domingo, 13 de mayo de 2012

Puede que tú hayas cambiado, pero yo no.


-Tengo que llegar… Tengo que llegar… ¡Tengo que llegar...
Mis pies corrían sobre la gravilla de la carretera mal hecha del pueblo, ahora oscura y desierta en comparación con las mañanas, bulliciosa. Agarré con fuerza la funda de mi espada, impidiendo que se cayera del cinto donde estaba amarrada, justo cuando estaba dispuesta a saltar un muro desde un barril de vino para pasar al siguiente conjunto de callejuelas.
Sólo tenía una oportunidad para alcanzar el barco en el que secuestraban a Ilya los secuaces de mi tío Frangois du Dulac. Lord Dulac se había negado hace medio año a cualquier compromiso matrimonial que tuviera su sobrina, por ventajoso que este fuera, pues quería heredar la fortuna familiar y sus posesiones más ricas.
Nadie sabía que su sobrina era "el encapuchado" más buscado, también llamado Pagan. Nadie sabía, que una joven de alta cuna, estaría defendiendo los derechos de las mujeres en la sociedad.
Disfrazada como iba, una capa negra que me llegaba hasta los tobillos, un sombrero que tapaba mi pelo castaño en su mayor totalidad, y la ropa negra ajustada que me permitía la mayor parte de los movimientos, contradictoria a la moda de la época. Armada de pies  a cabeza con una espada recién afilada, un revolver de precisión, varios explosivos, pequeños cuchillos repartidos por el pie… Eso sin mencionar la daga que tenía escondida en mi bota fuertemente anudada hasta por debajo de los tobillos.
Fuera quiénes fueran los secuestradores, iban a encontrarse con una maestra de las espadas muy enfadada.
El barco de vapor que transportaba a Lord Prakovski estaba a punto de alejarse lo suficiente de la plataforma como para imposibilitar mí subida a bordo. Pero no fue difícil saltar impulsada por mis talones, agarrándome al bordillo de la proa, nerviosa por delatar mi presencia. Decisiva, apunté mi zapato en el metal, pasando la otra lo más arriba que podía para entrar. Al conseguirlo, me escondí detrás de las paredes, en las sombras, avanzando lentamente, espada en mano, apurando mis pies sin hacer ruido.
El primer enemigo no tardó en ser localizado.
Alcé el arma, resuelta a asestarle la hoja en el cuello y tirarlo a la mar; el hombre, sin embargo, pareció advertir mi figura a contra luz, pues se giró encarándome con una pistola de perdigones oxidados, la cuál no duró nada en sus manos, ya que al ser yo más rápida, se la había quitado. Esquivé un puño directo a mi mandíbula, mientras yo le pegaba en el estómago con los anillos de metal. Cogiéndole por la camisa del cuello y entorpeciendo cualquier intento de fuga, lo tiré al océano. Su grito dio la voz de alarma.
De pronto, me vi rodeada de mercenarios harapientos, sólo armados con espadas cortas. Paré unos segundos, imaginando una nueva táctica en mi cabeza, buscando la forma de gastar el mínimo tiempo posible y aún así mantenerlos entretenidos. Di vueltas sobre mis pies, mirando cada cara, cada rostro, y me decidí por el más débil.
-          Uno por uno, caballeros.
Un estruendo de risas resonó en medio de la noche, al mismo tiempo que aullaba un perro en la lejanía, y yo me disponía.
Con mi espada, di unos suaves golpes a la del muchacho, teniendo la certeza de que estaba muy nervioso, y no era capaz de aguantar firme el arma. Empecé con un juego de pies, chocando el metal muy cerca de su empuñadura, y él me envestía con un intento de toque en el hombro. Impedí un ataque a la pierda, bajando rápidamente el arma y colocándola en posición nuevamente, esquivando otra espada de un segundo combatiente. Volví a parar, mostrándome aparentemente cansada, localizando a los dos insensatos. Con renovadas fuerzas alcé el arma tocando al joven en el costado, cayendo al suelo mientras yo me enfrentaba a un nuevo oponente.
Apareció en medio de mi campo de visión un hombre muy alto y fuerte, mientras yo intentaba parar su estocada, y el agarraba mi arma, riéndose. Una patada llegó de improviso a su entrepierna, haciéndole volver a la fila.
Furioso, llegó otro hombre corriendo, pretendiendo darme en la cabeza, pero mi florete, mucho más rápido, fracasaba sus intentos. Dejando a más de la mitad con las ganas, me refugié las espaldas, donde menos gente había, saltando y eludiendo, disparando y esquivando. Aproveché que un marinero se agachaba a recoger su arma para pasar espalda con espalda, por encima de él, dando una voltereta y ubicándome encima de una mesa con copas y cartas. Uno subió a ella, pero fue velozmente tirado al suelo. Acercándome al borde, di una patada a uno en el pecho. A otro le alejé de su espada la mano, y a un quinto le di una patada en la cara. Dos aspiraron subir, pero mis puñetazos lo sacaron fuera. Oro más fuerte ascendió, peleándose conmigo, y terminando sin cabeza. Corriendo nuevamente, entré en el pasillo, cerrando la compuerta y enfrentándome a los nuevos integrantes, atizándoles duros leñazos,  y beneficiándome de los distintos muebles dispuestos, tirándoselos a las caras sin contemplaciones.
-    Estoy empezando a hartarme de tantas molestias, señores.
Frente a los calabozos, había un nuevo marinero, medio durmiendo, a quién dejé tranquilo, desmayado.
-  ¿Ilya? ¿Estás ahí?
-   ¿Evie? ¿Qué haces tú aquí?
Siguiendo su voz conseguí encontrar la celda correspondiente, cargué uno de mis explosivos.
-  Aléjate de la puerta todo lo que puedas.
-Ya no sé qué decirte para que dejes de disfrazarte…
-Cállate y aléjate.
Solté la cerilla, escondiéndome detrás de una pared, y escuchando la explosión.
Al darme la vuelta, vi como Ilya salía desde los restos.
-  Toma- le tendí el revolver y la daga- te harán falta ahí fuera.
-  Pareces un hombre de verdad…
-  Ten cuidado no vayas a cambiar tus gustos- repliqué azorada.
-  Lo dudo.
Al salir por la puerta de metal principal sólo tuvimos preciso tiempo para soltar dos nuevos explosiones y saltar por la borda. Navegando hacia la orilla, lo más rápido que podíamos huyendo de la muerte y la amenaza. O eso creíamos.

viernes, 30 de marzo de 2012

Carta al amor.



