo.
- ¿De qué hablas, abuela?
- Deberías tener una pareja. Hay una catedral descendente y un lago ascendente. Hay un pequeño carruaje abandonado en el soto, o bien bajando a toda prisa por el sendero, adornado con cintas. Hay una compañía de cómicos ambulantes, vestidos para la representación, divisados en el camino por entre la linde del bosque. Hay siempre, en fin, cuando se tiene hambre y sed, alguien que llega y os echa de allí.
- No entiendo nada...
- Lo noto, pero ya verás como mañana al despertar, entenderás mas de lo que piensas. Quiero que recuerdes estas frases:
*No es grande aquel que nunca falla si no el que nunca se da por vencido
*El fracaso consiste en no persistir, en desanimarse después de un error, en no levantarse después de caer 
*Cada fracaso supone un capítulo más en la historia de nuestra vida y una lección que nos ayuda a crecer. No te dejes desanimar por los fracasos. Aprende de ellos, y sigue adelante.
*Si quieres triunfar, no te quedes mirando la escalera. Empieza a subir, escalón por escalón, hasta que llegues arriba. 
*Utiliza tu imaginación, no para asustarte, sino para inspirarte a lograr lo inimaginable 
 *Los grandes espíritus siempre han tenido que luchar contra la oposición feroz de mentes mediocres 
*El futuro pertenece a aquellos que creen en la belleza de sus sueños *Somos dueños de nuestro destino. Somos capitanes de nuestra alma

sábado, 4 de febrero de 2012

Obra maldita


-          ¡Dos minutos!
Los nervios corroían mi interior haciéndome sentir impotente ante el inminente fracaso.
¿Cómo saldría el concierto? Era la primera vez que tocaba el violín ante tanta gente y sola. Durante semanas había ensayado y aprendido la canción de memoria, junto con la orquesta que me acompañaba en la obra, practicado distintas velocidades, pero sobre todo, tocar con el corazón y el alma que era lo más difícil.
-          ¡Un minuto y empezamos a salir de forma ordenada!
Mi pelo estaba trenzado de tal forma que permitía la mayor comodidad a la hora de colocarme  el violín sobre el hombro con la almohadilla. No llevaba pendientes ni collar, solo un traje blanco de diamantes heredado de mi bisabuela. Y además, tenía el don de mi madre; tocar a la perfección cualquier partitura difícil.
-          ¡Vamos, saliendo!
 -    ¿Estás bien?-me preguntó el director de la orquesta.
 -    Sí... Demostremos de lo que es capaz su música.
Fui la última en colocarme al lado del director, con la piel de punta, llena de miedo si se me olvidaba alguna nota o me perdía.
No tenía tiempo, la cabeza del director me miró, inspirándome confianza, esperando mi señal para empezar. Todos notábamos la tensión en el aire, mucho más la solista, es decir yo.
Las manos del hombre se alzaron, preparando los arcos de los cuarenta violines y violonchelos. Respiramos hondo… Y al par de segundos, la suave melodía creció de mis cuerdas, flotando en el anfiteatro y provocándome una descarga de tensión.
El vibratto surgió sin esfuerzo, y las notas aparecían en mi cabeza a una velocidad vertiginosa. Mis ojos se cerraron ante la pantalla mental de belleza y colores. Los sonidos agudos y graves tomaron fuerza y consistencia, mi cuerpo se movía al mismo compás, y los demás instrumentos proporcionaron el aura mágica y elegante.
En décimas de segundos, mi mano provocó un deliberado glissando y un finísimo pizzicato. Aumenté la velocidad, continuando los acordes respectivos. Decían que  el concierto para violín de Tchaikovsky estaba maldito, aquél que lo tocara, nunca lo olvidaría, lo tocaría una y otra y otra vez. Pero era tan sublime, demasiado difícil resistirse a tal maravillosa obra.
La orquesta subió de volumen, muy fuerte, resonando por todo el pavimento bajo nuestros pies y haciendo temblar algunos cristales. Todos miraban sorprendido cómo la joven hasta hacía unos meses, demostraba su valía y la complejidad de un instrumento barroco aparentemente fácil.
Nada existía cuando tocaba; ni la gente de mi espalda, o los de delante; no había un director, ni un equipo de ayuda detrás del escenario. No existía ni yo misma como ser. Sólo materia y energía crepitando en el recinto. Sólo un espacio donde la música era algo más que trazos dibujados sobre una hoja; era la vida de una persona.

Las ganas de gritar crecían dentro de mí, ansiando dar un golpe con el pie y soltar la energía corriendo por mis venas. Alcé la vista al director, asegurándole con la mirada que no parara la obra en el punto convenido antes por si me cansaba. Quería demostrar al mundo lo equivocados que estaban del compositor, y lo difícil que sería superarle. Amaba la música clásica, y si la forma de demostrar al mundo lo rica de ella, lo haría gustosa.
Puse mi cuerpo en tensión, subiendo de formación y hacer el agudo un poco chirriante. Las notas LA y MI sonaban al mismo tiempo, pero era debido al deseo español de exclamar.
Giré la cabeza al público, enmudecido y asombrado. Les gustaba. Como a mi madre, en medio de ellos, con pañuelo en mano y sonriendo de orgullo; como mi novio a su lado, sacándome la lengua, retándome en silencio a superarme más que en los ensayos.
El ritmo de la música fluía sin descanso por mis dedos, pisando con delicadeza, como si de porcelana se tratara, las cuerdas del violín.

Sentía como la tranquilidad  invadía mi cuerpo. Con calma, sin prisas… Para relajar mis músculos y mi muñeca, dando velocidad al arco.
Mi mano izquierda tocaba las notas mientras la derecha deslizaba la cola de caballo por encima. Se deslizaban sobre el instrumento con facilidad, tocando un rompecabezas.
 No quería acabar, deseaba seguir, continuar la tela de araña que forjaba… Pero el concierto llegó a su fin, y posteriormente los aplausos y alabanzas de los congregados.
Las rosas caían a nuestro alrededor, mientras mis ojos se iluminaban y las lágrimas caían dulcemente.
Lo había conseguido. Me superé a mí misma.