"Querido Ilya:
Más de dos semanas juntos han sido menos que suficientes. En dos semanas me he enamorado de ti. Ahora nos espera un año separados, ¿pero qué es un año separados después de estas dos semanas juntos?"

Él seguía corriendo, cansado, sin apenas respiro, sobre el polvo de la arena en el camino... Hasta llegar a mí.
-           - No podía dejar que te fueras sin decirme adiós- me confesó lord Prakenski cogiendo mis manos entre las suyas.
"Me hiciste una promesa, una promesa que sé que cumplirás. Sólo te pido una promesa más  durante el tiempo que estemos separados: cuéntame todo, escríbelo todo. Toma notas en un cuadernillo y envíamelas con un mensajero, me da igual, pero quiero saberlo todo. Así estaremos siempre juntos aunque nunca estemos realmente juntos. Antes de que nos demos cuenta, nos veremos".
-           - No me diste oportunidad…-mentí.
-          -  Yo…-la sinceridad vaciló en su mirada, sin saber elegir entre contarme lo que tanto le costaba asimilar, o reconocerlo en voz alta.

"En el fondo, todo el mundo piensa que  eres fuerte y duro. Pero  ser eso sólo se trataba de asimilarlo.
A veces, tenemos que darnos permiso a nosotros mismos para no ser fuertes por una vez. No hay que ser duro cada momento del día; está bien bajar la guardia, de hecho hay momentos en que es lo mejor que podrías hacer, siempre que escojamos nuestros sentimientos con sabiduría. Y tú los controlas casi tan bien que impides descifrar tu cara de póquer".
-           - No tienes por qué decírmelo… Ni siquiera espero que lo hagas- mi cuerpo giró sobre sí mismo, dispuesto a emprender el camino hacia el carruaje; pero algo me retenía, junto a él, justo antes de que todo se volviera negro, y la gente desapareciera de nuestro alrededor.
-           - Te amo… Y lucharé lo que haga falta para verte en menos de un año. Haré lo que haga falta, para no perderte… Lo juro.
"En la vida, uno solo podía estar seguro de una cosa, aparte de la muerte y las dificultades: no importa lo mucho que lo intentes, no importa lo bueno que sean tus intenciones: vas a cometer errores, vas a hacer daño a la gente, van a hacerte daño… Y si quieres recuperarte, solo hay una cosa que puedes decir. Cuando alguien hace que nos equivoquemos, queremos tener razón. Sin el perdón nunca se ajustan las cuentas, las viejas heridas nunca se curan, y lo máximo que podemos esperar es que un día tengamos la suerte de poder olvidar".

-          -  Suerte…- dije, deseando que mi voz no demostrara el profundo dolor que sentía.
Regresé al coche, esperando ver desaparecer la cara del hombre al que amaba con tanta fuerza; esperando poder olvidar las lágrimas que amenazaban con desramarse.
"La verdad es muy dura, la verdad es incómoda y a menudo la verdad duele. La gente dice que quiere saber la verdad, pero ¿es cierto? La verdad es dolorosa, en el fondo no queremos conocerla, sobre todo cuando sabemos que nos afectará. A veces decimos la verdad porque es lo único que podemos ofrecer. A veces decimos la verdad porque necesitamos decirla en voz alta para poder oírla, otras veces la contamos porque no podemos aguantarnos y otras la contamos porque a alguien le debemos al menos eso".
-          Te amo, Ilya Prakenski-susurré contra la tabla de madera.
"No lo dije en ese momento, pero te amo… No quiero vivir sin ti… Cambiaste mi vida.
Mi sol, nada puedo hacer sin ti... Pero tampoco quiero sufrir por no estar contigo, ni imaginarme cosas que no son, situaciones que nunca ocurrirán…"
Mientras tanto, el carruaje se alejaba de tan linda hacienda, separando a la pareja en el tiempo y el espacio.

viernes, 23 de marzo de 2012

Viaje al aparte.Part1.



"Peléate con el árbitro, cambia las reglas, haz trampas, no olvides tus heridas, pero juego… Como si no hubiera un mañana. No se trata de ganar o perder, sino de cómo juegas.
Pasamos toda nuestra vida preocupándonos por el futuro, planificando para el futuro, intentando predecirlo, como si calculándolo de alguna manera amortiguáramos el golpe. Pero el futuro está siempre cambiando. El futuro es el hogar de nuestros miedos más profundos y todas nuestras esperanzas. Pero una cosa es cierta, cuando por fin se revela… El futuro nunca es el camino que imaginamos"


Recogí la manta que había caído al suelo del avión, colocándola de nuevo sobre mis hombros y resguardando mi cuerpo del aire acondicionado.
Desde hacía tres horas, viajaba hacia La Península Ibérica junto con el grupo de AFAMER. Quedaba una hora de viaje para llegar al aeropuerto de Sevilla, desde el que nos llevarían al aparta hotel Bordeux.
Desde la ventanilla podía ver el embravecido mar, en medio de tanto silencio, sólo con el sol dándome en la cara tímidamente; mientras mis dedos acariciaban la ventana y mis pies se encogían sobre el sillón.
Ya le echaba de menos… Dos noches sin hablar, más los cuatro días siguientes incomunicados: sin llamadas ni mensajes. ¡Qué desesperación! Aunque no se arrepentía de haber pagado el billete, tenía una nueva oportunidad para visitar un país desconocido. Y su espíritu aventurero no podía negarse esa posibilidad.
"Nunca saber cuándo va a ser el día más importante de tu vida. Los días que crees que serán importantes nunca son cómo imaginabas en tu cabeza. Los días normales que empiezan igual que otro cualquiera, son al final los más importantes"
Había prometido escribirle en un cuaderno cada noche, tomar notas de lo que visite, para luego mandarlas por correo al volver a la isla. En ese pequeño cuaderno azul claro ya había escrito varias hojas: la despedida de mi madre antes de subir al autobús; el añoro de su risa; sus ojos color miel y su nariz tan mona.
-          Es muy linda la vista, ¿verdad?
-          Es preciosa.
-          Recuerdo el primer viaje que hice con mi marido… En momentos como estos, desearía poder recuperar el tiempo perdido junto a él.
-          ¿Cómo se llama?- inquirí, pues las historias que escuchaba de la gente, me servían para crear nuevas situaciones en mi blog.
-          Llamaba… Murió hace un año- el silencio se tensó. Por mi parte, me gustaría saber la historia de esa mujer tan erguida a mi lado, pero sin hacerle daño; por la parte de la señora, parecía sumergida en sus recuerdos.


"

-         Al cabo de unos minutos, contestó mi pregunta:
-          Se llamaba Francisco. Un joven muy apuesto, a veces demasiado, pero realmente dulce y atento…- su narración fue muy larga, casi hasta antes de aterrizar, que fue cuando durmió un poco debido al agotamiento, y yo escuchaba la música de mi reproductor.
""El dolor adopta formas diversas, una punzada, una leve molestia… Dolor sin más, el dolor con el que vivimos a diario, pero hay dolor que no podemos ignorar, un dolor tan enorme que borra todo lo demás y hace que el mundo se desvanezca hasta que solo podemos pensar en cuánto daño hemos hecho. ¿Cómo enfrentarnos al dolor? Depende de nosotros.
El dolor, anestesiarlo, aguantarlo, aceptarlo… Ignorarlo, para algunos la mejor manera de enfrentarse a él es seguir viviendo.
El dolor, sólo hay que aguantarlo. Esperar a que se vaya por si solo y a que la herida que lo ha causado cicatrice. No hay soluciones ni respuestas sencillas, solo hay que respirar hondo y esperar a que se calme. La mayoría de las veces llega cuando menos te lo esperas, te da un golpe bajo y no te deja levantarte. Hay que aprender a aceptar el dolor, porque lo cierto es que nunca te abandona y la vida siempre lo acrecienta"
-          Que irónico…- pensé en voz baja-, mi novio se llama igual que el de la señora… Francisco…
Recordé cómo había conquistado al chico, nerviosa en ese momento por si no conseguía presentarme como un buen reto, algo que valiera la pena. Había otra joven detrás de él también, y eso incrementaba mis prisas por hacer crecer el cariño entre nosotros. Lo  curioso, es que al principio yo no buscaba una relación seria, pero el me obligó a cambiar esa perspectiva casi de inmediato.
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>.
Ahora estaba de cara a mi persona, en mi mente soñadora. Mis ojos se recorrían de arriba abajo, contemplando la joven belleza y la inteligencia. Mis sueños, mis luchas, caídas, defensas, muros, recuerdos, momentos, mi personalidad, mis seres queridos, mis amigos… Una vez más, luchando por salir adelante.
"Es una leyenda urbana pensar que el índice de suicidios aumenta durante las fiestas, en realidad disminuye. Los expertos creen que la gente piensa menos en suicidarse cuando está rodeada de su familia. Irónicamente se cree que esa unidad familiar es el motivo por el que las depresiones aumentan en las fiestas.
Un viejo proverbio dice que no puedes escoger a tu familia, aceptas lo que te ha deparado el destino y te guste o no, la aceptas; pero una escuela de pensamiento afirma que la familia en la que naces es solo un punto de partida, te alimentan, te visten y cuidan de ti… Hasta que estás listo para adentrarte en el mundo y encontrar tu propia tribu"



domingo, 26 de febrero de 2012

Pequeño Edén.


Las dulces aguas cristalinas se reunían debajo de la cascada en una pequeña laguna bien fría, cayendo constante, pura, tranquila… El sol, suave y brillante, acariciaba cada resquicio de la frondoso forraje repartido a lo largo de la cascada. Era un paraíso oculto a los ojos de los corrientes.
Entre tanta paz podía verse dibujada la figura de una joven muchacha recostada sobre un viejo árbol. Sus mechones eran volados por el ritmo lento del viento y el susurro de las hojas de los árboles cayendo a su alrededor.
Una pequeña pétalo de una flor cercana cayó en su libro, entorpeciendo su lectura. La chica la cogió, observó durante más de un minuto su estructura, para luego olerla y soltarla sobre la pequeña laguna.
Apartó el libro a un lado, cerrando sus ojos y alzando su cabeza al cielo, disfrutando de las distintas fragancias.
Recordó aquellas tareas por terminar, las órdenes obligada a impartir, y las horas malgastadas de preocupación en su sobria alcoba. Se negaba a pensar de nuevo en sus defectos, recordando que en su edén, donde pasaba la mayor parte del tiempo, era ella su única dueña y ama; la única que decidía a dónde ir y cómo llegar; sin ataduras y con libertad.

<>
Su sueño se cumplía al final.
El bosque ya se había acostumbrado a su presencia, rescataba cada pensamiento lanzado al aire, guardándolo de los interesados, y atesoraba las huellas que iba dejando la descendiente del rey.  Cuando la escuchaba llegar preparaba sus armas más poderosas para que su estancia en él fueran lo más alegres posibles: le entregaba nuevos aromas que dilataban sus pupilas, exigía a la cascada una sinfonía, comunicaba por medio de los cerezos a los pájaros y distintos animalitos de la presencia de la joven… Por eso, aún cuando ella pensaba que cantaba en solitario, sus notas eran acompañadas por las ovaciones de su público.
Toda la corte la buscaba dentro del castillo, por lo que nadie pensó en indagar fuera de él.  Podía cantar o gritar, pues nadie la escucharía, y sus propiedades estaban libres de bandidos.
Empezaba a oscurecer y decidió regresar a la particular prisión donde debería dar explicaciones acerca de su paradero. Pero no le importaba porque siempre volvería a escaparse.

Soltó de una rama cercana las riendas del caballo, dirigiéndolo fuera de su refugio, observándolo por última vez, antes de esconder sus pasos y montar sobre el pura sangre, dirigiendo su marcha de tal forma que pudiera llegar al castillo lo antes posible. Suprimiendo el deseo de dar media vuelta y regresar al abrigo de su felicidad ahora evaporada.
El viento volvía a chocar contra ella, soltando su pelo del recogido en la nuca y tirando su capa hacia atrás. Llevando consigo las capas de su vestido, dejando al descubierto las medias de seda y sus torneadas piernas.  Dejó que la energía surgiera de su mente y recorriera su cuerpo, aguantando la respiración a medida que veía la salida de la espesura y el camino real hacia su residencia.

Una vez más, volvería a fingir sonrisas ante grandes bribones y mentirosas. Pero así era la vida, y ella esperaba poder escapar de eso algún día.

domingo, 12 de febrero de 2012

Llorar.

Al final del día, la joven luchadora que todos conocían, termina como lo que es, una joven insignificante como las demás.
Al final del día, por mucho que hiciera durante él, no es más que una chiquilla inofensiva e inocente.
Pero eso no ha de importarle a nadie, porque esa joven que ahora se acurruca en su cama, recogiéndose los pies, temblando por los espasmos de llorar, solo puede verse de una forma: perdida en este cruel mundo. Perdida y sin ganas de seguir luchando...
¿Qué sentido tenía luchar hasta el final, si nunca conseguía nada? 
Toda su vida rodeada de lágrimas, de sufrimientos, de penas y frustraciones, sueños rotos y pérdidas... ¿Todo para qué? ¿Para sufrir algo peor más adelante y obligarse a levantar una vez más su moral, sus ilusiones y esperanzas?
<> Le había dicho su abuela antes de morir. ¿Dejaría de latir el de ella esta noche? ¿Tenían sentido sus latidos? ¿Y si lo tenían, por qué era?
"Me siento de la misma manera que todos ustedes pero de alguna forma siento que puedo mejor y hacer que todo cambie... dándole sentido a las cosas como deberia ser.... Pero de igual manera esta maldita soledad no se separa de mi... Juro que ya no se a donde dirigirme..." Pensaba mientras se limpiaba las lágrimas de las mejillas y soñaba con su abuela.
 - Te echo de menos, abuela... Desearía que estuvieras aquí-decía la pequeña al mismo tiempo que abraza a la anciana de delante de ella.
 - Cariño mío, yo estoy siempre a tu lado, recuérdalo, nunca te dejaré... 
- Lo sé, pero me siento tan sola al mismo tiempo, no sé qué hacer, ni cómo escapar de esta angustia que corroe mi corazón. Me siento desfallecer y a la vez caer en un vacío interminable donde las penas se agolpan en mi pecho, y lo oprimen tan fuerte que siento como me asfixio.
- No dejes que lo haga. La tristeza es como una esponja que absorbe la sangre de tu cuerpo sin dejar una sola gota.
Soy el santo, orando en la terraza, como las bestias pacíficas que pacen hasta el mar de Palestina. Soy el sabio del sillón sombrío. Las ramas y la lluvia se lanzan contra la ventana de la biblioteca... Los senderos son ásperos. Los montículos se cubren de retamas. El aire está inmóvil. ¡Qué lejos los pájaros y las fuentes! Tiene que ser el fin del mundo.
- ¿Cómo puede una niña tan buena y linda como tú, decir esas cosas? Eres fantástica, llena de energía, luchadora y de armas tomar. No te des por vencida.
-¿Pero de qué me vale si siempre sufriré?
- Esos momentos malos, se verán recompensados por los buenos, ya lo verás, y aunque duren unos segundos, te darán la fuerza para seguir adelante. Sólo tienes que esperar a que lleguen, y no rendirte.
- La vida es una farsa, abuela. Yo misma lo soy.
- No, mi vida. Tú eres lo más lindo que surgió de una pareja.
- Una pareja que no se amaba... Ya no puedo hacer nada más.
¡Yo hablaba de una mano amiga! Es una buena ventaja poder reírme de los viejos amores engañosos y cubrir de vergüenza a esas parejas mentirosas -he visto allá el infierno de las mujeres- y podré poseer la verdad en un alma y un cuerpo.
- ¿De qué hablas, abuela?
- Deberías tener una pareja. Hay una catedral descendente y un lago ascendente. Hay un pequeño carruaje abandonado en el soto, o bien bajando a toda prisa por el sendero, adornado con cintas. Hay una compañía de cómicos ambulantes, vestidos para la representación, divisados en el camino por entre la linde del bosque. Hay siempre, en fin, cuando se tiene hambre y sed, alguien que llega y os echa de allí.
- No entiendo nada...
- Lo noto, pero ya verás como mañana al despertar, entenderás mas de lo que piensas. Quiero que recuerdes estas frases:
*No es grande aquel que nunca falla si no el que nunca se da por vencido
*El fracaso consiste en no persistir, en desanimarse después de un error, en no levantarse después de caer 
*Cada fracaso supone un capítulo más en la historia de nuestra vida y una lección que nos ayuda a crecer. No te dejes desanimar por los fracasos. Aprende de ellos, y sigue adelante.
*Si quieres triunfar, no te quedes mirando la escalera. Empieza a subir, escalón por escalón, hasta que llegues arriba. 
*Utiliza tu imaginación, no para asustarte, sino para inspirarte a lograr lo inimaginable 
 *Los grandes espíritus siempre han tenido que luchar contra la oposición feroz de mentes mediocres 
*El futuro pertenece a aquellos que creen en la belleza de sus sueños *Somos dueños de nuestro destino. Somos capitanes de nuestra alma

sábado, 4 de febrero de 2012

Obra maldita


-          ¡Dos minutos!
Los nervios corroían mi interior haciéndome sentir impotente ante el inminente fracaso.
¿Cómo saldría el concierto? Era la primera vez que tocaba el violín ante tanta gente y sola. Durante semanas había ensayado y aprendido la canción de memoria, junto con la orquesta que me acompañaba en la obra, practicado distintas velocidades, pero sobre todo, tocar con el corazón y el alma que era lo más difícil.
-          ¡Un minuto y empezamos a salir de forma ordenada!
Mi pelo estaba trenzado de tal forma que permitía la mayor comodidad a la hora de colocarme  el violín sobre el hombro con la almohadilla. No llevaba pendientes ni collar, solo un traje blanco de diamantes heredado de mi bisabuela. Y además, tenía el don de mi madre; tocar a la perfección cualquier partitura difícil.
-          ¡Vamos, saliendo!
 -    ¿Estás bien?-me preguntó el director de la orquesta.
 -    Sí... Demostremos de lo que es capaz su música.
Fui la última en colocarme al lado del director, con la piel de punta, llena de miedo si se me olvidaba alguna nota o me perdía.
No tenía tiempo, la cabeza del director me miró, inspirándome confianza, esperando mi señal para empezar. Todos notábamos la tensión en el aire, mucho más la solista, es decir yo.
Las manos del hombre se alzaron, preparando los arcos de los cuarenta violines y violonchelos. Respiramos hondo… Y al par de segundos, la suave melodía creció de mis cuerdas, flotando en el anfiteatro y provocándome una descarga de tensión.
El vibratto surgió sin esfuerzo, y las notas aparecían en mi cabeza a una velocidad vertiginosa. Mis ojos se cerraron ante la pantalla mental de belleza y colores. Los sonidos agudos y graves tomaron fuerza y consistencia, mi cuerpo se movía al mismo compás, y los demás instrumentos proporcionaron el aura mágica y elegante.
En décimas de segundos, mi mano provocó un deliberado glissando y un finísimo pizzicato. Aumenté la velocidad, continuando los acordes respectivos. Decían que  el concierto para violín de Tchaikovsky estaba maldito, aquél que lo tocara, nunca lo olvidaría, lo tocaría una y otra y otra vez. Pero era tan sublime, demasiado difícil resistirse a tal maravillosa obra.
La orquesta subió de volumen, muy fuerte, resonando por todo el pavimento bajo nuestros pies y haciendo temblar algunos cristales. Todos miraban sorprendido cómo la joven hasta hacía unos meses, demostraba su valía y la complejidad de un instrumento barroco aparentemente fácil.
Nada existía cuando tocaba; ni la gente de mi espalda, o los de delante; no había un director, ni un equipo de ayuda detrás del escenario. No existía ni yo misma como ser. Sólo materia y energía crepitando en el recinto. Sólo un espacio donde la música era algo más que trazos dibujados sobre una hoja; era la vida de una persona.

Las ganas de gritar crecían dentro de mí, ansiando dar un golpe con el pie y soltar la energía corriendo por mis venas. Alcé la vista al director, asegurándole con la mirada que no parara la obra en el punto convenido antes por si me cansaba. Quería demostrar al mundo lo equivocados que estaban del compositor, y lo difícil que sería superarle. Amaba la música clásica, y si la forma de demostrar al mundo lo rica de ella, lo haría gustosa.
Puse mi cuerpo en tensión, subiendo de formación y hacer el agudo un poco chirriante. Las notas LA y MI sonaban al mismo tiempo, pero era debido al deseo español de exclamar.
Giré la cabeza al público, enmudecido y asombrado. Les gustaba. Como a mi madre, en medio de ellos, con pañuelo en mano y sonriendo de orgullo; como mi novio a su lado, sacándome la lengua, retándome en silencio a superarme más que en los ensayos.
El ritmo de la música fluía sin descanso por mis dedos, pisando con delicadeza, como si de porcelana se tratara, las cuerdas del violín.

Sentía como la tranquilidad  invadía mi cuerpo. Con calma, sin prisas… Para relajar mis músculos y mi muñeca, dando velocidad al arco.
Mi mano izquierda tocaba las notas mientras la derecha deslizaba la cola de caballo por encima. Se deslizaban sobre el instrumento con facilidad, tocando un rompecabezas.
 No quería acabar, deseaba seguir, continuar la tela de araña que forjaba… Pero el concierto llegó a su fin, y posteriormente los aplausos y alabanzas de los congregados.
Las rosas caían a nuestro alrededor, mientras mis ojos se iluminaban y las lágrimas caían dulcemente.
Lo había conseguido. Me superé a mí misma.

sábado, 21 de enero de 2012

Fuegos Artificiales

<<Siempre me han gustado los fuegos artificiales. Parecen enormes flores, llenas de color, vitalidad y alegría, sobre el cielo estrellado, y negro como el fondo jamás conocido. Unas flores tan llenas de pequeños diamantes de diferentes colores, que llenaban mi corazón y lo tranquilizaban. Quedaba tan relajada, que sentía las ondas de la explosión en las alturas y el sonido retumbante en mis oídos. Era una forma de descubrir que aún seguía sintiendo, cuando los demás lores de la corte decían lo contrario. >>


Recogía los últimos trajes colgados del armario empotrado, mientras grababa cada detalle de la habitación en mi mente.
Tras las dos semanas en la enorme mansión había deseado que no acabara nunca mi estancia aquí, menos cuando podía estar junto a Lord Ilya todo el tiempo que quisiera.
Poca gente conocía de dónde provenía Lord Prakovski, y eran menos aún quiénes tenían el privilegio de conocerle realmente. A pesar del poco tiempo que llevábamos juntos, solamente como conocidos, pues nuestro compromiso aún no había sido anunciado, ni mucho menos conocido por nuestras familias. Los tatarabuelos de Ilya habían ayudado al rey siempre que lo necesitara, ganándose su simpatía y siendo reconocidos como duques. Sus padres, Lord y Lady Prakovski amasaron una fortuna mucho mayor de la que ya tenían, invirtiendo en los ferrocarriles y viajando como diplomáticos a los diferentes países enemistados con Inglaterra. Poseían grandes tierra al Norte del país en el que nací, un gran castillo en Escocia, y miles de posesiones materiales escondidas en diferentes lugares de Reino Unido. El secreto, era transmitido por un libro antiguo codificado en un tipo de idioma que sólo conocía el primogénito de la familia ya fuera este chico o chica. Lo más inquietante era que su familia heredaba el mismo carácter: tercos como mulas, serios, decisivos, valientes, fuertes, morenos de piel y con un espíritu indomable. Ilya era mucho más calculador, antes de conocer a nadie examinaba cada movimiento, decidiendo si podía llegar a convertirse en una amenaza para él o simplemente si podía reportarle algún beneficio. A ese escrutinio fui sometida la primera vez, la segunda fue un interrogatorio muy profundo sobre mi vida, y la tercera vez que coincidimos en una fiesta en Londres, tuvimos una confrontación.
Y ahora, mientras salía por la puerta principal de la habitación, volvía a sentir el mismo dolor incandescente en mi corazón, el dolor que me advertía de lo que estaba por venir. Semanas enteras, aburridas, sin él.
El lacayo se me acercó, dispuesto a coger mi baúl con los miles de trajes y joyas depositadas, con el sello personal de la familia, y mi nombre grabado en una placa de oro y plata, decorado sobre un fondo de flores y delfines. Colgué de mi cuello la pequeña llave, sintiendo cómo enfriaba la piel del escote bajo la capa oscura de lana.
¿Estaba dispuesta a seguir con el secreto? ¿Con la necesidad de verle y no poder, pues debíamos guardar las apariencias? Sí, lo era, si él me lo pedía.
Mientras en mi cabeza se reproducían los acordes de una canción que escuché el día anterior en la plaza del pueblo. Era lo mejor que tenía cuando quería olvidar algo, o sacarlo de mi mente.
Lástima que el destino tuviera otros planes.

<< A veces, lo que queremos, va en sentido contrario a lo que ha sido escrito millones de años atrás… Y aunque queramos cambiarlos, y hagamos lo imposible por hacerlo de una manera diferente, sólo estaremos haciendo lo que ya se había anticipado. De nada vale luchar, cuando llegaremos al mismo lugar. Por tanto, sólo podemos hacer una cosa: disfrutar de lo que nos queda de vida. >>
-          ¿Ya se va, lady Jenner?
-          Sí, lord Prakovski. Llego tarde a la hora concertada por mi madre, y no me gustaría soportar su tortuosa conversación durante el viaje de regreso a casa.
-          Es una lástima que ya no pueda disfrutar de su compañía… Ni si quiera me ha dado tiempo de un pequeño paseo por los jardines.
-          Me temo que llega tarde. Conozco estos jardines mucho mejor que usted.
El hombre que portaba mi baúl desapareció ante un gesto del duque, corriendo por las escaleras, hasta que sus pasos dejaron de escucharse, amortiguados por las alfombras, y la voz del hombre que tenía en frente.
-          ¿Podré verte si mando una invitación a Lady Jenner a visitar mi finca?
-          Lo dudo, últimamente desconfía de cada paso que des; como anoche en la cena, cuando intentaste bailar un vals conmigo…
-          Sí, un poco más y te deja sin brazo. Apuesto…
-          No apuestes nada, por favor. Ahora mismo sólo quiero poder alejarme de ti sin tener que mantenerte en mi mente todo el tiempo.
-          ¿Me tienen en mente siempre?- el tono de voz empleado permitió descifrar la creciente curiosidad que sentía por mi comentario, pero era una curiosidad que no volvería a confirmar delante de él.
-          Debo irme. Adiós- tendí mi mano, esperando a estrechársela como realizaban los americanos, pero no hizo nada… Y de inmediato la retiré. Avanzando por el pasillo, apresurando mis pasos por bajar a puerto seguro.
-          Sabes que te veré de alguna forma. Como si tengo que escalar hasta tu ventana todas las noches, juro que te veré, Evie.
-          Siempre puedes intentarlo, Ilya.
Sin darse cuenta, malgasté la posibilidad de conseguir otro beso de los de él.
Se me quitaron las ganas de seguir bajando, justo en el instante en que mi madre aparecía en mi campo de visión, instándome a continuar. Ante mi mirada llena de interrogantes, contestó con un simple:
-          Es ese maldito hombre de nuevo.
No hizo falta que girara mi cabeza, entre mi madre e Ilya existía tal tensión que se palpaba desde kilómetros de distancia.
Cogí su mano, adelantando a las demás parejas de la pequeña sala, evitando la mirada de todos, y deseando la de uno solo.
Al llegar a la puerta, y con las fervientes ganas de volver a ver esos ojos oscuros, volteé un poco, de una forma apenas perceptible, mi cabeza, en una búsqueda infructuosa, y un deseo insatisfecho.
<< A veces, el destino tiene cartas escondidas bajo la manga, y sin darnos cuenta, caemos en su trampa. ¿Pero quién sabe si esas cartas son en beneficio nuestro, o no?
Sólo hay algo en seguro… Debemos guiarnos por nuestro instinto, por el de nadie más, por mucho que se parezca al nuestro.  Y vivir nuestros días, aunque sea un tópico muy utilizado. Sólo somos nosotros… Nadie nos ayudará en nada. >>
                                                    (Diario secreto de Lady Evangeline)

viernes, 20 de enero de 2012



Es sólo una historia más…”

La joven miraba por la ventana de su habitación. Observaba como los niños jugaban en la calle, la forma en que la silueta de los árboles se perfilaba bajo el sol, y la tarde empezaba a caer, tiñendo el cielo de un rosa pálido y un amarillo claro.
Le parecía estar sola cuando escuchó de nuevo las pisadas en su cuarto de su marido.
Sí, su marido, porque a pesar de su escasa edad, veinte años, para algunos media vida en su situación; estaba casada… La cuestión era si él era merecedor de ella.
Sintió como el miedo volvía  a apoderarse de su cuerpo.
Su hijo dormía en el cuarto de al lado, en su pequeña cuna… Aún no se había despertado, y esperaba que no lo hiciera. Si, por la mínima razón, llegaba a levantarse, saliendo de la cuna y ver lo que estaba a punto de pasar, sería un trauma muy grande.
La chica, que se llamaba Roxanne, se sentó en su cama, con las piernas bien juntas, y las manos retorciéndose bajo su chaqueta, nervios… Y miedo.
Ese olor que tanto impregnaba la habitación, y                que tanto le molestaba. El olor que le impedía llevar a su casa a ninguna amiga por si ellas también olían ese mal que habitaba. El miedo de que presenciaran un golpe…
Los pasos aumentaron de volumen, tambaleantes, subiendo las escaleras.
De repente, en frente de su puerta, se detienen. Dan marcha atrás, dirigiéndose al cuarto de su hijo, Mike.
Su puerta se cierra suavemente, sin apenas ruido.
Silencio.
La desesperación por saber qué pasaba allí. Qué estaba haciendo ese desconocido con quien se había casado hacía un año, junto a la cuna de su hijo.
¿Y si le pegaba? ¿Estaría borracho de nuevo? ¿Se había cansado de ella para golpearle a él? ¿Acaso iba a cometer una locura? ¿Sería capaz? Sí… Si se lo había hecho a su propia mujer,  a quien él decía amar, sería capaz de hacerlo con su hijo, y sin tener remordimientos luego.
Su hijo tosió.
<> Pensó. << ¿Y si le está haciendo algo?>>
Salió corriendo, con el corazón en la mano, dispuesta a hacer lo que fuera posible por salvarle.
Entraba en la habitación cuando vio como su marido cogía a su hijo en brazos, quemándole la delicada piel con su cigarrillo. Mike no dejaba de retorcerse en sus brazos y a punto estaba de caerse cuando ella legó a cogerlo con todo el cuidado del mundo. Miró al hombre con una mezcla de rabia y temor en la mirada.
“You can be a hero, just for one day”
Dejó a su hijo en la cama, y se volvió a Pedro al punto que sintió cómo éste abofeteaba su cara con ganas.
-          Eres una furcia. Una puta que no merece nada.
Ella no gritó. Ya estaba acostumbrada. Podía llorar después, pero primero necesitaba desquitarse de ese capullo para llevar a su hijo al médico.
-          Te mereces estoy y mucho más. Tú eres la culpable y te tengo que pegar. Así aprenderás.
El hombre iba a golpearla de nuevo, cuando ella paró su puño con el primer objeto que encontró, dejándole casi inconsciente por el fuerte golpe en la cabeza.
Salió corriendo de la habitación con Mike en brazos, cogió una manta para taparle y las llaves del coche para poder huir sin que él la pudiera seguir.
Una mano tiró de su pelo, haciéndola chillar de dolor. Cayó al suelo de rodillas mientras otro hombre le pegaba. Pero ella no soltaba a su hijo por mucho que dolieran esos golpes. Él era su vida, y su única esperanza de salir adelante.
-          ¿A dónde crees que vas? ¿Pensabas huir?
Consiguió liberarse del segundo hombre, corriendo a toda prisa  hacia el coche.
Lo abrió, acostó a su hijo en el asiento del copiloto y arrancó el motor al mismo tiempo que su marido salía por la puerta con la cara púrpura de rabia. Bloqueó el coche desde dentro, impidiéndole entrar.
Y condujo directa a urgencias. Sólo para salvar a su hijo… Sin saber que la principal en salvarse, era ella misma, pues omitía el dolor que se abría paso a través de sus caderas…
¿Y cuántas mujeres al año? 
¿Y cuántas mujeres? 
¿Y cuántas mujeres al año, saben que tienen sus días contados? 

Ella no recuerda porque aunque quiera no puede acordarse 
del error cometido al fiarse de aquel tipo mezquino y cobarde 

Marido, verdugo, su peor pesadilla, ella está muerta y el en la calle. 
¡La maté porque era mía! 

'Mía, mía, mía, sólo mía' 

¿Quién ha ofendido al macho dominante? 
¿Quién se ha atrevido a denunciarle? 
Destapando el secreto de la otra cara de un vecino correcto. 

¿Quién acusa al cazurro cobarde que pega a su mujer y le dice que calle? 

'Ya se lo advertí entre puñetazos: si me denuncias te mato' 

País de mierda, país infame, que ataquen a mujeres no le importa a nadie 
Las torturas y las amenazas según los jueces son cosas de casa 
No sirve de nada pedir ayuda, no existe delito si no se consuma, sólo cuando ya están muertas, ven que las amezanas eran ciertas 

¿Y cuántas mujeres al año? 

¿Y cuántas mujeres? 

¿Y cuántas mujeres al año, saben que tienen sus días contados? 

'Mía, mía, mía, sólo mía' 

Ellas no recuerdan lo que les pasó ni por qué les pasaba 
Porque ya están muertas y ningún cadáver puede, aunque quiera, acordarse de nada 

Y no se lamentan de los que pasó ni por lo que pasaron, porque los muertos no emiten lamentos y en vez de gritar les toca callarse y se callan 

jueves, 19 de enero de 2012

Yesterday... Today... Always here.

<<Cuando acaba el día, lo que todos deseamos es tener a alguien cerca. Guardar las distancias y fingir que no te importan los demás es sólo una sarta de mentiras. Elegimos a las personas, nos quedamos junto a ellas, aunque les hagamos daño. La gente que se queda contigo en tus últimos días de vida, son los que más hemos de cuidar. Muchas veces, cuando estás triste, es la invasión de tu espacio personal lo que necesitas. >>

No había sido mi mejor día.
La noche se cernía sobre Hampshire, el valle más bello de Reino Unido, o al menos, el valle más hermoso que yo había tenido la oportunidad de contemplar y vivir durante tres meses. Cada día me levantaba cansada, sin ganas de hacer nada, sólo pendiente de mis ensoñaciones y esperanzas de cambio, que terminabas frustradas por más que intentara lo contrario. Por eso, desde hacía unos años, había decidido dejar de intentar hacer como que no pasaba nada, para simplemente, olvidar todo rastro de preocupación. Sería, muy seguramente, la razón por la que mis mañanas, tardes y noches eran como una neblina; no recordaba cómo había llegado al castillo, ni si había amarrado bien a Thor en las caballerías, incluso olvidaba si había comido. Pero por más que quería, mi mente seguía empeñada en mantenerme encerrada de esa forma tan animal y vergonzosa. ¿Tan aburrida era mi vida que mi cabeza prefería ausentarse largos ratos sin permiso? Por lo visto, necesitaba una carga de adrenalina, y desconocía la forma de sentirme mejor.
Mientras paseaba por el jardín, sin apenas vislumbrar nada de los objetos que me rodeaban, disfruté de uno de los pocos momentos en los que conseguía dominar mi pequeña imaginación, respirando y caminando sin parar.
<>.
Me senté en un banco cercano, recogiendo mis piernas y escondiendo la cabeza entre ellas, tarareando una canción, inventando su ritmo e improvisando la letra de ella.
Desconocía el tiempo que había transcurrido, pues mi capacidad de concentración estaba totalmente al noventa y nueve por ciento en mi trabajo como para darme cuenta de la persona que se acercaba con cortas zancadas, tranquilas, con seguridad.
-          Ignoraba que salierais en medio de la noche, y mucho menos  sin carabina.
-          ¿Y por qué razón deberías saberlo? No eres mi dueño, y yo puedo hacer lo que quiera.
-          Siempre y cuando lo que desees, no ponga en riesgo tu salud.
-          Un paseo no viene mal a nadie- odiaba enfrentarme verbalmente al hombre de treinta años, que puso sus morenas manos en mis rodillas, intentando ver mi cara.
-          ¿No te gusta la compañía?
-          Sí… Pero a veces prefiero la soledad y la tranquilidad que esta proporciona.
-          Quizás… Podríamos compartirla juntos- su ceja izquierda se elevó, esperando mi respuesta, la cual él ya conocía.
-          Sabes que no me importaría Ilya... Mi pregunta es si serás capaz de soportarla.
-          Siempre y cuando sea contigo, soportaré el mundo entero, cariño.
Cogiéndome en brazos, sentándome en sus piernas y abrazándome, prestando su calor a mi cuerpo, acunándome con cariño, y besando mi coronilla. Me sentía protegida con su cuerpo, tan fuerte y caliente, relajado bajo mi peso.
-          Dime, ¿por qué estás aquí, Evie?
-          No lo sé… Creo que estaba cansada de fingir…
-          ¿Crees? Estoy seguro de que terminas la noche muy cansada debido a eso. No deberías ni estar aquí. Te prometo que en cuanto nos casemos, te llevaré a la hacienda, y dejarás de ser quien no quieres ser.
-          Ilya, no estés tan seguro… He soñado muchas veces con cosas, que ni de lejos llegan a hacerse realidad… No me gustas esas decepciones…
-          Me preguntó por qué tuve que dejarte sola estos días. No tengo ni la mera idea de qué ha pasado, pero me arrepiento de que te quedarás aquí. Tendrías que haber estado a mi lado. Así no volverías a pensar de esta forma.
-          Odio cuando me abandonas…-mis manos rodearon su cuello, escondiendo mi cara en la abertura de su chaqueta, cerrando mis ojos con fuerza.
-          Cariño, soñar no es un camino de rosas, puedes soñar con dar la vuelta al mundo y nadie te asegura que lo hagas; pero eso te hace ser fuerte, te obliga a seguir adelante. Los sueños, aunque te jodan y no los consigas y te derrumbes, siempre volverás a soñar con algo, y volverás a levantarte del suelo, hacia adelante.
-          Pero si me obligo a no soñar, podré sufrir menos…
-          Si te encierras en la realidad te sentirás más infeliz. Los sueños, repito, se basan en la felicidad. No puedo asegurarte que se cumplan, tal vez no, pero yo al menos, haré lo imposible para que seas la mujer más feliz del mundo. Y yo juro amarte hasta el final de los tiempos.
<< A veces en la vida, aunque intentes apartar a todos los que te rodeen, si ellos no quieren, no podrás hacer nada.
En este momento y lugar, con errores, objetos mal utilizados; ahora pasado mucho tiempo, más tarde… ¿Quién fui yo para dejar de intentar ser feliz? Sólo necesitaba una oportunidad, un solo aliento por si acaso me quedaba sola el resto del camino… Pues él sabía que le amo, que le he amado completamente y le extraño cada vez que está lejos. Seguía soñando al cabo de unos meses que estaría con él y que nadie nos separaría… Hubiera dejado de respirar si ya no le veía más. Sobre mis rodillas pediría a quien fuera que nunca me alejara de él.
Y ahora, contemplando sus hermosos ojos marrones, su cara y su ternura, me derretía por poder estar unos minutos más a su lado.
La vida no era fácil, era cierto; pero podía llegar  a ser abrumador el hecho de verse solo si no había nadie a tu lado. >>

-          Todavía lo tengo…
-          ¿E l qué, mi vida?
-          Los tres amuletos… La piedra, el colgante y la pulsera de tus antepasados.
-          “Serán tus amuletos mientras yo aún viva, porque vivo para y por ti.”
-          “Tres son las veces que he sentido todo perdido… Tres son las veces que he querido dejarlo todo… Tres son las veces que en esos momentos me acordé de ti y me levanté superando el obstáculo… Tres son los recuerdos que tendrás ahora y siempre de mí. Aunque todo esté perdido, lucharé porque siempre que tú me ames, nadie será capaz de pararme”- terminé de citar lo que hacía cinco meses él me había regalado en el claro de la casa del guardabosques, lejos de la vista de indeseados, donde podíamos ser tal para cual, sin distinciones de rango ni modales, ni etiqueta; él no era duque, ni yo la hija de una condesa cuando estábamos juntos. Sólo existíamos el uno para el otro, y eso era más que suficiente.
-          Recuerda que no estás sola, que estamos juntos en esto. No dudaré en cogerte la mano cuando empeore… Y si siente como si llegara el final, que no hay lugar donde ir… Sabes que no me rendiré para cuidarte.
-          Nunca supe que tenía un sueño/ hasta que ese sueño fuiste tú/ Cuando miro dentro de tus ojos/ el cielo y las estrellas llenan las profundidades.
-          Eso es trampa... Es mío.
-          Entre nosotros, no hay trampas, sólo favoritismos- reí satisfecha.
                                                                                  (Diario personal de Lady Evangeline Jenner)
Aquí, dando pena a la tristeza
Diciendo que no existes
Pensando que el mundo no es sin ti.
Aquí, susurrando los minutos
Echando al miedo de no verte
Siendo sin ser nada
Aquí, muriendo…
Viviendo.